Este libro no es más que la confirmación de algo que ya sabíamos, pero de lo que se hablaba poco: que la revolución bolivariana nada tiene que ver con Bolívar y sí, mucho con Fidel Castro. De hecho, confirma que en verdad el Chavismo nunca existió. Siempre fue Castrismo. Y como su nombre lo dice, acabó castrando a Venezuela.
La invasión consentida de Diego G. Maldonado (es un pseudónimo para proteger a su autor o autores de las represalias de su gobierno) muestra como Hugo Chávez y todo su grupo entregó Venezuela en bandeja de plata al gobierno castrista de Cuba. Con el pretexto de una colaboración entre países hermanados por la revolución, asistimos a una verdadera invasión de cubanos en todo el espectro de vida de los venezolanos, desde su cultura, hasta su misma fuerza militar… y claro, hacia su petróleo.
El libro muestra y demuestra de la manera más clara posible, como Cuba comenzó a infiltrarse en todos los aspectos de la revolución Chavista, comenzando por enviar hordas de médicos cubanos (la famosa Misión Barrio Adentro) que asistían a la gente en sus barrios… pero a los cuales les pagaba el gobierno de Castro una miseria mientras que todo el dinero del “trato” acababa en el gobierno de la isla de Cuba. Y no solo el dinero. También el petróleo.
¿Pero cómo pudo el gobierno revolucionario convertirse en albacea, contribuidor y salvador de la economía de la isla? Todo tiene que ver con el encanto magnético (casi erótico, dirían los Zurda Konducta) que Fidel Castro tenía sobre Chávez. Fidel encontró en Hugo Chávez a un tipo necesitado de reconocimiento, a un hombre más de deflectores, mediático, demagogo y con encanto, al cual solo había que halagar para tener en la palma de la mano. Y así lo hizo.
Así, mientras Chávez se sentía parte del cielo de la revolución, fue abriendo poco a poco el país a cada vez más “negocios” entre Venezuela y Cuba, donde Venezuela ponía TODO el dinero. La ironía es que Venezuela estaba llena de cubanos en todos lados: los médicos, la cultura, la industria, la agronomía, la hacienda pública… hasta la misma seguridad militar. Y NINGÚN venezolano estaba en ninguna secretaría de Cuba. Los mismos venezolanos en el gobierno tienen jefes cubanos y la seguridad del mismo Chávez se conformaba por todo un circulo de cubanos.
Así mientras Cuba comienza a crecer su economía (se da el lujo de revender parte del petróleo que Venezuela le envía), su “socio comercial” comienza un rápido descenso hacia el sótano de la revolución donde le espera la miseria. Con todo el aparato venezolano infiltrado y controlado por los cubanos la sociedad comienza a desquebrajarse y convertirse en un clon de la isla que ahora lo controla.
La invasión mejor perpetrada, fue una invasión invisible que actualmente controla la isla. No fue Maduro el creador de la crisis que ahora viven los venezolanos, a ese pobre títere de los cubanos le ha tocado bailar con la más fea. Fue el mismo Hugo Chávez, que en su soberbia egocéntrica se sintió un mesías tocado por la mano de Dios (“Yo ya no soy yo, yo soy un pueblo”) y que embriagado de dinero fácil obtenido de poner en aval el petróleo venezolano a chinos y rusos (y aunque Ripley no lo crea, también a gringos) destruye y entrega a su propio país al cuento de hadas de la revolución castrista.
Y el cuento, o la pesadilla, aún no termina.
Muy buen libro