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Cómo se construye un sindicalista

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Aunque muchas veces estén expuestos a la hostilidad y la desconfianza públicas, y debilitados por las transformaciones económicas de las últimas décadas, los sindicatos argentinos siguen siendo llamativamente fuertes: mantienen su capacidad de movilización y presión política y, sobre todo, son un espacio genuino de militancia y contención para muchos trabajadores. En este libro, se argumenta que esa resistencia responde a la capacidad de los sindicatos para generar lazos afectivos y de valores, para crear una identidad compartida entre militantes que se construye mucho más en la vida cotidiana que en los momentos de movilización y protesta más espectaculares.

A través de un trabajo etnográfico sólido y minucioso, Sian Lazar –antropóloga y profesora en la Universidad de Cambridge– estudia esos “espacios íntimos de la militancia política” en dos sindicatos estatales: la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). La mirada comparativa que los enlaza en estas páginas deja en evidencia orientaciones políticas y formas de organización contrastantes: mientras UPCN es en su mayoría peronista, muy disciplinado y “orgánico”, por lo que en general toma una posición de negociar con el Estado empleador, ATE se enorgullece de su autonomía política y su horizontalidad, y responde a las asambleas de sus militantes antes que a cualquier partido político.

En los espacios de trabajo, en los cursos de formación sindical y en la calle, en la organización cotidiana de beneficios sociales o servicios de salud para los afiliados, en la puesta en marcha de distintas formas de protesta, Lazar rastrea los aspectos íntimos, personales y familiares de la militancia política y, a la vez, arma un retrato de la complejidad del Estado argentino con una agudeza que solo la buena etnografía permite alcanzar.

Este libro –que interesará a quienes se dedican a la antropología, la sociología política, los estudios del Estado y de los movimientos sociales–, tan valioso por sus hallazgos como por la calidad de su metodología, sostiene la necesidad de no abandonar a los sindicatos como objetos de indagación, porque en ellos se mantiene viva una singular forma de experimentar la militancia

288 pages, Paperback

Published August 1, 2019

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Sian Lazar

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June 6, 2025
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Pum copio y pego la que tuve que hacer para la facultad
mucho chat gpt i am sorry no time

Sian Lazar, doctora en Antropología Social por Cambridge y docente en ese departamento, llegó al sindicalismo estatal argentino tras investigar la protesta alteña y la religiosidad en Bolivia. Cómo se construye un sindicalista (Lazar, 2019) es una etnografía de más de una década de estadías sucesivas entre 2009 y 2016, financiadas por becas Wenner-Gren, British Academy y Newnham College, lo que le permitió seguir el arco que va del último kirchnerismo al cambio de signo político de 2015. El paso de Sian Lazar de las movilizaciones vecinales y la “ciudadanía insurrecta” de El Alto a la vida sindical del Estado argentino no fue un mero cambio de escenario, sino un viraje programático que potenció las preocupaciones que guiaban su primera obra. En El Alto, Rebel City (Lazar, 2008) había demostrado cómo los alteños articulaban identidad barrial, discursos de ciudadanía y pedagogías de agencia política en un contexto de exclusión urbana; allí ya exploraba la fabricación cotidiana del sujeto colectivo y las “tecnologías del yo” que emergen en asambleas, escuelas y ritos cívicos. Esas mismas preguntas —cómo se hacen, se narran y se afinan los agentes políticos— se reconfiguran en la Argentina cuando la autora se topa con delegados estatales que describen su vocación sindical como una “esencia” heredada y, al mismo tiempo, practican un intenso trabajo pedagógico para modelarla. Su decisión de traducir y reescribir The Social Life of Politics (Lazar, 2017/2019)para un público hispanohablante revela, además, un compromiso por intervenir en los debates latinoamericanos desde la etnografía comparativa.
La metodologia etngrafica de Lazar articula observación participante intensiva –una delegación de UPCN en un ministerio durante dos meses de 2012 y presencia reiterada en asambleas de ATE– con entrevistas, archivos sindicales y seguimiento de cursos de formación. Las comisiones internas –“delegaciones” en UPCN, “juntas internas” en ATE– proporcionan la escala desde la que se triangulan discurso y práctica Lazar retoma la voz de los militantes a través de sus palabras en entrevistas y la compara con la vida de oficina, la calle y los rituales festivos.

El marco analitico de la autora se nutre de la antropología de la ética y de la lectura foucaultiana de los modes d’assujettissement. En este sentido militancia y contención –términos nativos– funcionan como pares que ligan construcción subjetiva y forma colectiva. La militancia designa la práctica y, al mismo tiempo, al sujeto que posee una «vocación» casi sanguínea por la acción colectiva; valores como la rabia frente a la injusticia, el compromiso con “el pueblo” y el amor a la política aparecen entrelazados con la biografía familiar y con una narración histórica que abarca desde el anarcosindicalismo temprano hasta la movilización contra el neoliberalismo de los noventa . Ese carácter supuestamente “esencial”, recuerda la autora, nunca excluye el cultivo: los cursos de formación o los rituales de homenaje reavivan—no crean de la nada—esas disposiciones.

El término contención, en cambio, hunde sus raíces en la tradición psicoanalítica porteña. Lazar rastrea cómo la “capacity to contain” de Wilfred Bion viajó del kleinismo británico al habla popular de Buenos Aires y, desde allí, al léxico gremial: contener es absorber la ansiedad ajena sin quedar abrumado, procesar emocionalmente el problema del otro. Resulta interesante destacar cómo el psicoanálisis, masivamente difundido en la clase media argentina, ofrecía una gramática terapéutica de la escucha que los delegados resignificaron como servicio político.

Contención, sin embargo, no se agota en la clínica informal. Los militantes describen al sindicato—sobre todo UPCN—como “un lugar de contención”, un abrazo paternal que protege, provee obra social, resuelve trámites y, sobre todo, confiere identidad. En ATE, la misma palabra se pliega hacia la esfera política: ser contenido es saberse escuchado en la asamblea y respaldado cuando se toma la calle. Lazar subraya que ambas acepciones coexisten: contención nombra la práctica terapéutica entre delegado y afiliado y la integración del individuo en un yo colectivo con aspiraciones transformadoras .

Ese pasaje de la disposición individual al poder organizado requiere un trabajo constante que etnografia la autora en las formas de compartir, mate, anécdotas en la oficina; circular comida y valores éticos en cada taller y repetir en clave exhortativa que “ya son” militantes con vocación de servicio. En los cursos de formación de UPCN, los tutores afirman que los delegados traen dentro de sí la pasión necesaria. Es decir que la pedagogía no rellena vacíos, sino que reactualiza disposiciones previstas.

La dialéctica esencia–hexis–praxis se vuelve clave para la construcción argumental. La militancia se proclama connatural, pero solo se vuelve efectiva cuando la contención moldea hábitos y la praxis estalla en la calle. Los militantes, dice Lazar, se insertan en narrativas de larga duración (“edad dorada”, resistencia, Cordobazo, 2001) que dan sentido a los fracasos presentes y aglutinan la energía necesaria para repetir la movilización. Los actores al ubicarse como “pequeños eslabones” de esa trama, convierten la historia en principio organizador de la paciencia y la indignación.

La polaridad UPCN–ATE exhibe dos estilos de contención. UPCN, orgánico-oficialista y fuertemente peronista, privilegia la disciplina, la negociación salarial y un dispositivo paternal de beneficios. La contención adopta la forma del cuidado administrativo y del ritual emotivo que reitera la épica justicialista . ATE apuesta a la autonomía y la horizontalidad: su asamblea decide, la praxis es casi continua (piquetes, paros, performances) y la contención emerge en la vivencia de “estar siempre acompañados” en la calle; se alimenta de la tradición anarcosindical y del repertorio post-2001. En ambos casos, la eficacia no reside en la forma vertical u horizontal en sí, sino en la habilidad para traducir la escucha terapéutica al registro político y para hilar redes de parentesco que sostengan la presencia colectiva.

La autora demuestra a partir de esta comparación entre la Unión del Personal Civil de la Nación y la Asociación Trabajadores del Estado dos modos antagónicos de traducir esa memoria en organización. UPCN, mayoritariamente peronista y disciplinada, se define como “orgánico-oficialista”: concibe al sindicato como organismo que negocia con el Estado y cuida a sus miembros, subrayando eficacia y estabilidad. ATE, en cambio, proclama autonomía, horizontalidad y democracia asamblearia; se nombra “movimiento social sindical” y ubica su legitimidad en la calle más que en la mesa paritaria. Esa oposición se refuerza en el vocabulario interno: para ATE, UPCN es puro “gremialismo” de servicios, mientras que ellos mismos encarnan la “política” transformadora; UPCN replica que su fortaleza negociadora es también proyecto político, en clave peronista.

Los sujetos, lejos de ser meros productos de coacción estructural, se fabrican activamente dentro de esas tramas de poder, habitan un sindicato que los “contiene” y, al hacerlo, producen la fuerza que les permite disputar al Estado recursos, identidad y futuro. Ese hallazgo permite a la autora trascender la dicotomía sujeción / agencia y mostrar, con minucia etnográfica, cómo se construye—en cuerpo, palabra y afecto—un sindicalista.

Los interlocutores ordenan su experiencia dentro de un “tiempo histórico” compartido y para ello la autora explica cómo los actores organizan el pasado reciente en siete tramos: la edad dorada peronista (1946-55), la resistencia 1955-69, la radicalización 1969-73, la dictadura 1976-83, el neoliberalismo 1989-99, la crisis 2001-02, y el ciclo 2003-15 reivindicado como “década ganada”. Cada hito se vuelve repertorio práctico: el 17 de octubre inspira la marcha, el Cordobazo legitima el paro, las jornadas de 2001 justifican la ocupación de calle. Así, la memoria reciente conforma un manual operativo que orienta la acción presente sin salirse del periodo que la propia militancia considera relevante.

Para dimensionar el cotidiano o la vida sindical de UPCN la autora desarrolla tres pilares. Primero, la identidad peronista transmitida como “estilo de vida”. Para ejemplificar esto Lazar retoma la voz de Sabrina Rodríguez –hija del secretario general– quien explica que el peronismo “se nace”, se canta y se hereda como la máquina de coser de Evita. Segundo, la Escuela de Formación Sindical, que desde 2008 dicta ciclos bimestrales para sesenta delegados tres veces al año, combinando doctrina histórica y habilidades de negociación; allí la exhortación pedagógica le dice al cursante que ya posee la vocación que debe cultivar. Tercero, la contención como cuidado: la obra social Unión Personal, las chequeras de descuento y el asesoramiento cotidiano producen la sensación de “abrazo paternal” que un delegado describe como identidad y refugio frente a la ciudad individualista. Ritualiza esa contención en actos cargados de mística: homenajes a Perón y Leonardo Favio donde se proyectan montajes audiovisuales y se entona la marcha para reactivar lazos afectivos.

ATE despliega otro trípode. Su asamblea, evocada por Rubén Mosquera como “la que manda”, llena un auditorio de ciento cincuenta personas y decide cada paso de conflicto; la liturgia horizontal convierte el debate en prueba viva de democracia. Su praxis callejera es constante y entre febrero y agosto de 2009 Lazar registra 45 manifestaciones. Su “militancia social” enlaza sindicato y territorio, abrazando la tradición anarco-sindical y los movimientos horizontales pos-2001; sus delegados se autodefinen como “dirigentes políticos en un movimiento social” cuyo objetivo es cambiar la sociedad, no solo negociar salarios. La contención aquí es integración política: pertenecer al colectivo, compartir bombos y mate, sostener alerta permanente contra despidos o ajustes.

En ambas organizaciones la familia opera como matriz de reclutamiento y metáfora de esencia. De esta forma, la autora hilvana su argumento retomando relatos de “peronistas de cuna” como formas de historias de rebeldía contra hogares anti-peronistas. En estos relatos, casi todos sitúan el primer contacto con el sindicato en la socialización doméstica. El parentesco no es sólo símbolo. Es decir que “hacer entrar” a la madre, al hijo o al sobrino en la administración pública constituye un mecanismo práctico de expansión de las redes sindicales, naturalizado por militantes de ambos sindicatos. Lazar interpreta estos entramados como formas de kinning que sostienen la contención: lazos de sangre y amistad que facilitan la resolución de trámites, el cuidado de salud y la constitución de un “yo colectivo” sostenido por comensalidad, ritual y humor cotidiano.

Los delegados narran su práctica dentro de historias épicas que van de la “edad dorada” al “nadir” neoliberal. Esa capacidad narrativa refuerza la cohesión, pero impone al etnógrafo el reto de no confundir coherencia discursiva con descripción fiel. Lazar solventa la tensión constatando, por ejemplo, cómo la proclama horizontal de ATE requiere un trabajo previo y posterior que estructura el disenso, o cómo la paternidad de UPCN convive con formas disciplinarias de control interno. Al observar la brecha entre relato y gesto, evidencia que la militancia es simultáneamente vocación enunciada y hexis encarnada.

El resultado es una etnografía densa que muestra dos caminos divergentes –negociación paternal vs. confrontación horizontal– para realizar un mismo fin: convertir memoria histórica y redes de parentesco en acción política cotidiana. Desde la retórica del “abrazo” hasta el ruido del bombo, las páginas de Lazar revelan que la fuerza de los sindicatos descansa menos en su estructura legal que en su aptitud para tramar, en un mismo gesto, la sangre familiar, los hitos nacionales y la ética del cuidado. La autora demuestra que entre 1946 y 2015 la historia argentina no es un fondo distante, sino la materia viva con la que los militantes se fabrican a sí mismos como sujetos colectivos capaces de negociar, protestar y construir un relato colectivo sobre el pasado y la proyección a futuro

Referencias bibliográficas

Lazar, S. (2008). El Alto, rebel city: Self and citizenship in Andean Bolivia. Durham, NC: Duke University Press.

Lazar, S. (2017). The social life of politics: Ethics, kinship, and union activism in Argentina. Stanford, CA: Stanford University Press.

Lazar, S. (2019). Cómo se construye un sindicalista: Vida cotidiana, militancia y afectos en el mundo sindical (S. Wolanski, Trad.). Buenos Aires: Siglo XXI Editores. (Obra original publicada 2017)
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