Todos esos cuentos me llevan de un lado a otro, como si me tomaran de la mano y rápido estrujaran mi cuerpo para llevarlo a donde sea, pero siempre al lugar de los perfectos momentos.
Amé tanto el último, Pacto de sangre, ay, ese abuelo Octavio tendrá que contarme semejante peso de nostalgia, por todo el relato me puse en sus pies arrugados de octogenario. Ahora no quiero quitármelos. Tengo más cuentos que contar.