Para Pérez de Ayala, la vida es una tragicomedia. Pocas afirmaciones repetirá con tanta frecuencia y rotundidad. Lo cómico y lo trágico no se excluyen sino que coexisten y se complementan. Una persona o una situación pueden ser, a la vez, profundamente serios y realmente cómicos (...). Por el camino del humor y la ironía, en cambio, se alcanza la seriedad verdadera y la cabal comprensión del mundo.
Andrés Amorós Guardiola es ensayista, crítico literario y historiador de la literatura española. Es Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Siempre vinculado al mundo del teatro y los espectáculos, fue miembro del Consejo Asesor del Centro Dramático Nacional bajo la dirección de Luis Alonso; asesor literario durante el mandato de Luis Pascual; director cultural de la Fundación Juan March, donde creó la Biblioteca de Teatro Español del siglo XX; patrono del Festival de Almagro y de la Fundación Pro Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. En 1999 es nombrado Director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y desde el año 2000 es director general del Instituto de Artes Escénicas y de la Música (INAEM), cargos que ocupará hasta 2004. Ha coordinado la Historia de los espectáculos en España (con José María Díez Borque) y La zarzuela de cerca. Dirige la colección de textos teatrales ¡Arriba el telón! (Ed. Biblioteca Nueva). Investigó profundamente la obra de Ramón Pérez de Ayala y el teatro y la vida cultural entre los siglos XIX y XX. También ha indagado en la literatura de consumo, dedicando importantes trabajos a la novela rosa, y en la literatura española e hispanoamericana contemporánea.
Es autor de más de cien libros de su especialidad, pero también de otros contenidos como -por ejemplo- La Tauromaquia, materia de la que es aficionado, y dirige la colección de libros "La Piel de Toro". Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío. Ha participado como comisario en exposiciones con temática teatral y literaria: "Caricaturas teatrales de Fresno"; "Ramos Carrión y la zarzuela"; "Clarín y la Regenta"; " Francisco Ayala"; "Letras de España"; "La vuelta al mundo en 80 libros" y "Manuel Machado, poeta modernista". Actualmente dirige el programa "Música y Letra" en esRadio.
Don Andrés Amorós es Académico de Honor de la Real Academia de Cultura Valenciana.
Claro que yo no puedo creer en un paraíso de cromo, ni en un infierno de novela, ni en el purgatorio, ni demás zarandajas y majaderías. Ahora creo, sí, y firmemente, en la vida eterna; creo en algo misterioso, de sutilísima esencia que, infundido en nuestro cuerpo, lo anima y le ha de sobrevivir. Una novela maravillosa con personajes libertinos, diálogos absurdos y muchos monólogos de contemplación. Creo que este libro representa una época y un contexto muy concretos, y no me es posible expresar del todo la idea que transmite. Sin embargo, hay algo que sí comprendo al cien por cien y es el afecto con el que Ayala describe el paisaje asturiano, tan lírico y tan precioso. Me ha encantado poder caminar con Rosina por lugares que me son tan familiares.
Un grupo de señoritos van de excursión con unas prostitutas para contemplar un eclipse. Ese es el resumen de todo el libro, pero realmente no dice nada de su contenido. Está lleno de humor negro e incorrección política: hoy estaría cancelado: de hecho no se ha vuelto a editar desde la edición crítica de Andrés Amorós en Castalia, que es la que yo he leído. Selecciono algún fragmento para abrir boca: Descripción de la ablución de las partes pudendas de una prostituta: "La Luqui asomóse al pretil y contempló las aguas que correteaban bullentes y puras sobre un lecho de guijas y cantos redondos, de color ámbar. Próximo al pie del puente y por el lado donde se acodaba la Luqui, hay un paso de piedras blancas y lustrosas, que sobresalían del agua cosa de un palmo. -¡Ay, tu cuelpo! -exclamó la vulpeja encarándose con el regato-. Yo me baño aquí-. Y ya tomada tan laudable y pulcra determinación, giró sobre los talones, descendió el terraplén en cuyo lomo la carretera se tiende, acercóse al agua y colocó los pies en dos de aquellos pedruscos que servían de paso, los cuales estaban algo distantes; y así, Jiménez, que la contemplaba desde lo alto, temió por la inocente criatura -Cuidado, Luqui -advirtióla, no te abras en canal. -No me jorobes. Según estaba, con las piernas desaforadamente abiertas, púsose en cuclillas de manera que el remate de la espina dorsal, llamada vulgarmente rabadilla, andaba muy cerca del agua; remangó las faldas con mucho donaire y a seguida empezó a darse abluciones purificadoras. Los espectadores celebraron con grandes elogios la inventiva de la resuelta prostituta, y las compañeras, a excepción de Rosina, echáronse terraplén abajo, a fin de verificar idéntico lavatorio. Y era de ver el cuadro en su sencillez aldeana, agreste y matinal: los montes agrios y salvajes todos en torno del vallecico, aterido el cielo y ceniciento, las tristes y atas esquilas tañendo en los recuestos, vociferando los hombres desde los pretiles del puente, y ellas, las cuatro sacerdotisas, en abominable postura, rompiendo la cristalina inocencia del huidero regato. Alguna de ellas lanzaba estridentes aullidos al sentir los puñadicos de agua en las abscónditas vergüenzas; lo cual a todos extrañó grandemente, pues consideraban que por ley natural nada hay de condición tan frígida e insensible cual los averiados órganos de estas infelices mujeres. No tardaron mucho en considerar intachables Y pulquérrimas sus amorosas mercancías y, poniéndose en pie, enjugáronse con las faldas, metiéndolas por la entrepierna, con un movimiento ágil y eficaz que la mucha práctica hacía tan expeditivo como gracioso. El expurgador lavatorio dio a las jóvenes extraña animación y vivacidad, si se tiene en cuenta el regocijo y destreza con que subieron el terraplén y se llegaron a sus galanes, triscando y retozando como inmaculadas corderillas". Un ejemplo de anticlericalismo: "Antes de ganar la salida el sacerdote enlazó a Ramona por la cintura y comenzó a besarla con discreto frenesí. La meretriz colgóse del cuello del presbítero y ejecutó hábilmente toda aquella serie de manejos, ondulaciones y adherencias que las tales sulen hacer en sus conventicos cuando se hallan a solas con un hombre, a fin de exaltarle. Lo cual no era menester en aquel caso" Ejemplo de incorrección política llena de sarcasmo: "...salía de manera ruidosa en amiganza de las tres prostitutas, poco antes tan enojadas. Habíales hecho firmar las paces, n0 con buenas razones, sino con fuertísimas nalgadas y otros malos tratos que les había suministrado por vía de diversión y en señal de afecto; pues es cosa probada que a estas sencillas mozas nada hay que tan de veras les emocione como un puntapié hábilmente dirigido". Este tono irónico e incluso sarcástico se compagina con un lenguaje repleto de cultismos y también de palabras populares asturianas. No es una vulgar novela galante de principios del novecientos pues este trasfondo degradado se combina con la reflexión filosófica, sobre todo en las páginas finales. Ejemplo de diálogo con contenido filosófico: "No, hombre, no. El cerebro es la despensa de la memoria. Acaso en él permanezcan grabados de modo desconocido los recuerdos, durante el corto espacio de tiempo que resiste a la desorganización o putrefacción. Pero, aun cuando así sea, y aun cuando supongamos que por medios artificiales, como los poderosos bálsamos de los egipcios, por ejemplo, se conservase un cuerpo humano incólume, aunque muerto, ¿de qué serviría la despensa en una morada sin habitantes? La conciencia es un fenómeno nervioso. Muerto el perro, se acabó la conciencia. La vida no concluye nunca; eso no, se transforma. Nuestra vida se complica en porción de vidas diferentes y múltiples".
Lectura muy recomendable y gozosa. Libro difícil de encontrar salvo en librerías de viejo y bibliotecas públicas.