Hay un evangelio confesional que nos invade, uno que se sirve De Dios, que lo coloca a nuestro servicio en vez de ponernos a nosotros al servicio De Dios. Una estructura falaz, engañosa, anti-estructural, con una fisonomía empresarial y una búsqueda de realización personal muy lejos de interpretar a la persona de Cristo, como la cabeza de la Iglesia. Este libro existe porque el Señor no abandonó su esperanza de poder lograr su propósito en sus hijos y porque hay hijos, de esta generación, dispuestos a pagar el precio de devolverle la fisonomía de Cristo a la Iglesia, de comenzar definitivamente un proceso de retorno a Dios y su infinita Palabra. Esta es la generación que va a sacudir la estructura religiosa, la que levantará la voz "Dios no es un impostor. El Evangelio de Cristo es real, glorioso y posible de vivir".
El primer libro que me atrapó, me hizo consciente de lo importante que es el vivir día a día con todos los sentidos "alertas" para escuchar, ver, sentir, a Dios. Este libro me hizo razonar y tener siempre en mi corazón y memoria el siguiente versículo : "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas, 2:20).
Tesis del autor: Debemos morir a nosotros para vivir para Cristo. Pues la Iglesia no es lo que vemos, en estructura o organizacion. La Iglesia de Cristo es el conjunto de creyentes en el mundo, que han muerto a si mismos para vivir para Cristo. Muere y Vivirás. Debemos poner nuestros ojos en Cristo y morir a nosotros mismos. Debemos morir a nuestros deseos, nuestras metas, nuestra felicidad, nuestro ego. Debemos morir para que viva Cristo en nosotros.
Excelente libro sobre la centralidad de Cristo en la Iglesia, y la necesidad de que su cuerpo viva para la realización de los planes de Dios, no para la realización personal.