El texto, cuya investigación formó parte del documental del mismo nombre, recoge testimonios de más de cien entrevistados, entre altos ejecutivos y editores actuales y pasados del diario El Mercurio, así como miembros de su consejo editorial, periodistas, abogados de derechos humanos y sacerdotes que participaron activamente en la Vicaría de la Solidaridad, ex asesores de la dictadura, entre otros. La mayoría entregó su testimonio on the record, es decir, dando su nombre. Se trata del primer intento por indagar en profundidad el rol, por acción y omisión, de El Mercurio en la cobertura de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar (1973-1990).
Uf, buenísimo. Es un libro muy completo, permite entender a fondo la historia de El Mercurio y su funcionamiento con el paso del tiempo. No le doy cinco estrellas porque, a pesar de que entiendo que se trata de un compilado de investigaciones, en algunas partes se vuelve repetitivo de forma innecesaria.
Algunos de mis extractos favoritos:
Durante los '70, Eliana Cea trabajaba en el vespertino La Segunda, propiedad de El Mercurio. Cea recuerda que el mismo 11 no se apareció por el diario y tampoco tenía intención de regresar: creía en el proyecto de Allenda y la Unidad Popular y fue testigo de cómo se desmoronaban las ilusiones de muchos. ''Cuando me llamaron para que volviera a trabajar llegué vestida entera de negro -siempre me visto así- y el comentario era que estaba de luto. Me hicieron ver que se trataba de un 'ataque para el resto'. Entonces, fui y me compré un chaquetón rojo y volví. Resultó peor.
El 76' decidimos ir a El Mercurio, pero no pedimos una entrevista como familiares de detenidos desaparecidos, sino como señoras que queríamos hablar con el director. Llegamos allá muy bien arregladitas, ¡sí eramos señoras, pues! Cuando dijimos que queríamos saber por qué la lista y todo eso, ¡uy!, allí salió un señor (...) un hombre alto, muy distinguido. Nos gritó '¡vengan mentirosas, mujeres sin vergüenzas de esos bandidos, váyanse que voy a llamar a los carabineros!' Tuvimos que bajar corriendo esas escalas, no sé cómo no nos caímos; nos echó. Nosotros sabíamos que cuando llamaban a los pacos era verdad, porque ya habíamos estado presas varias veces.
Alicia Lorca recuerda que, ''para nosotros, Honorato es el 'enano maldito'. Yo me indigno cuando lo veo ahora, si era lo más insolente que podía ser. Nos corría, igual que los pacos. '¡Váyanse, viejas mentirosas!', indignado. Eso le puede preguntar a cualquiera de las que iban. Pablo Honorato (...) no recuerda ninguno de estos incidentes (...)
Rodríguez recuerda que Arcadia ''vivía la clandestinidad con alegría, casi como un juego. Ella me enseñó a moverme, a soltarme, a relajarme. Al principio yo me ponía tan tenso en la calle, que le apretaba la mano hasta dejársela morada. No tenía gran formación teórica, pero estaba profundamente convencida del proyecto político del MIR y era absolutamente consecuente con eso''
Durante todo el transcurso del libro se desvela el gran trabajo hecho por quienes escribieron este libro; el documental, del mismo nombre, es un gran complemento al mismo para la reconstrucción del rol de la prensa en dictadura. Al ser una investigación la redacción cae innecesariamente, en distintas ocasiones, a reiteraciones de información que ya habían sido planteadas, sin embargo, y contradictoriamente, esto hace que el producto final sea algo mucho más completo en términos de la exposición de hechos y juicios que se emiten dentro del mismo. Sin duda es un libro determinante para el periodismo chileno e interesante a la hora de leer. Como persona que no vivió la dictadura y estudiante de periodismo en estos momentos encuentro que el libro es casi una necesidad literaria para, como dije anteriormente, la reconstrucción del rol de la prensa, en específico El Mercurio, el cual fue y sigue siendo uno de los diarios más influyentes del país, sino es que el con mayor influencia.
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