En esta entrega, los jóvenes toman la decisión de salir al rescate de una de las personas más amadas por ellos: el padre de uno de los jóvenes, el señor Sebastián Cirilo, quien tratando de desvincular la culpa de los muchachos asume la responsabilidad de los eventos ocurridos ese sábado en la tarde, y por supuesto que lo chicos no iban aceptar que su padre cayera en desgracia por hacerse cargo de algo que en esencia no fue su culpa. Pero el amor de Sebastián Cirilo era tan fuerte que su plan para librarlos de una catástrofe consistía en cambiar la historia, asumiendo ciertas responsabilidades de lo ocurrido; viéndose forzado a engañar a todo el que se cruzó en su camino, incluyendo a los mismos jóvenes. Ahora bien, como esta historia tiene más de cuatrocientas páginas, no sería oportuno seguir abundando sobre esto, así que terminaré mi introducción con la misma pregunta que me hice cuando Cirilo fue capturado por la patrulla de la policía al final de la primera entrega: ¿Cómo rayos le van a hacer estos muchachos para rescatar a Cirilo?, y con esa pregunta en mente comencé a escribir lo que pude sacar a sus protagonistas; que conste, que lo que aquí les traigo es cosa de lo que a los Chicos del Barrio de Camino Chiquito les dio la gana de hacer ese sábado en la noche, no mía.
Me ha encantado esta segunda entrega de la aventuras de los chicos. Siguiendo con los acontecimientos de ese sábado, donde todo se torció de tal manera que Cirilo tuvo que echarse la culpa de los líos que hicieron los muchachos, ahora nos encontramos con que ellos no permitirán que el vaya a la cárcel y arman un plan para rescatarlo, como todo historia que se respeta, las cosas no salen como se planean y todo sigue torciéndose. Muy entretenida, me ha hecho reír y me ha traslado a esa época ochentera donde las diversión era sana, aunque todo se descontrolara después y terminarán metidos en lios. La unión de este grupo es hermosa, la amistad y el apoyo que se brindan dejan de manifiesto ese amor que se tienen.