Un libro que me resultó muy personal, muy doloroso. Que lo puedo juzgar en su integridad y su contenido desde la perspectiva de niña de padres divorciados y de mujer que quiere ser madre. Estás páginas exponen los recuerdos no borrosos, extraños y cotidianos de una niña que no debería haber presenciado y vivido muchas de estas cosas. Donde los adultos a cargo la envolvieron en un entorno hostil, inestable, donde su madre lo estaba haciendo lo mejor que podía cargando también con la soledad auto impuesta, el “yo puedo con todo sola” que se nos ha inculcado ante las ausencias de un compañero con quien compartir el liderazgo, la responsabilidad, el cariño.
El personaje del padre no tiene salvación, es un hueco bueno para nada, desde el principio nos dicen que es incapaz de comunicarse con su esposa, incapaz de tomarla en cuenta para decisiones grandes que involucran la economía de la familia, desde ahí podemos saber por qué rumbo va ir el libro y yo pensaba que el divorcio sería más pronto, pero todo el libro sufrimos las desventuras de una familia cuyos padres debieron haberse dejado mucho tiempo atrás.
Partiendo un poco hacia el lenguaje, debo decir que me resultó muy cómodo y triste leerlo como los pensamientos de la niña porque si resultan muy convincentes, no tengo plena consciencia de cómo pensaba hace años, pero puedo reconocer los esbozos de curiosidad, el deseo de pertenecer, de ser protegida, de tener una familia, las ansias. Todo es expresado de forma muy completa, creo que es un muy buen libro y que nos ayuda a entender cosas que a veces nos negamos a aceptar, que los niños por más pequeños que sean, también sufren, extrañan, indagan y lamentan, crean con su imaginación escenarios donde las cosas son mejores igual que nosotros siempre esperan algo mejor.
“Me da miedo dormir en una casa vacía” “Es una mentira que en una casa con jardín no se van a ir”.