Fascinantes, jocosos, tremendos, inquietantes, ... pero sobre todo cuentos. Deja que Rubén Muños Herranz te cuente historias. Deja que te las cuente en el contexto que él elija. Y luego mira a tu alrededor y descubre que está hablando de tí, de tu barrio, de tus amigos, de tu familia, de tus jefes, de tu vida. O no. Pero eso no importa. Para cuando termines este libro de relatos lo único que querrás es que escriba otro libro y que lo puedas conseguir.
Pensaba que eran cuentos. Resultaron relatos. Nada de poesía, ninguna sorpresa. Demasiada ideología y adoctrinamiento progre pero se compensa pensando que todo es ironía. Entiendo que el autor es un tipo conservador que muestra en estas historias su sarcasmo y su conocimiento del enemigo. Lo estoy recomendando a todos mis conocidos. Mi mujer dice que no lo he entendido pero ¡qué sabrá ella!
Dieciocho cuentos febles, llenos de una luminosidad ambarina y de unos seres extraños que dialogan con una computadora más extraña aún. Imagino que el auto, acaparador de premios literarios, intenta hacer literatura; no busca respuestas a preguntas tan raras como los personajes que crecen y apenas se desarrollan en las páginas del libro. No es una literatura fácil, el lector debe estar preparado si no le costará atravesar los distintos párrafos, quizá no llegue ni a la tercera página, pero esto es literatura no entretenimiento de quiosco. Si no te sientes preparado, si careces del bagaje cultural del autor, déjalo pasar, hay autores más fáciles para ti y tu aburrida vida.