Un bien ilustrado catálogo de la obra de Héctor Poleo de la época cuando Sofía Imber y su grupo de colabores logró proyectar el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas a nivel internacional.
Después de formarse en Caracas, Poleo logró una beca para estudiar en México en el apogeo de los realismo social y fue discípulo de Rivero. En su primera etapa logró trasladar con singular éxito el estilo al medio andino venezolano, donde destacan obras tan emblemáticas de la pintura venezolana como "Los tres comisarios", tres personajes enfundados y escondidos en sus ruanas y sombreros que conversan desde un punto donde dominan el paisaje de un pueblo andino.
Posteriormente cae bajo el influjo de un surrealismo que debe mucho al hiperrealismo y la angustia daliliana. La crítica feroz de pinturas como "El Héroe" en que un militar condecorado, lleno de cicatrices nos mira desde una ventana que muestra un paisaje absolutamento yermo. El personaje es tuerto, pero su tapa-ojo no es un parche de gaza sino un billete doblado. La desolación y la angustia son personajes casi constantes en este período.
Posteriormente comienza una serie de cuadros influenciados por el retrato bizantino y las tablas mortuorias egipcias donde las caras se estilizan, y los ojos dominan la cara para retratar la espiritualidad. Estos retratos se realizan sobre fondos coloridos, de arquitecturas aplanadas, como decoraciones geométricas. En su última etapa se vuelve el maestro de las manchas, de las sugerencias, de un onirismo orgánico con una fuerte e inexpresable carga evocativa.