Son relatos cortos, en su mayoría, que con un tono despreocupado, casual, íntimo y, más que nada, honesto, develan una realidad que pareciera difícil de romperse, pero que, en algún momento, comienza a fragmentarse, evidenciando la falta de libertad, y la atmósfera sofocante, que se vive en sociedades cerradas y, de alguna forma, conservadoras.
«Cuando te dicen cactus, te salen espinas. Pero yo no soy un cactus, ni cucaracha, si acaso un huizache. Sólo quería darte sombra, me trataron de matar y florecí».
Este libro contiene relatos breves —algunos brevísimos— que permiten al lector asomarse a momentos en la vida de personajes que parecerían tenerlo todo, pero que de un modo u otro están perdiendo o por perder (o renunciar a) algo.
Podría cometerse el error de pensar que la autora es neófita por su estilo al escribir, pero no es así; tanto que los relatos reverberan en la memoria después de leerlos. 'Hasta que la muerte', por ejemplo, es una leve fisura hacia una mente retorcida, muy sutil, pero retorcida al fin.