El cacique, novela ganadora del Premio Planeta 1963, es una narración rica en peripecias y acontecimientos, que se desarrolla en forma sumamente ágil y llena de sorpresas por lo que a la aventura individual de los personajes se refiere. Por el contrario, en lo que respecta a su fondo social, pesa, desde el primer instante en que se plantea la situación, como un halo de tragedia que desembocará en la solución fatal y previsible que viene determinada por la condición acomodaticia y mezquina de las fuerzas vivas del pueblo que es escenario único de la novela.
Luis Romero se encara con los problemas que surgen en ese pueblo en el momento en que muere un cacique que lo ha tenido dominado largos años. La narración dura poco más de treinta horas y culmina cuando, terminada la ceremonia del entierro, los hombres pusilánimes y egoístas, esas fuerzas vivas a que hemos aludido, se acercan a rendir pleitesía al nuevo cacique, que también los oprimirá y explotará a cambio de ejercer sobre ellos una vaga tutela. A través de los personajes, dibujados con el crudo y certero trazo a que nos tiene acostumbrados Luis Romero, tenemos la impresión de asistir a la disección de un cuerpo, un cuerpo social que es como una alambrada que cerca y aprieta el destino individual de esos hombres y mujeres.
El relato, fuerte, vivo, está resuelto casi enteramente por medio de diálogos ensamblados en una gran riqueza de situaciones. El sarcasmo y el vigor es tal, que llega a parecernos caricaturesco a fuerza de ser realista; y ello no porque el autor utilice la ironía como instrumento, sino porque el foco implacable de Luis Romero se proyecta sobre el desaforado e injusto vivir de un pueblo donde otro hubiera creído ver una vida idílica o, todo lo más, un pintoresquismo tradicional.
Estamos seguros de que esta novela tendrá una amplia resonancia, tanto por la personalidad del autor como por la riqueza de humanidad que derrochan sus personajes, cuyas notas individuales componen una verdadera sinfonía.
Cuando alguien muere no siempre lo que sale a la luz es bueno. Pero tampoco malo del todo. El amo y señor de un pueblo muere y durante el próximo día y medio podemos sacar nuestra propia conclusión a través de los diálogos entre sus vecinos que tienen lugar (en tiempo real) en diversos lugares. Sorprende que algunos temas como la corrupción magníficamente retratada pasasen la censura de 1964. Es fácil reconocerse en alguna de las formas de afrontar el cambio que cada uno ve a su manera.
Una novela coral que nos lleva a la España rural franquista en la que tan comunes eran los caciques. Un pueblo sumido en la miseria y el analfabetismo, sometido a un solo hombre que hace y deshace a su voluntad, que no empatiza con los demás y solo sabe aprovecharse de la gente. Bueno para aquellos que se arrimaron a él y pretendieron medrar a costa de sus fechorías. Malo para el resto que vio cómo se enriquecía a causa de su sangre, esfuerzo y dignidad. Y nosotros somos testigos de los que quedan, de lo que opinan unos y otros, de lo que supone su pérdida, de cómo ya se conspira para sustituirlo, de cómo las venganzas y consecuencias de la opresión del cacique afectan a la vida del pueblo, llevándose las mujeres la peor parte, tanto en vida como en muerte de un viejo desgraciado. Me ha parecido un retrato visceral y muy certero de lo que era un cacique y de cómo aparentemente buscando el progreso de un pueblo, cuando solo pensaba en su propio bolsillo y poder, sumieron en la desgracia a sus habitantes.
Las miserias humanas en un pequeño pueblo en la posguerra. Se deja leer, interesante la parte costumbrista, pero hay demasiados personajes para lectura fluida
Un aburrimiento bastante importante. Lo bueno es que se lee rápido y el resto como que pereza máxima... De todas formas, para ser sincero, tampoco es un libro que te gustaría estampar contra la pared 30 veces mientras lo lees. Lo lees y ya está.