Un hombre joven, con un confuso historial psiquiátrico, abandona el hospital en la ciudad, se inventa una improbable primavera y se instala en un viejo caserón que ha heredado de un tío suyo, en una aldea lejana. El alcalde se apresura a darle la bienvenida. «Me parece muy bien», le dice al nuevo vecino. «Me gusta que venga gente joven a vivir a este pueblo. Gente que todavía no se haya resignado a morir cruzada de brazos.» El recién llegado le saca pronto de dudas. No quiere que luego haya malentendidos. Lo único que realmente le interesa al establecerse en la aldea y así se lo dice al alcalde es dialogar con la constelación de animales que viven en el ovejas, vacas, gatos, gallinas, gallos, palomas, perros y conejos. A través de un diálogo imposible, lo que pretende nuestro hombre es establecer con todas esas criaturas a las que hay que añadir algunos animales salvajes que viven en los alrededores de la aldea profundos lazos de amor y de compenetración. Diremos ya que la curiosa locura de esta especie de San Francisco laico y ligeramente pecador sirve de motivo de esparcimiento a los desalmados de la aldea. Diremos, también, que nuestro héroe tiene un ojo sensiblemente mayor que el otro. Se trata, pues, de otra de las criaturas asimétricas de Tomeo. Y, por cierto, no la menos infeliz de todas ellas. Una nueva novela de uno de los más personales escritores contemporáneos, que sorprenderá incluso a sus más fieles seguidores.
Javier Tomeo estudió derecho y criminología en la Universidad de Barcelona. En los años cincuenta escribió literatura popular (novelas del oeste, de terror, etc..) bajo el pseudónimo «Frantz Keller» para la Editorial Bruguera. En 1963 editó, junto a Juan María Estadella, La brujería y la superstición en Cataluña. Pero no fue hasta unos años después, en el 1967, cuando se publicó su primera novela "seria". Su novela 'El Unicornio', aparecida en 1971, le hizo ganar el premio de novela corta Ciudad de Barbastro. En esa década aparecieron algunos de sus títulos más significativos como ahora "El castillo de la carta cifrada".
En la década de los ochenta se confirmó como uno de los mejores y más personales narradores españoles contemporáneos. En la producción de esos años destaca 'Diálogo en re mayor' y 'Amado monstruo', acaso sus obras más exitosas.
Su universo literario creció en los noventa con la publicación de numerosos libros: El gallitigre (1990), El crimen del cine Oriente (1995), Los misterios de la ópera (1997), Napoleón VII (1999) o Cuentos perversos (2002), entre otros.
En los últimos meses de su vida tuvo múltiples complicaciones de su diabetes y falleció a los 80 años por una grave infección en el Hospital Sagrado Corazón de Barcelona.
El 26 de junio de 2013 se celebró en Barcelona un funeral laico. El 27 de junio fue enterrado en el cementerio de Quicena.
Es una novela triste. La cual se desarrolla en una escena constantemente sombría, apática, sin vida y sin sentido. En esa misma dirección el protagonista de la novela intenta generar lazos con ciertos animales jactándose de que es capaz de hablar con ellos. Por otro lado, los seres humanos que rodean a este personaje son más bien excéntricos y siguen el "don" de esta persona para mofarse de él. Es un libro que genera esa atmósfera de tristeza, esperando la primavera eternamente para que así florezcan las flores y comience a salir el sol, la relación de ir y venir con cierto animal que juega a ser amigo y estar presente, un matrimonio infeliz que busca respuestas en alguien que no es capaz de darlas. Me gustó mucho, es un libro difícil de conseguir en Chile y por fin pude leerlo.
“Cuando acabé de darles esa explicación, la paloma me miró a los ojos, como si no estuviese de acuerdo, pero al final no se atrevió a abrir el pico. Puede que tuviese su propia interpretación de la Biblia.”
Reseña de “El canto de las tortugas” de Javier Tomeo Eugenio Fouz
Acabo de leer el diario de un poeta loco que dice hablar con los animales. El relato de Javier Tomeo parece no tener mucho sentido, a pesar de que está escrito con humor y desenfado me veo tentado a dejar de leer por la sensación de estar siguiendo el fluir de conciencia de un tipo que no parece normal. No parece normal, decía, cómo me toma el pelo a mí y a todo aquel que le hace caso. El eremita bebe el vino que le trae un buen vecino, habla con una araña, entrevista a animales como el Dr. Dolittle y espía a una vecina desde la ventana. Combate la soledad con la compañía de Roque, un gato amigo, y la redacción de su diario en el que los meses se alargan a la espera de la primavera.
Dudo mucho que el autor de “El canto de las tortugas” sea quien dice ser. Creo que tanto por la temática como por el estilo, podría tratarse de otro escritor.
El canto de las tortugas JAVIER TOMEO Anagrama, Barcelona 1998