El escultor Ramón Vidal desaparece en dos ocasiones de la vida de Márgara, su mujer. La primera vez en Barcelona, en el año 1934. La segunda en Centroamérica, donde Márgara se traslada para reencontrarse con su marido. El dolor es tan intenso y serán tantas las lágrimas que derrame, que los indígenas comenzarán a llamarla «la mujer de agua», nombre con el que se cierra su historia y con el que su figura empezará a formar parte de las leyendas locales.
He tenido serias dudas sobre el puntaje que se merecía este libro, ya que no sabía si darle solo un dos o un dos y medio... finalmente, me he decantado por ese medio puntito más por el final, que aunque crudo, es sorprendente y enriquece la historia.
Si tuviera que definir esta novela con una sola palabra sería "amarga", porque es lo que es y es la sensación que te acompaña durante toda la lectura y la que se te queda al terminarla.
Los personajes, la narración, el ambiente... todo está contado desde una perspectiva decadente, pero no es solo eso, sino que la decadencia se suma a una historia que realmente no da para 282 páginas... la mitad del libro es completamente innecesaria porque no pasa nada, te aburres y simplemente sufres con la protagonista un día a día que es igual de gris que todos los anteriores (y posteriores).
Sí que destacaría la forma de relatar que tiene la autora, su capacidad para transportarte al mundo de Márgara y contagiarte de sus miserias es sin duda admirable, pero tiene el contrapunto de que es una novela que como relato habría sido excelente, pero que como novela no cumple con su función.
No es la peor lectura que me llevo del 2018, pero no la recomiendo y no creo que lea nada más de la autora, al menos por el momento.
La mujer de agua ha sido mi lectura de los primeros días de septiembre. La he devorado en pocos días, es cierto que me ha resultado una lectura entretenida.
Lo que más destacaría del libro es la forma en la que está escrito. La historia se narra con una prosa muy rica. Descripciones detalladas y sensibles del entorno así como de los personajes. La autora es capaz de transportarte tanto a la Cataluña rural como a la colorida Centroamérica, con descripciones dulces y livianas. Lo mismo ocurre con el desarrollo de los personajes. Diría que representan más en el libro que la propia trama. Terminas conociéndolos así como transportándote a su entorno de una forma muy placentera.
Sin embargo; creo que esta novela no recibe puntuaciones demasiado altas (y es por lo que yo he decidido darle 3 estrellas) por su crudeza. Es cierto que es una novela amarga. Cuesta encontrar un párrafo que te deje con buen sabor de boca. Es sorprendente la capacidad de la autora para describir el sufrimiento de la protagonista, que día tras día empeora y culmina en el final. Tanto que a veces resulta abrumador.
A pesar de ello, me parece una novela llena de dobles sentidos, metáforas, significados entre líneas y paisajes hechos palabras. Leyendo he cogido cariño a personajes como la tía Biela o Juana Boj. Tan diferentes pero tan iguales entre sí.
¿La recomiendo? Depende. Si después de leer esto, sabiendo que es una lectura amarga; a veces ‘demasiado real’, deseas saber más... entonces sí.