Plus que Super Le vrai coup de coeur lu en 2018 Une histoire qu'il faut avoir lu dans sa vie Dés le début on s'attache aux trio on est vite pris dans l'engrenage de l'aventure de Vick, Marc et Tristan des personnages hors norme pleins de tendresses, dévoués pour les uns les autres. Une histoire très bien écrite par moment poétique on ressent les sentiments des uns et des autres. Une histoire plus sentimental sensuelle qu'érotique. Jusqu'à la fin on est accro Un roman qui devrait avoir un grand prix littéraire
Camiones de ternura pudiera ser el acrisolamiento de una oculta fantasía femenina o la declaratoria de emancipación de una mujer apocada. Vicky, su protagonista, se embarca en un viaje de dos años a la cotidianeidad de dos apolíneos conductores de trailers; sensuales, detallistas, dedicados, melómanos, amantes espléndidos y homosexuales.
Françoise Rey (Francia, 1951) ha escrito más de 20 obras de marcada inclinación sensual desde la aparición de "La mujer de papel" pieza que, con gran éxito, la dio a conocer en 1989 y que ya es considerada como una obra clásica del erotismo francés. La pieza que nos ocupa, Camiones de ternura (1991), aparentemente fue escrita el mismo año que "La mujer de papel" pero la quiebra de la editorial la hizo desaparecer del mercado, afortunadamente fue recuperada por el santón francés del erotismo, Jean-Jacques Pauvert, en 2002 y editada en castellano en 2010 por Tusquets editores y son las dos únicas novelas de las que encuentro pista de su traducción a nuestro idioma (la primera en ediciones de los 90´s, ya descatalogadas). Una pena, ya que de las cosas que se leen sobre ella es que se le ha nombrado "la grande dame de l'érotisme", lo cual dicho en francés no es asunto menor, dada la estima que esa nación siente por la literatura de entrepierna.
Camiones de ternura es una novela cuajada de descripciones sensoriales que pueden hacer la delicia de cualquiera, hasta -quizá- el hartazgo, ya que de pronto ganan más espacio que el que nos concede para conocer los meandros interiores de Tristán, pareja de Mark de quien nos concede explorar un poco más, sin embargo son agradecibles sus descripciones en la medida que conforman las atmosferas que rodean al trío; principalmente se detienen en la corporeidad de la música con que ellos se hacen acompañar, está claro que la señora Rey adora -como sus criaturas- la música; también son esplendidas sus descripciones carnales, ya que aunque claras, están escritas con innegable elegancia: nada como una mujer para describir el ayuntamiento de dos varones a los que endiosa, ni para adentrarse en las posibilidades eróticas del trío en ciernes. Quizá sea esto, el carácter sensual de la novela de Rey lo que primero llama la atención de su prosa, después, el sentido del humor con el que amalgama el carácter lúdico a la experiencia literaria erótica, que pocas piezas consiguen.
Los camiones de la novela representan maquinas titánicas que cruzan las autopistas llevando consigo jinetes poderosos y bellos, epítome de una masculinidad tosca, fálica y deseable, que por ende sirve de imán para que Rey fije en ellos un ideal varonil que completa con la sensibilidad de sus choferes homosexuales. Véronique, en cambio, es una mujer esmirriada y vejada por su entorno familiar, casada y divorciada de un hombre miserable, con una vida de la que ha desterrado el sexo y que por un infortunio termina subida en el tractor de un camión gigantesco, desde el que descubrirá una sensualidad desconocida que la hará transformarse y alcanzar su reconstrucción como mujer, sin embrago no es sólo la sensualidad lo que Véronique descubre, sino el amor: la entrega de un ser a otro, las complicidades, la trama de gestos y momentos particulares que hermanan a la pareja y que se convierten en código común; a través de sus personajes, la novela muestra el reclamo femenino al amor consolidado entre iguales.
Decía al principio que la novela puede develarnos una fantasía femenina oculta: Tengo por cierto que uno de los sueños favoritos de nosotros es yacer con dos lesbianas -de tendencias bisexuales, of course- pues bien, Françoise Rey trastoca los papeles y describe para nosotros un ideal femenino apenas confesado: un hombre hermoso, viril, musculoso, enorme y mejor dotado que acompaña sus feromonas con la delicadeza y la sensibilidad femenina; el no va más de lo que una mujer coloca en sus ensueños, aunque sí hay un más allá de esta estampa de masculinidad sensible: dos ejemplares para su servicio y delectación, -ahora sí, ¿alguien da más?- pero, no sólo plasma (y de una manera felina) el despertar y los deseos de Vicky, sino que la transforma y una vez transmutada le permite el libre albedrío. Vicky que ha recorrido kilómetros que jamás imaginó puede, al final de su periplo, recuperar su individualidad y su independencia.
Los Camiones de ternura es una novela que disfrutarán las mujeres y aquellos a quienes no les cause angustia y disfruten de la visión de la masculinidad, el sentido del humor (y hacer caso omiso de un par de malabares argumentativos, -que por demás se aceptan en aras de continuar leyendo).
Texto aparecido originalmente en Replicante, septiembre 2011
La historia no es nueva pero si tiene un giro un poco refrescante. Una mujer que no ha estado cómoda con su sexualidad desde que tenía 18 años conoce a una pareja de choferes de camión homosexuales y se enamora de ellos. Cuando la comencé a leer estaba emocionada, creo que nuestra protagonista no se quedó con ganas de hacer lo que quiso, quería saber que harían los dos grandulones respecto a ella y no me decepcionaron, la trataban como un miembro más de la familia. Lamentablemente estuve por demás desacuerdo con la actitud que toma al final. Me pareció un personaje de actitud débil y que realmente no aprendió nada de su estancia con la pareja, a mi parecer quedó tan frustrada como comenzó y no resolvió los conflictos que la dejaban disfrutar.
Aún teniendo en cuenta que este libro es de 1991, no me ha convencido. Aunque esté muy bien escrito para la media del género, la forma es un poco excesiva, en ocasiones tan barroca que piensas si no intenta ocultar lo más prosaico del sexo, que no debe ser un informe médico, pero tampoco querer disimularlo tanto que acabe perdiendo carnalidad. Las escenas son pocas y muy esperables, nada increíble, aunque es desagradable el típico romper el culo como algo deseable, con pequeño desgarro y todo visto como algo encantador, no digamos ya lo de desear una violación así tal cual, no me va este rollo nada, un poco grotesco también.
Me choca que sea una cosificación tan deliberada de un par de camioneros sexys ideales en principio gays, luego uno es bi desengañado de las señoras, un poco dudoso eso también, y al final ella les admire y dependa tanto de ellos que hasta les deje su hijo en prenda, porque es más suyo que de ella...no podía ser vivir con dos señores y hala, había que pagar un precio, me ha parecido moralista en este sentido, demasiado drama que no existiría si se tratara de un señor de los del principio que tan fría la dejan. Creo que esto podría haber tomado caminos mejores, más gozosos y no ser otra lección más a quienes osen no vivir en familia nuclear típica.
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El peor libro que he leído en mi vida, cosa mas incomoda y asquerosa. La protagonista no es más que una voyerista que disfruta ver a dos gays teniendo sexo y les tiene envidia por su poca grata experiencia y la verdad es que además de patética me parece nefasta. No disfruté ni un momento este libro y lo compré por encima de uno de Nietzsche, me arrepiento tanto dios mío, lo quiero quemar.
No es mi libro favorito de sonrisa vertical. Pero es recomendable si te gusta la literatura erótica y especial la homosexual. Los capítulos son cortos por lo que sin problema puedes leer el libro en un fin de semana.