El siglo XX ha resultado ser un paraíso para la ficción narrativa, que ha alcanzado un protagonismo inusitado. Se ha dejado contaminar por disciplinas como el cine, las artes plásticas, el cómic o la publicidad, ha reflexionado acerca de sus propios mecanismos de construcción y, por encima de todo, ha sabido ganar terreno desde el elitismo de las vanguardias de Joyce, Proust, Faulkner o Mann al impulso ecléctico de la cultura masificada y global venida con la posmodernidad y el desarrollo de la industria editorial.
La ficción actual se mueve en un espacio en el que se sitúan clásicos contemporáneos como Lessing, García Márquez, Philip Roth, Handke, Calvino, Nabokov o Robbe-Grillet, y otros autores plenamente consolidados que alimentan un mercado de géneros híbridos, de ficciones literarias coqueteando con ficciones comerciales, de procesos de digitalización y nuevos hábitos y soportes de lectura.
Una amplia selección de críticas de la mejor ficción universal del XX, agrupada por tendencias estéticas y actitudes literarias, forma la base de este volumen, que se completa con concisas pero rigurosas introducciones a los grandes períodos de la ficción y el arte del XX, bibliografías y cronologías multidisciplinares, un tratado de narratología y teoría de la ficción fragmentado en una colección de citas de autores y teóricos contemporáneos, y una propuesta de biblioteca, de Kafka a Ishiguro. Este libro quiere contribuir a orientar al lector en el terreno de la ficción contemporánea, a suscitarle nuevas (re)lecturas y a servirle de mapa, de guía que atraviesa todo el siglo XX.
"en la novela nos interesa la descripción, precisamente porque, en rigor, no nos interesa lo descrito". José Ortega y Gasset Meditaciones del Quijote.
El Quijote inaugura, en efecto, la novela moderna, y agota al mismo tiempo al explorar de una vez todas sus posibilidades. En cierto modo, cuantos, después de él, hemos intentado novelas a lo largo de cuatro siglos y medio, hemos estado reescribiendo el Quijote". Francisco Ayala Cervantes y Quevedo.
Y el andamiaje metatextual levantado por los autores posmodernos en su necesidad cervantina de convertir en texto final los textos fracasados
Le falta tiempo al autor para apuntar que Musil, como Brecht, "no tuvo reparos en tomar incontables pasajes de otros autores sin citar las fuentes", detalle que, como tantos en este ensayo espléndido, revelan al escritor de carne y hueso que late bajo el prestigio de su nombre.
" el escritor es un buscador de felicidad y esto es de todo menos cómodo" Kafka
"[...] cómo esto que escribo, lector, es una novela verdadera, un poema verdadero, y consiste en decirte cómo se hace y no cómo se cuenta una novela, no tengo por qué satisfacer tu interés folletinesco y frívolo. Todo lector que leyendo una novela se preocupa de saber cómo acabarán los personajes de ella sin preocuparse de saber cómo acabará él, no merece que satisfaga su curiosidad. Unamuno Cómo se hace una novela
Style ist a function of theme. Style is not imposed on subject matter, but arises from it. Style is truth to thought. The correct word, the true phrase, the perfect sentence are always "out there" somewhere; the writer's task is to locate them by whatever means he can. For some this means no more than a trip to the supermarket and a loading-up of the metal basket; for others it means being lost on a plain in Greece, in the dark, in snow, in the rain, and finding what you seek only by some rare trick such a barking like a dog. Julian Barnes Flaubert's parrot.
Seguramente, sin embargo, su mayor virtud este en que para muchos lectores acomodaticios es su mayor defecto, a saber, el desconcierto que provoca, el hecho de que conforme avanza su lectura crece la impresión de que en efecto es un libro escrito para que resulte inasible, ilegible, y ya sabemos que "por encima de todo, el libro 'ilegible' humillarse, confundirá y espantarà al lector" (George Steiner, On Difficulty).
Decía Chéjov que si al principio de una novela se dice que hay un clavo en la pared, al final el héroe debe colgarse de ese clavo.
La ficción concebida en ese coiné conceptual que llamamos posmodernidad pertenece a una era proteica que, no queriendo ya asumir la responsabilidad de construir alegorías, simbolismos o moralidades, cultiva la cultura del simulacro y de la reescritura, y cuya indeterminación, ambigüedad y desconfianza nacen del escepticismo producido por el fracaso de las doctrinas ideológicas y los discursos totalizadores.
Para no pocos estudioso dio lugar a la actitud posmoderna, "once we knew that fiction was about life and criticism was about fiction -and everything was simple. Now we know that fiction is about other fiction, is criticism in fact, or metafiction". Robert Scholes
Tal vez sea la transgenericidad la característica de la ficción posmoderna que de un modo más visible de razón del proceso que señaló Jameson en relación con la posmodernidad, a saber, que lo que comenzó con una tendencia de vanguardia ha acabado convirtiéndonos en una cultura de masas, pues la conveniència de que formas genéricas populares como el western, la ciencia-ficción, el folletín o la novela negra, ejemplos de ficción comercial salvo que se demuestre los contrario, se ven engastadas en la pròpia ficción literària, no hace sino abrir de par en par las puertas de la ficción a comunidades lectoras más numerosas, y presumiblemente menos competentes, a las que se les hace creer que su horizonte de expectativas -su reconocimiento de los códigos de un género dado y la activación de su archivo textual y de sus mecanismos de competència lectora de un género que le es familiar- se va a ver validado a lo largo de la obra cuando en realidad sufrirá tantas alteraciones cuantos "indicios de género" se vayan sucediendo.
Explota de forma decisiva los aledaños del texto, los paratextos, dedicatorias, epígrafes, pseudónimos, pies de imprenta, títulos y subtítulos y demás chatarra textual elevada a la categoría de arte.
Los guerrilleros de la vanguardia històrica ya forzaron las cajas que guardaban las leyes de la Ficción con mayúscula cuando saquearon sin escrúpulos la ordenada biblioteca del realismo tradicional (cambiaron el orden de las frases de Dickens, desfiguraron las historias de Balzac fragmentándolas, diluyeron los personajes de Tolstoi convirtiéndonos en símbolos, objetos inanimados o trasuntos angustiados e irracionales del propio autor), y la actitud de los autores adscritos a los que se ha dado en llamar posmodernidad ha consistido en rescatar, restaurar, reciclar o transformar lo poco que pudiera quedar en esas cajas -¿la idea de la creación en un universo textual alternativo, de mundo posible o de simulacro?, ¿la existencia de unas convenciones y un utillaje técnico con el que crearlo?- y colocarlo junto a lo que la vanguardia trajo consigo, el silencio de la elipsis, la violència verbal, las libérrimas asociaciones de textos de distinta condición, la desautomatización del lenguaje, por ejemplo. De ahora en adelante valdrá todo, se dijeron, los modos de la destrucción (la aportación de la vanguardia), y el valor de lo destruido (las reminiscencias del modelo mimético-relaita). El resultado de esta operación es una reconstrucción cómplice de la tradición, y "la respuesta posmoderna a lo moderno consiste en reconocer que, puesto que el pasado no puede destruirse, lo que hay que hacer es volver a visitarlo; con ironía, sin ingenuidad". Umberto Eco
Seguramente, sin embargo, su amor virtud esté en que para muchos lectores acomodaticios es su mayor defecto, a saber, el desconcierto que provoca, el hecho de que conforme avanza su lectura crece la impresión de que en efecto es un libro escrito para que resulte inasible, ilegible, y ya sabemos que "por encima de todo, el libro 'ilegible' humillará, confundirá y espantarà al lector". George Steiner On Difficulty.
Roth regresa a la miscelánea introduciendo al lector en los entresijos de la creación literaria y de la misión del escritor, pérdida toda vieja esperanza de que aquellas torres de marfil en las que esconderse de la realidad no resten quimeras, y convencido de que en efecto vendrán más años malos y nos harán más ciegos.
¿Y qué ocurriría si un guionista de ciencia ficción se arrastrase por las editoriales suplicando una oportunidad mientras un poeta se forra haciendo sonetos, viajando en primera y negociando subsidiarios con su propio agente mientras le espera la limusina? La respuesta está en Un peldaño en la carrera, soberbia paròdia del mundillo editorial y demostración palpable, como lo son todos los relatos de este volumen, de que Ambos es un autor imprescindible. Y lo seguirá siendo.
"Naturalmente, el artista es un incomprendido. Yo sólo repito, e insisto en ello: que me incomprendan correctamente". Barnes.
Brillantes imágenes de la decadencia humana servidas en forma de naturaleza muerta con limones, esa fruta que para los chinos simboliza la muerte. Sobre Julian Barnes: La mesa limón.
¿Acaso seguirán desdibujándose los límites entre la ficción comercial y la literaria, y entre la ficción comercial de calidad y el best seller en serie?, ¿cómo regulará el mercado la oferta de ficción? Lo ha escrito Steiner con su envidiable lucidez: resulta impensable poner en duda que "los horizontes de percepción enriquecida gracias a los medios electrónicos - el CD Rom, Internet, la realidad virtual- teóricamente carecen de límites. La 'alta cultura' y el compromiso con la calidad pueden tornarse tentadoramente accesibles, como jamás lo habían estado". Sin embargo, no es menos cierto que "los propios medios pueden trivializar aún más tanto el conocimiento como la experiencia. La ciber-red puede estar atestada de basura e incitación. Puede anestesiar la sensibilidad hasta el punto de la inercia [...]. La censura del mercado sobre todo aquello difícil o innovador, sobre lo que es intelectual y estéticamente exigente, es a menudo más eficaz que la ejercida por la censura y la supresión política".
Ya no es posible explicarle al lector de a pie que el exceso de premios obedece al interés de lanzar un nuevo talento (no premiar), o afianzar un sello en el mercado, porque el lector no es ingenuo. Habrá entonces que confesarle lo que ya intuye, que los premios se han convertido en monedas de trueque que facilitan que un autor cambie de editor de forma más o menos digna y elegante.