La única pega que le pondría es que a veces el autor se extiende de más, profundizando en datos meramente anecdóticos o enfatizando de manera redundante ciertos aspectos de la personalidad del emperador que ya han quedado bastante claros. En muy raras ocasiones puede entreverse un ligero sesgo ideológico del autor en ciertas consideraciones sobre la situación política europea. Pero en general es un buen relato biográfico, completo y ecuánime, y casi el único para acercarse a la figura del último monarca Habsburgo. Una figura que emociona por su visión humanista y su gran sentido de responsabilidad que sin duda habría sido un gran gobernante en tiempos de paz, pero que era demasiado naíf e idealista para ascender al trono en mitad de una guerra mundial. Intereses políticos contrarios frustraron sus tan necesarios proyectos reformistas (federalización del Imperio, sufragio universal, etc) y su falta de maquiavelismo le impidió una restauración monárquica en Hungría que estaba razonablemente dentro de sus posibilidades. Toda lectura sobre estas grandes figuras del Imperio Habsburgo tardío, como El príncipe rojo de Timothy Snyder, son buenas para reflexionar sobre el daño que ha hecho el nacionalismo en centro europa y en general sobre las posibilidades de un federalismo europeo. Los últimos capítulos, los de su exilio en Madeira y su muerte temprana son conmovedores hasta la lágrima.