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Suenan Timbres

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Suenan timbres y 13 textos testimoniales. Por Luis Vidales. Una de las obras fundamentales de la literatura colombiana. Y los testimonios de trece figuras de la cultura de nuestros país, sobre la obra de Vidales. Un valioso rescate bibliográfico la nueva edición de este libro.

Recomendado del librero.
13 textos testimoniales , Juan Manuel Roca, Luis Tejada, Francisco Luis Bernárdez, Alberto Lleras Carmargo, Eduardo Carranzas, Carlos Vidales, Luis vidales, Juan Gustavo Cobo Borda, María Mercedes Carranza.

299 pages, Paperback

First published January 1, 1926

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Luis Vidales

7 books2 followers

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Profile Image for Edwin Betancourt Garzón.
118 reviews10 followers
February 26, 2026
Un 26 de Febrero se publicó este libro. FELIZ CUMPLEAÑOS DE SIGLO.
Este libro hermoso y encantador y juguetón y quiebrapatas cumple 100 años hoy.
100 años de Ternura
100 años de humorismo
100 años de romperle la madre a esta patria azul
100 años de risas esqueléticas
100 años de versos, cuadritos de movimiento, amor por cometas, Luis Tejada
100 años de esta aldea donde roban equilibrios
100 años de Instantáneas
100 años de Vistosa Inmoralidad
100 años de sombras
100 años de Rebelión...

100 años de Timbres... Tengo esta segunda edición y también la tercera.
te quiero mucho, Luchito Vidales.

Suenan Bichos: 1 centiglo de Suenan Timbres o hablemos sobre el poeta marxista que tiene unos versos en el billete de 100k



Yo no podría mentir: por culpa de Luis Vidales (y lo exonero y perdono y le unto mis culpas) amo la poesía. Tal vez es mucho decir. Por culpa de este aprendiz del siglo, leí y fui feliz: me aprendí un poema. Hasta esas fechas de novicio lector, lo que me sabía era canciones pero versos ninguno, ala, y este carajudo lo hacía desde chinche y me antojó. Llegué candido a Suenan Timbres y no sabía de poesías (así como se llaman algunos poemas).
Superciencia fue el que decidí aprender. Y ya no pude regresar. No pude regresar de los versos porque tampoco me obsesioné con aprenderme poemas, más bien ahora me gusta escribir algunos en un cuaderno. Michael también tiene la culpa. Fue el que me dijo que lo leyera. Ahora sólo me falta la primera edición: en un par de años rasqué y encontré la Segunda edición, preciosa de 1976 hecha por el Instituto Colombiano de Cultura, dedicada por el poeta a Venancio, mecenas y compañero que permitió la publicación en 1926. La segunda edición tiene textos de Luis Tejada (el que lo presenta como el mejor y más noble poeta y a su muerte temprana, Vidales escribe su magnífica y tierna Elegía humorística*). También tiene varios textos de los prohombres Cobo Borda (quien fue congratulado por Videales en su joven etapa de poeta), Alberto Lleras y otros pero también un texto del hijo, Carlos Vidales. Lo mejor es el texto de Tejada y el del propio Vidales: Confesión de un aprendiz de siglo, donde Luchito da sopa y seco acerca de su tradición y sus búsquedas, los hallazgos y los pleitos disputados: el humorismo, la calle como inspiración, etc...
La tercera edición fue la primera que conseguí y la editó Plaza y Janes en 1986. Tiene un prólogo de Isaías Peña Gutiérrez y el texto de Vidales, Confesión... Una vez tuve este libro, lo llevaba a todo lado. Días, meses, años. Sufrió. Lo rayé. Lo compartía y era un evangelista de los Timbres: ¿conoce usted a Luis Vidales?, ¿sabía que es el único poeta colombiano prologado por Borges y huidobro y comparte papel con César Vallejo?, ¿sabe usted que el libro abre con unos microtextos en los que a alguien le roban el equilibrio, existen los antípodas y también las sombras se revelan?
4 años después, en 1990, Vidales se va de viaje y en 100 años nos vemos y nos encontramos de nuevo. Predicaba como un monje loco pero una shcnauzer gris de amores perdidos, sinquerer un día vio mi maleta como un buen meadero y la tercera edición de Suenan Timbres (con otros libros) fueron bendecidos con la pishi de Milú.
Hay un par de ediciones más. Nada más. Una linda que hizo la Universidad Nacional y otra de tapa blanca con 13 textos testimoniales.
Y poco más. Y aún me sorprende que no se haya editado 14 veces más y más bien tenga su espacio en el billete de 100k, porque, de todas formas, como decía el señorón Luis: <>.
Yo no montaría una iglesia con este libro. Pero siempre esparzo esa semilla que hurgó los ojos (buenos) de Borges, de Huidobro y Alberto Hidalgo en el ÍNDICE de la nueva poesía americana, junto a 61 poetas de 9 países. Y pues sí, hay que volverlo a repetir: este jovenzuelo, en esta antología, fue arrejuntado con, por decir, Pablo de Rocka, macedonio Fernández, Carlos Pellicer, Leopoldo Marechal y más... una bande Terrible wena. Como Vidales estaba en Bogotá, en el ïndice quedó como rolo. Y da cierre al Índice. Fueron 4 los poemas de Luis: En el parque ("Nos aburrimos. /Hace mucha luz para amarnos... Este cielo es un gran pisapapeles/de esos que tiene un paisaje por dentro"), Cuadrito de movimiento ("¡oh! si dan ganas/ de domesticar el paisaje/ y amaestrarlo con docilidad/ hasta que se le pueda poner un marco/ y así/ -completamente civilizado-/ tenerlo colgado en la biblioteca"), Cinematografía Nacional ("Por el cielo amarilloso/de linterna/pasan las nubes colombianas./ Y cómo se nota que no habían ensayado antes") y El hueco (que siempre me hace pensar en el maravilloso programa El huecoooooo).

A veces hay que irse a los traques. Sobre todo por un par de versos. O cuando lo agarran a uno jugando TinTinCorreCorre un 25 de diciembre en la madrugada. El caso es que Luchito provocó hecatombes con su libro (se cuenta que un día el autor bajaba por Las Nieves y le cuentan que en la librería donde se vendía su polémico ejemplar, se voleaba pata y puño y después dizque hasta silla y revólver hubo: unos decían que era malo por x y otros decían que era malo por y. ¿Qué clase de barrismo infame es esto?) Pero Vidales se dio los tiestazos con su respetado y luego cercano amigo, el Mono Lemos Guzmán, mientras don Luis Cano sonreía desde el balcón de El Espectador.
Luchito también se puso los guantes con Antonio josé Restrepo, un orador antioqueño nacido en la República de la Nueva Grnada en 1855. El mismo año del rifirafe con el aprendiz calarqueño, el escritor y juriconsulto Ñito Restrepo tenía ya sus años e hizo una violenta crítica (que aún no he encontrado) y hasta por el senado se despachaba por las delicias poéticas de Luchito. (hay que tener en cuenta que Bogotá era una aldea, la aldea atenas sudaca, cafetines y cigarros, Leo Le gris, ) Vidales responde con un alucine Poema de la grafonola**.
Ñito Restrepo fue digno de loas ese mismo año (no sé si antes o después del pleito con Vidales) del mismísimo Guillermo Valencia. En una discusión sobre la ley para la pena de muerte, el señor Restrepo señalaba la fuerza desequilibrada e injusta en caso de aprobarse y dijo: <>. Estilo gallardo y castizo, dijo valencia después, al felicitarlo después del asombro. Ñito también es el culpable de la leyenda de gente haciendo fila (vaya sorpresa Bogotá: gente haciendo fila) por un libro. Según aquél, el librito no era gramática, ni retórica, ni poesía, ni nada, era pura germanía. Castizo y gallardo, ala. Después de que Vidales le enviara con Casitas (un portero compañero) un ejemplar de su libro con la menuda dedicatoria "A don Antonio José Restrepo, grande hombre público de la lejana República de Colombia, e ilustre candidato para cadáver, para que lo lea cuando vuelva a nacer", se encontraron este par, pero dejaré que el propio Vidales cuente cómo fue:
En otra ocasión, en un piquete de periodistas en "Patiasao", que ya se había trasladado a Usaquén -conversábamos en un grupo con Luis Cano y otras gentes de prensa-, cuando se acercó el personaje, y Luis cano creyó del caso decirle: "Maestro: ¿quería conocer personalmente a Luis Vidales? Aquí lo tiene". El Maestro me miró de soslayo, mientras me decía: "¿Pero realmente es ese su nombre de pila? Yo creí que era un seudónimo". Era yo por entonces hombre que se sulfuraba muy fácilmente, contrariando, como suele ocurrir a los escritores, el humor que despliegan en su obra. Juzgué que alguna de sus groserías pretendía alcanzarme y, muy suelto de cuerpo, le dije: "Le exijo respeto para la juventud colombiana, tanto más cuanto que sus células ya no eliminan ideas, sino almidón". Y el Maestro, quien ya estaba pintón aguardiente, se alejó rezongando algo sobre "el mococito grosero" y quién sabe qué otras lindezas de su léxico quevediano. No bien desapareció su figura mefistofélica del patio, que un ángulo de la casa cortaba en dos, y cuando yo esperaba la lapidación por mi rrespeto, los periodistas, y don Luis cano con ellos, me aplicaron el manteo, diciendo mientras me lanzaban al aire: "Es el único colombiano que puede decir que irrespetó al maestro Ñito". Apenas se nota que no cambia el tiempo.
Con aproximadamente 70 años, "liberal en lo político" vejestorio en lo poético: recriminó a un poeta que empezaba fresco de vanguardia en la posguerra y después, hasta los últimos años de su vida, expresó, militó, viajó y prestó atención no sólo al ruido y desdén de las fábricas sino también a las manos y ojos cansados de las costureras y (según Harold Alvarado Tenorio, abominables textos) sobre la masacre de artesanos en la paza de Bolívar en 1918 y otros muchos tópicos de eso que fue el siglo XX: 50 años después de Suenan Timbres surge La Obreríada, que es para otro paseo...

Fundó y fue secretario general del Partido Comunista. Fue destituido como profesor de la Universidad nacional y estuvo exilado por once años en Chile(1953-1964). Fue apartado del Partido que fundó. Amigo de Gaitán, ponía su pecho para que no mataran al caduillo sino hubiera tardado esa mañana trágica. Estuvo en prisión 37 veces, la última con gran crueldad, a los setenta y nueve años, durante el gobierno del liberal Julio César Turbay, cuando en Abril de aquel año, confundiéndole con su hijo Carlos, entonces miembro de la dirección nacional del M-19, allanaron el piso del poeta en la madrugada y en completa indefensión le condujeron a unas caballerizas donde permaneció, casi desnudo, a merced de los insectos y la burla de los soldados.
Terrible Noche: La Policía irrumpe una biblioteca y destaja los libros... Mano de hierro Turbay Ayala: estatuto de seguridad. Encerrado en un cuarto oscuro y maloliente, por leer poemas fogatas con la injusticia social circundante que estaba (y sigue) tan vigente.
Luis Vidales siempre fue un niño, un niño rojo del siglo XX. Pero su alma sigue por ahí, blanca como la paz y la libertad de todos sus versos y deseos:
Que vuelvan a Sonar los timbres antes que las risas de los celulares y los fusiles.
Profile Image for Alejandro Moreno.
49 reviews19 followers
May 11, 2026
Suenan timbres es un libro maravilloso y me alegra que su centenario sea la oportunidad para acercar a muchos nuevos lectores (yo entre ellos) a estos poemas modernos y llenos de gracia y de ingenio.

Sin embargo, tengo la intuición de que el prólogo de esta edición de la Biblioteca de Autores Quindianos en alianza con Corónica, tiene mano de inteligencia artificial. La sospecha está en sus construcciones sintácticas, en la repetición de sus ideas hasta el cansancio. No deja de ser una ironía que esto ocurra en la celebración de un autor que ya veía a los seres humanos como máquinas y a las máquinas como organismos vivos.
Profile Image for Bryan Alcazar.
168 reviews2 followers
September 3, 2020
Uno de los primeros libros de poesía que leí. Vidales sabe trabajar muy bien la poética de las cosas; la noche, los gatos, los arboles o las sombras, imágenes fuertes para pensar en sus versos toda la vida.
Profile Image for Juliana.
51 reviews2 followers
May 19, 2022
increíblemente inteligente, gracioso y sagaz.
Displaying 1 - 5 of 5 reviews