«Un divertido y dolorido relato sobre la búsqueda de la felicidad con un narrador barroco, brillante y sentimental que reinventa a los bohemios clásicos.» Rosa Montero
Llamarás un domingo por la tarde comienza, como todas las tragicomedias de altura, con un desamor fulminante que hará que su protagonista caiga en cada uno de los vicios de este siglo insoportable. Con la coartada de la soledad, que es la triste enfermedad de los domingos, emprende un descenso a las cloacas de las redes sociales, al tórrido maná del culto al cuerpo, al azote del psicoanálisis. Con el tictac de los cuarenta años siguiéndole los pasos, a punto de estallarle como una bomba de relojería, caminará sin paraguas bajo la tormenta. En este viaje a no-sé-dónde también hay bullying y pasiones fugaces, revelaciones místicas, gintónics, muertos, tartas de zanahoria e incluso milagros. Y aún deberá descubrir si la amistad auténtica, un último viaje o algún amor tardío podrán salvarle.
Si hoy en día eliges una carrera, un trabajo, unos amigos, una dieta, una terapia, un gimnasio, una app de citas, un servicio de comida a domicilio, una droga, una hipoteca, ¿por qué cuesta tanto elegir ser feliz?
Tras muchos años acomodado en la placidez de la vida en pareja con su novio, el protagonista de esta novela se queda atrapado en las redes de la soltería. De un día a otro ha de acostumbrarse a un apartamento demasiado vacío, a una cama demasiado grande y a la aterradora soledad de los domingos por la tarde, donde nunca hay nadie al otro lado. Obligado a comenzar de cero en una edad en la que no se es ni joven ni viejo, recurrirá a un entrenador personal, una terapeuta y un nuevo grupo de gente tan desubicada como él para afrontar un futuro incierto.
Aunando temas como el peterpanismo, el culto al cuerpo, el bullying, la promiscuidad o la obsesión por las redes sociales, Llamarás un domingo por la tarde desarrolla una emocionante y divertida historia que profundiza en los anhelos y preocupaciones de una generación que se resiste a afrontar el paso del tiempo.
"–Creo que me enamoro mal –dije al fin–. Detesto estar solo los domingos por la tarde. –Los domingos nunca fueron un buen día para la soledad. –Los odio. Y busco a alguien, quien sea, de forma compulsiva. Cuando lo encuentro me obsesiono, sueño con su cepillo de dientes en mi cuarto de baño, me lo tomo como una batalla en la que perder no es una opción. solo puedo ganar. Y nunca gano."
Tribulaciones y reflexiones de un casi cuarentón que, tras una relación de años, afronta una fase de soltería para la que tiene que replantearse muchas cosas de sí mismo y de su estilo de vida. Para ello viajará, bailará, irá al psicólogo, usarás apps de citas, se pondrá a dieta, irá al gimnasio...
Esperaba una historia un poco más definida, incluso –por el título– esperaba una historia de amor, sin embargo, más que una historia concreta es un conjunto de historias que van dibujando al personaje en este nuevo ecosistema de soltería, dudas, miedos, anhelos, amistades, ligues, sexo..., pero que no se enfocan un hilo argumental principal, y desde luego no es una historia de amor. En cualquier caso, te lo pasas muy bien, y te sientes identificado en miles de cosas. Además, el estilo con el que está escrito es impecable. En general me ha parecido muy recomendable.
El libro está lleno de paja, relatos que no aportan nada a “la historia”; y pongo historia entre comillas porque la novela no tiene una trama clara. No podría decir de qué se trata este libro ¿de un autodescubrimiento? ¿De una obsesión? ¿De una relación amorosa? El narrador/ personaje principal de esta historia es bastante antipático, ególatra, narcisista y muy aburrido. El estilo narrativo es muy pretenciosos, lleno de metáforas y referencias culturales fuera de lugar, como para decirle al lector que el autor es culto.
Hay libros que llegan justo en el momento adecuado, te hablan directamente y te cambian un poco. Cuando leí la sinopsis del libro, de casualidad, dos días antes de lo que sacaran, bastaron las palabras "desamor fulminante" para saber que este libro era para mí. Y no me equivocaba. Javier Cid ha escrito este libro para mí, solo para mí, para que lo leyera en este momento exacto de mi vida. Esa es la sensación que tenía todo el rato. Ni me acuerdo de la última vez que un libro me emocionaba tanto y de tantas maneras. Me he visto reflejadísimo en muchas partes, comprendidísimo en tantas otras, ha sido un consuelo y un bálsamo. Ha sido una puta maravilla.
La magia de la literatura, amigas. Que a veces llega el libro correcto en el momento correcto y te revuelve muchas cosas. Este melodrama marica va de cabeza a mis libros favoritos, para siempre, por siempre jamás.
3,5 . Un librito super divertido. Tragicómico es su mejor definición. Hacia la mitad del libro tiene un par de capítulos mareones, que me costaron un poco, pero vale la pena avanzarlos porque el resultado es una historia muy entretenida.
Un libro algo aburrido, el personaje principal es bastante ególatra y bastante antipático con muy poca empatía. No he sacado prácticamente nada bueno de este libro... Mi humilde opinión.
Cid escribe de p*ta madre pero no me parece un buen narrador: abruma con datos de Wikipedia, salta de una historia a otra sin acabar contando ninguna, y se encanta. Mucho. Una barbaridad.
Compré este libro en una librería acogedora en Madrid hace unos meses. Y aunque le di 3 estrellas y me gustó por el estilo en que está escrito, con olas de descripciones y detalles de rincones del mundo desconocidos, no terminó siendo tanto una novela que unos ensayos sobre viajes e experiencias vividos por un personaje demasiado típico y self involved. Es como el Less español, pero sin mucho sentido.
Aunque parecía prometedor, he de decir que se me ha hecho cuesta arriba. Si bien la trama sobre la crisis del protagonista tiene algunas reflexiones buenas, encuentro el hilo narrativo difícil de encontrar, muchas veces dando tumbos en un ansia por crear algo grandioso cuando algo simple habría sido mejor.
Por otro lado, el estilo no ayuda a mejorar la lectura, pues es sobrecargado y con largas enumeraciones que no aportan nada más que palabras a la novela.
Realmente me ha entristecido que un conflicto tan prometedor no haya sido desarrollado de otra manera.
El autor de este libro sabe muy bien como escribir: engancha, saca sonrisas, enfada y permite identificarse con los acontecimientos y los personaje. Los capítulos están a medias entre relato autobiográfico y desfachatada mitomanía, con un protagonista, eterno Peter Pan, que a pesar de su tendencia a huir de las cosas importantes de la vida y su falta de empatía con los que deberían ser sus amigos/cómplices/amantes, nos recuerda que todos hacemos errores, y que todo el mundo puede enmendarlos y seguir adelante como mejor persona.
Una historia que empieza siendo entretenida pero que termina siendo repetitiva. Tiene bastantes historias, que entiendo que tratan de justificar como es el comportamiento actual del protagonista, pero que al final se sienten como si fueran puro relleno. Tengo que decir que me costó terminarlo.
Si tuviera que recomendarlo sería como una lectura de vacaciones, ligerita y ya.
No me ha gustado nada. El libro tiene mucha paja, cuenta historias que carecen de importancia para la historia principal. No he podido empatizar nada con el protagonista, el cual creo que es un poco un reflejo de como debe ser el escritor, ególatra y un tanto pedante.