A Magallanes se debe el logro de hallar el «paso» estrecho que une el Atlántico y el Pacífico, con lo que sorteó el muro que el continente americano representaba para la navegación. Pero quien realmente dio la vuelta a la Tierra y convirtió en una experiencia lo que hasta entonces no era más que un concepto matemático fue el español Juan Sebastián Elcano, quien surcó el océano Índico y bordeó por el Atlántico el continente africano sin hacer escalas. La esfericidad del orbe terrestre, cuya circunferencia Eratóstenes midió ya con sorprendente precisión en el siglo III a. C., había sido recorrida por primera vez por el hombre.
Dieciocho siglos separan el concepto cosmográfico de la esfericidad del globo de la experiencia circunnavegatoria, que fue posible gracias a una serie de condiciones geoestratégicas, tecnológicas, doctrinales e institucionales, de las que se ocupa este extraordinario libro. Se trata, en palabras del cosmógrafo Pedro de Medina, de conocer «esta sutileza tan grande que es que un hombre con un compás y unas rayas señaladas en una carta sepa rodear el mundo».
Un interesante ensayo sobre la presencia de España en el lejano oriente a partir de la gesta de Magallanes/Elcano. El propósito imperial de ocupación de lo que según el Tratado de Tordesillas se presumía que debía formar parte de España, las Molucas, da paso al descubrimiento de las Filipinas, que son integradas del mismo modo que los territorios americanos, es decir, como un virreinato más. Este destino para cualquier territorio ocupado por españoles es singular si lo comparamos con otros imperios como el portugués o luego el holandés o inglés. Las nuevas tierras se integran en un nuevo virreinato con el mismo status legal, a priori, que Nueva España, Perú, Nápoles o Aragón. El resultado, como indica Pedro Insúa en este ensayo, es que Filipinas en un país mayormente cristiano y ninguno de los de alrededor lo es (es más, Indonesia es el país musulmán más poblado, después de haber sido colonizado por Portugal y Holanda...) En este libro, el autor se esfuerza en ilustrar la filosofía moral que era el sustrato intelectual de los españoles frente a los pueblos que se encontraban y nos entretiene con el debate en la corte de Felipe II y del papa entorno a si era lícito invadir China para liberar a su tiranizado pueblo. Cree el autor que si no llega a estar ocupado en la guerra contra los herejes anglo-holandeses, el rey hubiera intentado derrocar a los mandarines... Muy interesante, ¿no?