Eres mi nueva escritora favorita [o un audio de whatsapp de diez minutos a modo de presentación]
Eres mi nueva escritora favorita. Eso fue lo primero que le escribí a la Maca cuando terminé de leer su libro. Y luego le envié ocho audios de whatsapp que variaban su extensión entre los cuatro segundos y los cuatro minutos y medio. Esos audios son la honestidad de lo que sentí al leer “Paisajes”. Transcribí esos audios —diez minutos en total—, a modo de presentación, en una mezcla de exceso de pereza y falta de pudor, porque creí que sería una buena idea compartir un audio íntimo en público.
Dice:
Maca, te envío un podcast porque acabo de terminar de leerte. Me encanta el título de tu libro, “Paisajes”, porque sí, porque igual que en el teatro, los personajes se despliegan en escenarios, siempre estamos en un lugar, que es otra forma de decir que no podemos habitar sin territorio.
Los primeros cuentos me dejaron impresionada (aquí decía “pal pico” pero pensé que era muy ordinario decirlo en voz alta), escribes tan bien, que nadie nunca te diga lo contrario, ni siquiera tú. Tienes unas repeticiones hermosas, cuando dices: “Volví a Barcelona y no recibí noticias de Juan. Terminé el curso de guion y no recibí noticias de Juan. Subí diez kilos y me inscribí en un gimnasio y no recibí noticias de Juan. Mi mamá viajó a visitarme, hicimos un viaje al sur de España, una gitana nos estafó, ayudamos a una gringa que lloraba porque no encontraba su hostal y no recibí noticias de Juan”.
Es linda esa parte.
Tu prosa es muy concreta, muy periodística, pero a la vez en algunos cuentos logro ver lo no dicho, lo silenciado, la oscuridad de quien narra o de lo que se narra, que surge a partir de la literalidad de tus palabras. Es una prosa limpia y cuidada, que aún así guarda misterio: lo inexplicable convive en tu prosa.
Todo el tiempo mientras te leía, pensaba: ¿son cuentos? ¿La narradora es la misma? Hasta que al final regresa el ceneta del principio a amenazante, ese al que le dijiste “mira viejo ceneta yo no te conozco pero a mi papá no lo veo hace años no te metas en estas cosas”, yo me sentía como en el cine, dije: ooooohhhhhh cuático. Porque es exquisito y sorprendente cuando los ciclos se cumplen y los inicios se curvan sobre sí mismos hasta convertirse en finales. Es como tú misma dices: “a veces las cosas coinciden”.
Tu último cuento es una crónica y me gusta, cambias el registro, se vuelve más duro, menos poético y me da vértigo esa prosa cargada de verosimilitud, llena de datos, para engrosar una idea que en realidad es mentira.
Tu libro es hermosamente chileno. Es hermoso en la medida en que Chile aparece en pitos a los que les llaman paraguayos, en la palabra pantis —escrita así, tal cual—, en conceptos como “guata enorme” o en frases como “odio a esos culiaos” y en todos tus “conchasumadre”. En el libro que estoy escribiendo, escribí “conchasumadre”, con miedo, me encanta ver que tú lo escribes con tanta fuerza, porque el uso de esos chilenismos vuelve tu prosa universal.
Leyéndote pensé que me sorprende lo mucho que sigue apareciendo Pinochet en los libros. También pensé que los libros chilenos que más me gustan son justamente los que nombran a Pinochet. Tú lo nombras y también dices: “El mar guarda y esconde muchos de nuestros huesos” y es poético y es triste porque así es la historia de Chile que escribió Pinochet.
Me encantan tus frases, cuando dices:
No podía perderme la oportunidad de conocer un cementerio destruido.
En esos años rezar y tener miedo eran algo muy similar.
Sus manos parecían de greda, cocida, maltrecha, con surcos profundos.
¿Todas las personas que se están muriendo se ven iguales?
Siempre elegíamos el bosque.
(En esta última es como si dijeras: siempre elegíamos el misterio o algo así).
Y el cuento de las nanas, precioso. Cuando dice que amaba demasiado, que no podía vivir sin enamorarse, porque así me siento yo.
Y cuando dices: los supuestos cadáveres que habían hecho a esas flores florecer. Me encanta que digas “flores florecer”, es una redundancia tan poética, Maca.
QUÉ LINDO TU LIBRO, POR LA CRESTA. Es hermoso, triste y verdadero.
Y luego, la lluvia, esas líneas, esas rayas que incluiste como intermedio del libro, no lo vi venir, me sorprendiste mucho, es un poco Nancy de Bruno Lloret. En esas líneas sentí agua o cascada o descanso o invierno.
Escribes como si siempre estuvieses descubriendo el lenguaje, como si en la conjunción de palabras encontraras posibilidades nuevas, inimaginables.
Eso, querida mía, gracias por permitirme leer tu libro antes. Hay gente que vio en instagram que te estoy leyendo y me pidió tu libro. De verdad. Ya, un beso, muy largos los podcast que te dejé, nos podemos juntar si quieres, pero necesitaba contarte esto primero.