La trilogía Cleave, para muchos, es el proyecto más ambicioso de John Banville, abarcando progresivamente las incertidumbres que deja la memoria, los romances abnegados o imposibles y la crisis yoica junto a la vejez.
Eclipse nos sumerge en el conflicto interno de un actor de edad que, luego de una crisis, retorna a su viejo hogar para esclarecer su memoria. Sin embargo, en dicho hogar la aparición de ciertos fantasmas del pasado y otras presencias, además de los delirios y divagaciones mentales que sufre, le harán reflexionar sobre todo lo que ha dejado atrás, lo desplazado o ignorado, en especial la vida con su hija; cuya intervención simbólica dará un cierre insospechado y ambiguo a la primera entrega.
Imposturas o Sudario nos habla de la historia de Alex Vender: un viejo enviudado que vive de su fama como escritor, que ha conseguido dicha fama a costa de usurparle el nombre a su mejor amigo fallecido en la época de la segunda guerra; siendo descubierto por la hija de Cleave, Cass, en todo lo concerniente a la polémica que trae consigo el hecho, aparte de los actos que hizo para llegar hasta donde está ahora. Ambos, no obstante, formarán una relación recelosa, claustrofóbica y patológica con el paso del tiempo. Pero dicha relación solo será una excusa por ambas partes para desentrañar los recuerdos de su pasado, siendo esta una relación sin futuro aparente.
Antigua Luz retoma la vida de Cleave, pero también su pasado con su primer amor, la madre de su mejor amigo, y su regreso a la actuación en el cine. Las reflexiones de Cleave lo lleva a pensar en la transición, desaparición y relación con las mujeres que lo han acompañado en diferentes etapas de su vida; del mismo modo, esa intensidad reflexiva lo lleva a ahondar en la tragedia acontecida en la vida de su hija durante el tiempo que no se vieron. Antigua Luz busca dar respuesta a los hechos nodales de las anteriores entregas, pero también aproximarnos a la historia personal de Cleave.
Cada novela refleja un tono distinto. Eclipse es la más poética de todas, así como la más melancólica en cuanto a reflexiones sobre el pasado y lo que uno es. Imposturas tiene un tono más dramático y misterioso, con personajes más entrañables y simbólicos. Antigua Luz, en cambio, es más freudiana, más directa, pero también esclarecedora y entretenida; tiene mejor dinamismo que sus predecesoras.
Sin duda, Banville es un escritor que le gusta ahondar en la crisis, en la temática que circunscribe a sus protagonistas. A veces da la impresión de que se obsesiona demasiado con la temática, creando cierta redundancia o saturación que agobia al lector. Pero hay que atenerse a lo que va: desmenuzar hasta lo último la incertidumbre de la memoria, la muerte, el amor y el Yo. Los ataca desde diferentes puntos hasta dejar en claro los pormenores de la novela.
Dicho así, Banville ha dedicado muchas horas de su tiempo en construir una larga historia literaria que abre las puertas a filosofar sobre lo que aqueja a sus protagonistas y, de cierta manera, lo que apertura a todos los seres con el paso del tiempo: la desconfianza del recuerdo, hacia nuestra memoria.