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The Joy of Captain Ribot
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This work is in the public domain in the United States of America, and possibly other nations. Within the United States, you may freely copy and distribute this work, as no entity (individual or corporate) has a copyright on the body of the work.
As a reproduction of a historical artifact, this work may contain missing or blurred pages, poor pictures, errant marks, etc. Scholars believe, and we concur, that this work is important enough to be preserved, reproduced, and made generally available to the public. We appreciate your support of the preservation process, and thank you for being an important part of keeping this knowledge alive and relevant.
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- GenresSpanish Literature
286 pages, Hardcover
First published January 1, 1900
About the author
Armando Palacio Valdés
237 books6 followersArmando Francisco Bonifacio Palacio y Rodríguez Valdés (1853-1938) was a Spanish novelist and critic. Palacio Valdés was born at Entralgo in the province of Asturias on the October 4, 1853.
His first writings were printed in the Revista Europea. These were pungent essays, remarkable for independent judgment and refined humour, and found so much favor with the public that the young beginner was soon appointed editor of the Revista. The best of his critical work is collected in Los Oradores del Ateneo (1878), Los Novelistas españoles (1878), Nuevo viaje al Parnaso and La Literatura en 1881 (1882), this last being written in collaboration with Leopoldo Alas.
In 1881 he published a novel, El señorito Octavio, which shows an uncommon power of observation, and the optimistic promise of better things to come. In Marta y María (1883), a portrayal of the struggle between religious vocation and earthly passion, somewhat in the manner of Valera, Palacio Valdés achieved a very popular triumph which placed him in the first rank of contemporary Spanish novelists.
El idilio de un enfermo (1884), a most interesting fragment of autobiography, has scarcely met with the recognition which it deserves: perhaps because the pathos of the story is too unadorned. The publication of Peredas Sotileza is doubtless responsible for the conception of José (1885), in which Palacio Valdés gives a realistic picture of the manners and customs of seafaring folk, creates the two convincing characters whom he names José and Leonarda, and embellishes the whole with passages of animated description barely inferior to the finest penned by Pereda himself.
A collection of his short stories appeared in English translation in 1935.
His first writings were printed in the Revista Europea. These were pungent essays, remarkable for independent judgment and refined humour, and found so much favor with the public that the young beginner was soon appointed editor of the Revista. The best of his critical work is collected in Los Oradores del Ateneo (1878), Los Novelistas españoles (1878), Nuevo viaje al Parnaso and La Literatura en 1881 (1882), this last being written in collaboration with Leopoldo Alas.
In 1881 he published a novel, El señorito Octavio, which shows an uncommon power of observation, and the optimistic promise of better things to come. In Marta y María (1883), a portrayal of the struggle between religious vocation and earthly passion, somewhat in the manner of Valera, Palacio Valdés achieved a very popular triumph which placed him in the first rank of contemporary Spanish novelists.
El idilio de un enfermo (1884), a most interesting fragment of autobiography, has scarcely met with the recognition which it deserves: perhaps because the pathos of the story is too unadorned. The publication of Peredas Sotileza is doubtless responsible for the conception of José (1885), in which Palacio Valdés gives a realistic picture of the manners and customs of seafaring folk, creates the two convincing characters whom he names José and Leonarda, and embellishes the whole with passages of animated description barely inferior to the finest penned by Pereda himself.
A collection of his short stories appeared in English translation in 1935.
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Community Reviews
Displaying 1 - 3 of 3 reviews
December 13, 2023
Esto no es una reseña, son notas personales mías
Opinión: es una novela del periodo realista del siglo XIX. Al principio me resultó bastante sosa y con poco interés, pero tras la renuncia del capitán a seducir a la esposa de su amigo, el argumento resulta de bastante interés. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que es una novela que podría haber sacado más jugo de su trama, probablemente con el materialismo de Castell.
Una novela buena, pero no muy memorable.
Resumen de la trama
El capitán Ribot es hijo de marinos y hace la travesia entre Barcelona y Hamburgo. En una escala en Gijón, un fuego a bordo le obliga a cambiar sus planes, con la casualidad de que está cerca del muelle cuando una señora cae al agua. Él se lanza a salvarla y así conoce a la señora, propensa a los desmayos, y a su hermosa hija Cristina.
Deslumbrado por la belleza de esta, comienza a visitar a la pareja mientras la madre se recupera, encontrando a Cristina tan bella por dentro como por fuera. Se divierten en las conversaciones, en los paseos y poco a poco va frecuentando más su compañía. Sin embargo, descubre al cabo de los días que está casada y que su marido viajará a Gijón a ver a su mujer y suegra. Este marido, Emilio Martí, es un rico empresario valenciano que resulta tener un ánimo afable, inocente y bueno. En seguida congenia con Ribot y le invita a viajar a Valencia, donde reside la familia, para poder verse de nuevo.
Ribot intenta en sus viajes olvidar a Cristina, pero finalmente, en una escala en Barcelona, en contra de su intención, toma un tren a Valencia y se aloja en un hotel. Visita a la familia en su casa y es alojado allí, donde sufre porque poco a poco va amando a Cristina y poco a poco va profundizando en su amistad con Martí, sin querer hacerle daño mediante una traición. Además, descubre que Cristina está encinta.
También conoce al resto de la familia: al hermano de Cristina, Sabas, que es un hombre perspicaz y de gran talento para analizar a la gente, pero que vive como un calavera con el dinero de su cuñado, al que critica por no tener visión de negocio, a pesar de lo que él piensa; su mujer, una pobre abnegada que perdona todo a su marido porque está locamente enamorada de él; doña Amparo, una mujer de gran caracter y cabeza y su marido gallego, un socarrón que a la chita cayando es el más espabilado de todos para los negocios, que tienen una hija, Isabel de 18 años; y finalmente a Castell, el amigo y socio de Martí, un hombre riquísimo, de gran cultura, que ha viajado por el mundo, materialista y para nada del agrado del capitán.
La novela entonces comienza a desentrañar su argumento: los amigos viajan a una alquería y allí pasan las tardes, los días, entre entretenimientos y conversaciones. Isabel ama a Castell, pero este no le hace caso; el capitán poco a poco repara en que Castell galantea también con Cristina, como él, y se plantea qué clase de amigo es Castell para Martí. Poco a poco va tomando conciencia que solo el negocio que Martí tiene con Castell va bien: el resto son fracasos de una mente demasiado ilusionada y optimista.
Tras un tiempo, el capitán renuncia con todo lo que puede a hacer la corte a Cristina. Esta ya ha tenido su hija y Martí pide al capitán Ribot que sea su padrino. Este se ve anodadado por la distinción. Poco después, varias personas comentan al capitán Ribot que Isabel le admira. Él no tiene interés en la chiquilla a la que dobla en edad, pero al resolverse no hacer la corte a Cristina, piensa que casarse con ella al menos le mantendrá cerca de Cristina y le hace la corte. Va a ver al gallego y a su mujer y les pide permiso para seguir en esa senda.
Una noche de verano, ambos salen a pasear al jardín de la alquería, y allí la niña le habla de dinero, del que necesitarán y del que tiene el capitán, puesto que lo ha calculado. Ver a esa mujer como un tendero hablando de dinero repugna al capitán que corta el compromiso. De vuelta a la casa, en la noche, ven a Castell y a Cristina hablando. Parece que pelean, mientras van a un cenador cercano. Isabel se esconde y los sigue para ver qué está pasando y el capitán la sigue, diciéndole que deje en paz a los otros dos.
Cerca del cenador, oyen como Castell amenaza a Cristina con arruinar a ella y su marido si no se presta a sus avances amorosos. Ella le replica que prefiere mantener la honra y ser pobre que al revés y que si se quiere vengar de ella que lo haga. Castell asegura que no se vengará, pero que antes de irse le deje besas sus ojos, a lo que Cristina se resiste. Viendo la violencia que está surgiendo, el capitán salta a ayudar a Cristina, enfrentándose a Castell. Isabel, que en secreto ama a Castell, salta en su ayuda y se van. El capitán y Cristina vuelven a la casa.
En un pabellón hablan de lo ocurrido y, mientras el capitán sostiene la mano de Cristina, aparece Martí, que estaba indispuesto en su cama, serio y distante, con la impresión de haberlos sorprendido en galanteos inapropriados. El capitán se excusa y dice que vuelve a la ciudad. Martí lo acompaña y hablan de que sería mejor si el capitán nunca volviese a ver a la familia.
El capitán se marcha y encuentra a Castell volviendo también. Este le da un discurso sobre como el ser humano no es más que un animal y que todas las convenciones sociales de la monogamia y de ese decoro y la traición al amigo no son más que tonterías. El capitán, asqueado, le dice que aun así, él prefiere una vida virtuosa. Pasa un año y medio navegando. El recuerdo de Cristina ya casi está borrado y solo cuando pasa delante de Valencia piensa en ella. De repente, llega una carta de Martí, diciéndole que está muy enfermo y urgiéndole a que vaya a Valencia a visitarle.
Allí le encuentra el capitán cercano a la muerte. Es pobre. Castell entró en pleito con él y se quedó el negocio rentable, llevándole a la bancarrota. Ha echado mucho de menos al capitán. El capitán le cuida, está a su lado, le lleva y pasea con él y así pasan unas semanas mientras el enfermo empeora. Finalmente, muere.
Tras el entierro, el capitán decide quedarse en Valencia, pues tiene dinero. Castell se ha casado con Isabel. La viuda queda con dinero para vivir, no mucho, pero suficiente. Aun así, gasta menos de lo que puede, porque el resto lo da a su hermano, que ahora necesita de su dinero para seguir siendo un calavera. Ribot, que tiene algunos ahorros, compra en secreto la alquería, pues sabe que es lo único que Cristina echa de menos de su antigua vida, y la dona a su ahijada.
El día del cumpleaños de esta, lleva a la familia a dar un paseo en coche. Se paran frente a la alquería y anuncia que ha hablado con el dueño y les ha permitido merendar allí. Todos se alegran excepto Cristina, que no quiere entrar en su alquería como una invitada. Allí meriendan y, finalmente, Ribot desvela que la dueña es su ahijada y ese es su reglado de cumpleaños.
Cristina se alegra inifnitamente y va a besar los muros y a ver los muebles que adornaban la casa, recuperados de la rapiña de los acreedores. Ribot hace un último intento y le dice a Cristina que, ya que ahora es viuda, quizá puedan ser algo más que amigo, pero ambos finalmente deciden que sería poco honroso para el recuerdo que tienen del muerto y de la amistad que les ha unido. Ribot se queda en Valencia, amigo de Cristina y orgulloso padrino de su hija.
Opinión: es una novela del periodo realista del siglo XIX. Al principio me resultó bastante sosa y con poco interés, pero tras la renuncia del capitán a seducir a la esposa de su amigo, el argumento resulta de bastante interés. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que es una novela que podría haber sacado más jugo de su trama, probablemente con el materialismo de Castell.
Una novela buena, pero no muy memorable.
Resumen de la trama
El capitán Ribot es hijo de marinos y hace la travesia entre Barcelona y Hamburgo. En una escala en Gijón, un fuego a bordo le obliga a cambiar sus planes, con la casualidad de que está cerca del muelle cuando una señora cae al agua. Él se lanza a salvarla y así conoce a la señora, propensa a los desmayos, y a su hermosa hija Cristina.
Deslumbrado por la belleza de esta, comienza a visitar a la pareja mientras la madre se recupera, encontrando a Cristina tan bella por dentro como por fuera. Se divierten en las conversaciones, en los paseos y poco a poco va frecuentando más su compañía. Sin embargo, descubre al cabo de los días que está casada y que su marido viajará a Gijón a ver a su mujer y suegra. Este marido, Emilio Martí, es un rico empresario valenciano que resulta tener un ánimo afable, inocente y bueno. En seguida congenia con Ribot y le invita a viajar a Valencia, donde reside la familia, para poder verse de nuevo.
Ribot intenta en sus viajes olvidar a Cristina, pero finalmente, en una escala en Barcelona, en contra de su intención, toma un tren a Valencia y se aloja en un hotel. Visita a la familia en su casa y es alojado allí, donde sufre porque poco a poco va amando a Cristina y poco a poco va profundizando en su amistad con Martí, sin querer hacerle daño mediante una traición. Además, descubre que Cristina está encinta.
También conoce al resto de la familia: al hermano de Cristina, Sabas, que es un hombre perspicaz y de gran talento para analizar a la gente, pero que vive como un calavera con el dinero de su cuñado, al que critica por no tener visión de negocio, a pesar de lo que él piensa; su mujer, una pobre abnegada que perdona todo a su marido porque está locamente enamorada de él; doña Amparo, una mujer de gran caracter y cabeza y su marido gallego, un socarrón que a la chita cayando es el más espabilado de todos para los negocios, que tienen una hija, Isabel de 18 años; y finalmente a Castell, el amigo y socio de Martí, un hombre riquísimo, de gran cultura, que ha viajado por el mundo, materialista y para nada del agrado del capitán.
La novela entonces comienza a desentrañar su argumento: los amigos viajan a una alquería y allí pasan las tardes, los días, entre entretenimientos y conversaciones. Isabel ama a Castell, pero este no le hace caso; el capitán poco a poco repara en que Castell galantea también con Cristina, como él, y se plantea qué clase de amigo es Castell para Martí. Poco a poco va tomando conciencia que solo el negocio que Martí tiene con Castell va bien: el resto son fracasos de una mente demasiado ilusionada y optimista.
Tras un tiempo, el capitán renuncia con todo lo que puede a hacer la corte a Cristina. Esta ya ha tenido su hija y Martí pide al capitán Ribot que sea su padrino. Este se ve anodadado por la distinción. Poco después, varias personas comentan al capitán Ribot que Isabel le admira. Él no tiene interés en la chiquilla a la que dobla en edad, pero al resolverse no hacer la corte a Cristina, piensa que casarse con ella al menos le mantendrá cerca de Cristina y le hace la corte. Va a ver al gallego y a su mujer y les pide permiso para seguir en esa senda.
Una noche de verano, ambos salen a pasear al jardín de la alquería, y allí la niña le habla de dinero, del que necesitarán y del que tiene el capitán, puesto que lo ha calculado. Ver a esa mujer como un tendero hablando de dinero repugna al capitán que corta el compromiso. De vuelta a la casa, en la noche, ven a Castell y a Cristina hablando. Parece que pelean, mientras van a un cenador cercano. Isabel se esconde y los sigue para ver qué está pasando y el capitán la sigue, diciéndole que deje en paz a los otros dos.
Cerca del cenador, oyen como Castell amenaza a Cristina con arruinar a ella y su marido si no se presta a sus avances amorosos. Ella le replica que prefiere mantener la honra y ser pobre que al revés y que si se quiere vengar de ella que lo haga. Castell asegura que no se vengará, pero que antes de irse le deje besas sus ojos, a lo que Cristina se resiste. Viendo la violencia que está surgiendo, el capitán salta a ayudar a Cristina, enfrentándose a Castell. Isabel, que en secreto ama a Castell, salta en su ayuda y se van. El capitán y Cristina vuelven a la casa.
En un pabellón hablan de lo ocurrido y, mientras el capitán sostiene la mano de Cristina, aparece Martí, que estaba indispuesto en su cama, serio y distante, con la impresión de haberlos sorprendido en galanteos inapropriados. El capitán se excusa y dice que vuelve a la ciudad. Martí lo acompaña y hablan de que sería mejor si el capitán nunca volviese a ver a la familia.
El capitán se marcha y encuentra a Castell volviendo también. Este le da un discurso sobre como el ser humano no es más que un animal y que todas las convenciones sociales de la monogamia y de ese decoro y la traición al amigo no son más que tonterías. El capitán, asqueado, le dice que aun así, él prefiere una vida virtuosa. Pasa un año y medio navegando. El recuerdo de Cristina ya casi está borrado y solo cuando pasa delante de Valencia piensa en ella. De repente, llega una carta de Martí, diciéndole que está muy enfermo y urgiéndole a que vaya a Valencia a visitarle.
Allí le encuentra el capitán cercano a la muerte. Es pobre. Castell entró en pleito con él y se quedó el negocio rentable, llevándole a la bancarrota. Ha echado mucho de menos al capitán. El capitán le cuida, está a su lado, le lleva y pasea con él y así pasan unas semanas mientras el enfermo empeora. Finalmente, muere.
Tras el entierro, el capitán decide quedarse en Valencia, pues tiene dinero. Castell se ha casado con Isabel. La viuda queda con dinero para vivir, no mucho, pero suficiente. Aun así, gasta menos de lo que puede, porque el resto lo da a su hermano, que ahora necesita de su dinero para seguir siendo un calavera. Ribot, que tiene algunos ahorros, compra en secreto la alquería, pues sabe que es lo único que Cristina echa de menos de su antigua vida, y la dona a su ahijada.
El día del cumpleaños de esta, lleva a la familia a dar un paseo en coche. Se paran frente a la alquería y anuncia que ha hablado con el dueño y les ha permitido merendar allí. Todos se alegran excepto Cristina, que no quiere entrar en su alquería como una invitada. Allí meriendan y, finalmente, Ribot desvela que la dueña es su ahijada y ese es su reglado de cumpleaños.
Cristina se alegra inifnitamente y va a besar los muros y a ver los muebles que adornaban la casa, recuperados de la rapiña de los acreedores. Ribot hace un último intento y le dice a Cristina que, ya que ahora es viuda, quizá puedan ser algo más que amigo, pero ambos finalmente deciden que sería poco honroso para el recuerdo que tienen del muerto y de la amistad que les ha unido. Ribot se queda en Valencia, amigo de Cristina y orgulloso padrino de su hija.
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May 21, 2022
Una lectura muy entretenida sobre el constante dilema de seguir lo que te dicta la conciencia o lo que te pide el corazón. Con una excelente narrativa que nos describe los lugares, los aromas, los sabores con una destreza tal que nos trasporta a lugares y épocas que sin haberlas conocido se nos hacen familiares.
Un clásico que vale la pena rescatar del olvido
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December 15, 2023
Nunca me he sentido tan engañada en mi vida como leyendo el final de este libro. Qué disgusto, 200 páginas y acaba como acaba...me siento estafada
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