El despertar del joven etcétera es una novela de tesis, donde la tesis se rebela y termina por asfixiar a la novela. La narración, que arranca con agilidad, y que tiene algunos momentos humorísticos, pierde fuerza progresivamente, a favor de largas entrevistas que Rozitchner incorpora al texto, como si hubieran sido realizadas por su personaje principal (hay también algunas que son evidentemente inventadas). El argumento es así: el mentado joven, Andrés, es un estudiante universitario, seleccionado en una especie de casting por su profesor favorito, Salsatti (sic), para colaborar con él en una especie de proyecto de investigación. Queda claro desde la primera página que Salsatti es un desastre intelectual y humano, y su retrato vira pronto hacia la caricatura. Andrés, si bien perdona y justifica los primeros desplantes que le hace el profesor, muestra desde el principio un pensamiento independiente y un claro rechazo a las ideas de su admirado Salsatti. Una lectura más compleja indicaría que Andrés escribe la historia desde el final, ya transformado por ella, y no sabe o no quiere dar cuenta de sus verdaderos sentimientos (o sea que uno de los dos, Andrés o Rozitchner, es un escritor bastante flojo). Salsatti le encomienda hacer una serie de entrevistas para un libro que está escribiendo sobre las depravaciones de la juventud moderna. Algunos de los entrevistados son nuevas caricaturas: la psicopedagoga posmo, progre y pelotuda, que lamenta la pérdida de los valores familiares; la secretaria gorda de la psicopedagoga, llamada Gladys (sic), que se mete en la entrevista y opina con igual autoridad que su empleadora; el ex militante de los 70 que reivindica la violencia y lamenta que los jóvenes hayan abandonado los ideales y los fierros. Otros personajes, inverosímilmente elegidos por Salsatti, y algunos de ellos por el propio Andrés, resultan brillantes, o por lo menos así se los presenta. Salsatti, en tanto desprecia las opiniones y el trabajo de Andrés, y su actitud se va tornando cada vez más violenta (porque esa es la gran moraleja de la historia: el profesor es un violento, mucho más que esa juventud a la que quiere juzgar con sus artilugios académicos, y a la que en realidad desconoce, etc.). Andrés se cansa y se retira a la quinta de un amigo en Castelar, donde completa las entrevistas y escribe una larga carta al editor, que es la novela misma, para explicar sus desavenencias con Salsatti. Una noche el profesor aparece en la quinta, borracho, y quiere atacarlo. Andrés se defiende y termina por golpear y noquear a Salsatti. Temiendo represalias, no se decide a dejarlo ir y lo mantiene cautivo en la quinta. Esto ocurre hacia la mitad de la novela, de manera que con el racconto de Andrés se superpone la crónica del malogrado secuestro. Hay otra historia paralela: Andrés empieza una relación con Natalia, una ex compañera de la facultad devenida en cuasi cocainómana, y que resulta ser . Y al terminar la novela, se va con ella a Uruguay. Uruguay es un símbolo de la utopía cercana: el lugar distinto pero parecido, un comienzo en blanco pero todavía anclado en la experiencia cotidiana. Es el lugar necesario para Andrés, que a lo largo de la novela ha roto casi todos sus vínculos, personales y culturales, con la generación anterior. El despertar es también una novela de crecimiento, que concibe la llegada a la adultez no como una transformación en miembro pleno de la sociedad paterna, sino como ruptura con esta sociedad, y escape de ella.
El destinatario de esta novela es idealmente porteño o bonaerense y eso creo que es algo claro para el autor quien utiliza frases y jerga de un nicho especifico del lenguaje platense. Sin embargo esto es un aparente embudo etimológico ya que se expande hacia conceptos que abarcan y exploran la violencia en la sociedad, en la familia, en la juventud y un mundo que intenta ordenarse pero que le cuesta. Me encantó la entrevista a Calamaro, pero más la de Jorge Cegún que concluye en dos cocas interesantes: uno que todo al fin y al cabo es natural (incluyendo la cultura) y que el exceso de critica termina por opacar el objeto. Lo recomiendo a estudiantes de la UBA.