Abilio, luego de pasar más de la mitad de su vida en aviones, entre aviones y con aviones, reflexiona qué lo llevó a vivir de ese modo y por qué mucha gente dedica tanto tiempo a viajar hacia ninguna parte. No fue fácil que llegara a estas preguntas, todo comenzó con un ligero malestar en los riñones que se transformó en una tristeza general, una especie de melancolía viajera insoportable que sólo logró entender gracias precisamente al Gordo Pelosi, su peor enemigo en la Asociación Internacional de Viajeros Frecuentes, y quien le advirtió de la Escala Tropecientos, una escala en el viaje a partir de la cual ya no es posible regresar.
Siento una especie de calidez encontrar en la última novela de Ignacio Padilla frases sobre viajes y ser feliz en una isla escondida. Pensaré que es una bonita coincidencia. Donde quiera que ande, ojalá sea en una playa griega.
La primera vez que leí este libro mi reflexión giró en torno a los viajes, a lo que implica emprender un trayecto y no saber qué hacer cuando ya no hay vuelta atrás, cuando se deja lo conocido y lo nuevo se convierte en angustia. Me dejé llevar más por los sentimientos de Abilio (personaje principal), los cuales asocio a la ansiedad e incertidumbre por no saber qué hacer con la vida después de creer haber hecho todo. En este 2022, bajo la relectura de esta novela, mi reflexión giró en torno a las decisiones que tomamos y en lo que puede pasar a nuestro alrededor; llegué a la conclusión de que hagamos o no hagamos las cosas, el mundo cambia. Me fijé más en personajes secundarios y en cómo estos influyen en la perspectiva del personaje principal. Uno de estos personajes, aunque con apariciones muy breves, me dejó un sentimiento de tranquilidad, pues plasmó que el apoyo –aunque sea con un simple consejo– es posible en un mundo que parece basarse en la competencia. Esta novela me hizo recordar una pregunta que llevo tiempo pensando bajo otros contextos, pero con el argumento del libro queda de esta forma: en una era donde estamos bombardeadxs por imágenes en redes sociodigitales, ¿realmente viajamos por nosotrxs, por nuestro deseo de conocer, o lo hacemos para conseguir fotos y agradarle a lxs demás? Lectura corta que recomiendo.
La literatura juvenil es algo que se mira de soslayo, sin embargo, en esta novela de Ignacio Padilla, hay una invitación a revalorarla y afirmar, como decía Sábato, que los grandes escritores dicen cosas profundas con palabras sencillas.
‘Última escala en ninguna parte’ es la reflexión retrospectiva de Abilio, viajero frecuente de aerolíneas, campeón de los aeropuertos que salió de su pueblo con la intención de ver el mundo antes de casarse con su novia y, por un golpe de “suerte”, ganó un concurso que le permitió seguir viajando y viajando y viajando... Hasta consagrar su vida a ser un viajero frecuente, nada más.
‘Última escala...’ nos invita a pensar sobre la dimensión social de nuestros quehaceres cotidianos (si no lo fotografías y compartes en redes, entonces no lo hiciste), sobre el riesgo inmanente que existe en colmar por completo nuestras aspiraciones, y cuál es el propósito que persiguen nuestras vidas. Como las buenas novelas, en esta encontraremos solo más preguntas y, si sabemos leer entre líneas, una o dos respuestas.
Un buen libro para invitar a la gente de todas las edades a la lectura.
Un cuento largo o novela corta fácil de leer. Aunque, su tamaño no impide la reflexión ni la extrapolación de la historia de un viajero a otros ámbitos de la vida de las personas. La interacción que tiene Abilio con los demás personajes diversifica las perspectivas y enriquece la trama principal. Algunos conceptos que me hizo pensar mientras lo leía fueron: º el destino y la incertidumbre del futuro º la suerte º la inercia Podría ser una buena opción para alguien que apenas está iniciándose como lector, aunque un lector acostumbrado a obras más densas también es capaz de disfrutarlo.
Erase una vez que era un grupo de amigos, mexicanos, muy cuates, que se distinguían desde la prepa porque leían -especímenes extraños-, y además, escribían -raritos, ¿qué no?-, y que sin el menor pudor, ya jóvenes autores hechos y derechos, se atrevieron a publicar una declaración titulada “El manifiesto del crack” que contenía una serie de propuestas, un conjunto de ideas en defensa de lo que ellos consideraban la “novela total”, agredida, de acuerdo a su visión, por tantos textos facilones, frívolos, superficiales y complacientes que saturaban las mesas de novedades de las librerías mexicanas.
Junto con el documento, el grupo de amigos presentaron como su carta de presentación cinco novelas: “Las rémoras”, de Eloy Urroz, “La conspiración idiota”, de Ricardo Chávez Castañeda, “El temperamento melancólico”, de Jorge Volpi, “Memoria de los días”, de Pedro Ángel Palou. y “Si volviesen sus majestades”, de Ignacio Padilla, constituyendo así, hace 25 años, lo que se conoció como la generación del Crack.
Sale sobrando comentar que la iniciativa generó reacciones de todo tipo. A mí, como lector, me llegaban, como una especie de ecos lejanos, las argumentaciones a favor y en contra de las propuestas de esos jóvenes… irreverentes, atrevidos e irrespetuosos escritores.
Lector voraz, pero sin formación en teorías literarias, lo que me divertía de la polémica era lo anecdótico: quién odia a aquel; qué revista patrocina al grupo; a quien publica a la revista aquella; cual de todos recibía más apoyo del gobierno zedillista, etc.
En plan serio, recuerdo que la iniciativa me causó simpatía y solidaridad, y creo que, al tratar de entenderla, reflexionando, analizando los argumentos expuestos en las discusiones generadas en torno a sus propuestas, sin ser académico, mejoré como lector.
Cuando un grupo de escritores, con talento, oficio y vocación, de edades parecidas, se reúnen en torno a la literatura, y la estudian, analizan y discuten, y además, la escriben, tarde o temprano cosechan frutos; y creo que las obras del crack lograron una producción si no rebosante, si sobresaliente.
Reconozco que de los cinco, con el único que forjé una relación de sólida fidelidad a sus publicaciones, y que perdura hasta la fecha, es con Volpi. Nunca leí a Ricardo Chavez, y poco, muy poco -sobre todo comparados con mis lecturas de Volpi- a Palou, Urroz y Padilla. Lamentable déficit lector.
Este año se cumplen 25 de la publicación del manifiesto y 5 del terrible accidente automovilístico que provocó el prematuro y doloroso fallecimiento de Ignacio Padilla (1968-2016). Escritor prolífico, su obra cosechó una ingente cantidad de Premios Literarios. Trabajó en la diplomacia mexicana, promovió desde sus estadios la lectura, escribió ensayo y novela, y además, cuentos y novelas para los niños.
“Última escala en ninguna parte” la clasificaron como lectura juvenil; pero no se vayan con la finta. Relato corto o cuento largo, publicado de manera póstuma en 2017, cuenta la historia de Abilio, un viajero frecuente, de esa clase de trotamundos que orgullosamente, presumen a todo quién se deje, sobre las millas acumuladas en las tarjetas que las aerolíneas acostumbran utilizar para premiar a sus clientes. Todos conocemos a un viajero así.
Relato lleno de humor, de entrañables personajes -Liborio, la momia; El sombrero loco; su encarnizado rival: El Gordo Pelosi-, de anécdotas que de tan absurdas te parecieran reales: de avión en avión, de aeropuerto de primera a puerto aéreo que parece central de autobuses mexicana, lo importante para Abilio, era la acumulación de las millas y los premios concedidos por las aerolíneas.
El relato, aunque breve, te ofrece múltiples lecturas. Los viajes como metáfora de nuestra incansable búsqueda de quimeras; la pérdida de la identidad por la absurda pretensión de encajar en un grupo; los tristes resultados que alcanzas cuando la ambición te empuja a alcanzar metas frívolas e insustanciales.
Lectura y texto como pretexto para conmemorar y honrar a un grupo de escritores mexicanos, a una iniciativa que produjo frutos, y en recuerdo de un escritor elegante, elocuente y generoso. ¡Te leo!
Una obra para un vuelo corto, una historia que te deja una gran experiencia. Es un cuento verdaderamente escalofriante, que comienza por un simple deseo de Abilio, de saber lo que hay fuera de su pueblo y sentirse libre de todo lo que conoce, pero que poco a poco desarrolla el tema sobre la necesidad del hombre por ser "valorado" ante los de su "especie" y entonces cae en ese estado adictamente caótico, lamentándose de no ser libre y aceptando las ataduras de su nueva vida.
Llegué a este libro gracias al título, pues amo los aviones, los aeropuertos y, por supuesto, viajar, así que se convirtió en mi lectura del último sábado (19/10/2019). Y aunque me esperaba algo completamente diferente, terminé maravillado con esta historia que, a pesar de ser tan cortita (48 páginas en su edición física), posee un gran significado que dejará al lector pensando.
La historia inicia de una manera sencilla y bastante colorida, lo cual le hará pensar al lector que se encuentra ante una buena historia, que resultará entretenida, pero que carecerá de mayor profundidad o significado. Nada más alejado de la realidad.
El universo de personajes es diverso, los hay de todo tipo, pero rescato a tres de ellos. Primero, el tío Maclovio, un hombre a quién nunca se ha visto, siquiera, salir de su casa, pero que da consejos sobre viajes como si fuera todo un erudito en el tema. Maclovio tiene una breve pero contundente aparición en la historia y, he de admitir, que se ha vuelto uno de los personajes más entrañables de toda la literatura que he consumido este año. También está el Gordo Pelosi, el antagonista principal de la historia, quién a pesar de estar del “otro lado” es completamente empático con el lector (yo le agarré mucho cariño) y que protagoniza una vuelta de tuerca realmente sorprendente. Finalmente, pero no menos importante, está Abilio, el protagonista, quién un día decide dejar su pueblo en México para ir a conocer el mundo y termina atrapado en un viaje “a ninguna parte”.
El libro es una crítica a la sociedad actual, la cual nos vende la falsa idea de libertad cuando lo único que hace es volvernos prisioneros de un sistema sin fin que nos exige ser “felices” y “exitosos” según sus propios parámetros y nos obliga a luchar contra los demás para ser siempre los mejores.
"-Cuando uno viaja hay que ponerse en manos del destino -me decía mi tío Maclovio mientras tomábamos una limonada en el cobertizo-. Y el destino, sobrino querido, es demasiado caprichoso. El destino no es de fiar- -¡Pero de eso se trata, tío! -replicaba yo-. Los viajes deben sorprendernos siempre. -No lo creo -decía él-. No me gustan las cosas que no puedo controlar ni prever. Cualquier día estás en un país lejanísimo, pierdes tu pasaporte y te meten a una cárcel maloliente llena de piojos y ratas y políticos. Otro día planeas un día de campo y se desploma sobre tu cabeza la peor tormenta. En los viajes la gente te habla como si nada en idiomas que nadie entiende. Y entonces puede ser que pidas sopa y te sirvan un filete. Yo, sobrino mío, soy vegetariano. Además, si te mueves demasiado por el mundo, puedes llegar a un punto a partir del cual ya no te será posible regresar. Así que mejor me quedo aquí, tranquilo".
"Queremos llegar más lejos que nadie hasta que entendemos que la Tierra es redonda y que no se puede llegar más lejos que nadie".
"Las cosas y el tiempo y las personas siguen adelante aunque no estemos allí. El sol se pone cada mañana en los pueblos más pequeños y en las ciudades más grandes. Y la gente ama y desespera en sus vidas grandes o pequeñas, cada una a su manera, cada una viviendo, esperando y muriendo como puede".
Esta es una historia compuesta por doce capítulos bastante cortos, que, aunque se dice que pueden ser leídos de manera independiente como pequeños cuentos de no más de cinco páginas, yo aportaría que, desistiendo de la comedia, e internándose más en las desventuras que significa un aparente paraíso sin escapatoria; nos encontramos con una pequeña historia sobre la fugacidad de la vida contemporánea, y cómo podemos recorrer de manera aparente mil vidas, que a su vez, la mente logra desestimar por un desmesurado sentimiento de aventura. Es también la muestra de una incesante misión por acaparar experiencias vacías —tonterías— donde la vida se reduce a un simple álbum de fotografías. El mundo entero se convierte en un insípido paisaje y las maravillas de este se muestran como irritantes caricaturas.
Este libro es una historia que muestra el descenso a la locura del pobre y a la vez afortunado Abilio, un hombre bastante desentendido de la vida corriente, que, por culpa de su tío termina internándose de manera cómica y obsesiva en un viaje aparentemente sin retorno; adquiriendo inagotables premios para consagrar su vida como el hombre que más millas aéreas ha logrado recorrer en el mundo, pero, como indica el título, llegará a una última escala ¿Qué queda cuando no hay nada más que recorrer? ¿Si su vida corriente con el tiempo se transparentó hasta dejar de existir?
Un libro sobre la melancolía que puede producir el sobre acapararse de experiencias vacías, adormecerse entre límpidas y adormiladas aventuras.
Sin duda, un muy grato descubrimiento de la narrativa mexicana.
Una relectura de esta novelita corta, o mejor dicho, relato largo de Ignacio Padilla que creo, muy al estilo de Mario Levrero (aunque no quiero decir que lo haya copiado en nada) esconde en su interior una metáfora más potente de la que podemos raspar solo por arriba. En los aeropuertos hay un tipo de gente que parece como tú o como yo, pero no lo son en absoluto: son viajeros frecuentes, gente que toma un avión y después otro y después otro y viajan por todo el mundo como gitanos del aire, sin detenerse más de dos días en un lugar. Forman una cofradía invisible con un destino hacia ninguna parte. Bueno, a lo mejor no son tan diferentes de ti y de mi, solo que ellos pasan su vida en el aire. Esta es la última novela de Padilla y en cierta forma encierra en ella las cosas como son: estés ahí o no, las cosas no se detienen. Tal vez el único detenido es uno, pues... Vaya, y a lo mejor es una metáfora sobre los lectores de los muchos libros...
La escala tropecientos... ese lugar del que ya no hay retorno. ¿Después de haber viajado millas y millas, aún puedes sentir que estás estancado? El protagonista del libro inicia un viaje para conocerse así mismo y hacer recuerdos,pero todo viaje tiene sus riesgos y ni siquiera las advertencias del gordo Pelosi serán suficientes para evitar que Abilio se pierda en el confuso mundo del viajero frecuente.
Una historia que es sencilla, rápida y amena; y sin embargo es capaz de hacer reflexionar y analizar sobre todas las decisiones que tomamos, explora la trascendencia y la motivación. Una novela apta para quienes buscan una lectura rapida e interesante.
Cuando me pregunten qué libro le recomiendo a alguien que quiere comenzar a leer, sin lugar a dudas, le sugeriría que este puede ser una buena opción. Es de lo mejor que he leído este año. Además su diseño editorial es precioso. De igual manera, a mis amigxs lectorxs les diría que se regalaran esta obra y la disfruten en una tardecita de domingo. Una vez que empiezas su lectura no es posible parar.
La vida es un viaje con escala a ninguna parte, así que tratemos de disfrutar de esa odisea personal, pero siempre tengamos lugares seguros y personas a las que podamos llamar hogar.
Este libro me gustó mucho. Es interesante cómo juega con la idea de no llegar a ninguna parte o quizá llegar a todas y sentirte en ninguna parte. Me pareció una historia divertida que te atrapa y te mantiene atento a lo que sucede alrededor del protagonista, con sus personajes excéntricos y misteriosos. El libro es sencillo, corto, pero bastante profundo a la vez. Te hace reflexionar sobre el sentido de hogar, la rapidez de la vida y la insistencia en este mundo actual a viajar sin, muchas veces, un propósito real. Lo recomiendo totalmente
Me resulta increíble y loable el hecho de que, en apenas 50 páginas, Padilla diseñe una narración en la que la noción de espacio y tiempo son de suma relevancia. Esta es, además, una novela que cuestiona e invita al lector a cuestionar su percepción del tiempo transcurrido, la memoria, la nostalgia y olvido. La narración por capítulos—tan cortos como la extensión de la obra permite— agiliza el acto de lectura, asemejándose por momentos a una colección de relatos cortos, guardando siempre una estrecha conexión entre sí.
Hay ocasiones en las que creo que los libros llegan a uno por alguna razón. Aunque éste ya tenía planeado leerlo núnca me imagine que me pegaría tanto. Me recordó que no hay que correr o dejarse llevar siempre porque luego no hay retorno. Un libro corto y magnífico con una historia profunda y con buen trasfondo.
No era lo que esperaba... Pero al igual que el destino con Abilio, me sacudió, me trastocó y me metamorfoseó. Había leído la literatura infantil de Padilla y no sabía cómo me iba a relacionar con este libro. Pero este es un autor que no decepciona, y por ello y con esta nueva entrega, me declaro fan irremisible de su obra.
Que buen libro, me encanto. Este libro me engancho desde la primera pagina y no pude dejar de leerlo, queria saber que iba a pasar con Abilio y con todo lo que tenia que ver con los viajeros frecuentisimos. Cuando lo estaba leyendo, sentía que era yo quien estaba viajando y conociendo esos lugares de los cuales espero un dia poder visitar.
Novela corta sobre viajes. Aquí se hablan de la vida en aeropuertos y aviones, pero todo eso es una excusa para mostrarnos temas que se centran en el "buscarse", ya que el personaje principal siente que algo le falta aunque haga lo que aparentemente le guste. La verdad fue una lectura corta y muy buena, super recomendado.
Una lectura corta pero sumamente disfrutable. En muy pocas hojas te logra sumergir en el mundo y ver la evolución del personaje. Junto con Abilio vamos descubriendo cada escala hasta que te terminas reflexionando con él sobre tu propia.
Lo compré porque estaba en descuento en Gandhi y termino sumamente contenta. Este libro es una viaje para pensar de nuevo qué es lo que nos mueve a seguir.
Puede que este libro sea pequeño, pero la historia es muy interesante, la verdad siento que el autor transmite muchos sentimientos y la historia es muy completa por cómo transcurre y cómo te lleva de la mano.
No sé por qué nunca antes lo había leído. Fue un gran escritor y está novela siendo su última y primera que yo leo me dejó pensando demasiado como su personaje lo hace durante todo el libro