Los clásicos de los siglos de oro y la inspiración poética constituye una nueva lectura de medio centenar de poetas, españoles especialmente pero sin olvidar a italianos e ingleses, en busca de sus ideas acerca de los móviles que les empujan a escribir. Muchos se sienten tocados de locura divina, insuflados por las musas o casi dioses, parientes de Apolo y Orfeo o sus mismas reencarnaciones. Otros achacan su necesidad de expresarse al sentimiento que los desborda, bien sea en forma de Amor o de la amada. Los versos son, pues, "la voz a ti debida" en palabras de Garcilaso. Hasta que un genio barroco con la altivez de Góngora proclama que no debe su numen a nadie ("la voz es mía"), con lo que modifica el concepto de autoría y da un paso de gigante en las relaciones de propiedad del artista con su obra.