Éliphas Lévi, pseudónimo de Alphonse Louis Constant (1810-1875), es conocido, sobre todo, por sus numerosos libros sobre magia y otras ciencias ocultas, como la cábala, entre las que destaca Dogma y ritual de la alta magia, que le brindó una fama considerable a finales del XIX.
Menos conocida es su faceta de agitador político y socialista utópico, a la que responde en mayor medida este Hechicero de Meudon (1861). ¿Quién es este «hechicero »? Nada más y nada menos que el escritor François Rabelais, aquí convertido en personaje de una divertida novela de aventuras y desventuras, con continuas referencias al universo de Gargantúa y Pantagruel. Entre frailes borrachuzos, amores terrenales, acusaciones de herejía y canciones de taberna discurre la vida de este Rabelais, que se nos revela finalmente no como un brujo sino como un sabio cuyo mayor poder es la fe en una Humanidad libre, regida por el lema: «Haz lo que quieras».
Éliphas Lévi is the pen-name of Abbé Alphonse Louis Constant, a Roman Catholic priest and magician. His later writings on the Tarot and occult topics were a great influence on the Spiritualist and Hermetic movements of fin de siècle England and France, especially on such members of the Hermetic Order of the Golden Dawn as Arthur Edward Waite and Aleister Crowley.
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Éliphas Lévi es el nombre adoptado por el mago y escritor ocultista francés Alphonse Louis Constant.
Francois Rabelais fue un monje, pero sobre todo un escritor, sobre el cual se crearon toda clase de fábulas. De todas ellas, esta es la más bella y la que mejor intenta comprender el espíritu del personaje: siempre defensor de la vida y de la Divina Botella, el mejor de todos los oráculos (in vino veritas), compasivo, risueño. Éliphas Lévi no solo profundizó en la caracterización emocional de Rabelais; también, quizá en perjuicio de la verdad, pero no de la belleza, incluyó sus ideas políticas, su socialismo utópico, todavía lejano del de Marx y Engels, más próximo a la poesía que añoraba una Edad de Oro y a ese romanticismo incipiente, preocupado por la armonía, que tan bien representó Novalis. ¡Precioso libro y muy divertido!