¿Tu padre esconde números de Playboy en la parte más alta del armario? ¿Alguna vez imaginaste tu propia película XXX y te encerraste en el baño para consumarla? ¿Te gustan las señoras de la tercera edad? ¿Los cojos? ¿Los calvos? ¿Las holandesas?… ¿Vendiste fotografías de tu hermana a los compañeros de clase a cambio de fotografías de Denise Dior y el caballo?… ¿Bajaste episodios de “Bangbus” de Internet?
Pues si no lo has hecho, al menos lee este libro. No porque vayas a encontrar todo lo anterior (la verdad, ninguna de estas historias tiene que ver ni con ancianos ni calvos ni holandesas), sino porque encontrarás otros tantos personajes, y otras tantas meditaciones, y un sinnúmero de maravillosas “puestas en escena” reales y virtuales que te confirmarán que la única condición de este libro es, efectivamente, la pornografía.
Salvador Luis (Lima, 1978) is a Peruvian-American writer, editor, and scholar. He studied film and literature and earned a doctoral degree in Romance Studies at the University of Miami. He is the author of several short story collections and short novels, and his work has been included in national and international magazines and compilations. As a literary editor, he has coordinated fiction anthologies for Latin American and Spanish publishers and edited online magazines like “Los noveles” (2001-2011), “Specimens” (2013-2017), and "Cósmica Calavera" (2020-). He currently lives in the United States, where he teaches film and literature at the college level.
Salvador Luis (Lima, 1978) es un narrador, editor y académico peruanoestadounidense. Estudió dirección de cine y literatura y se doctoró en Lenguas Romances por la Universidad de Miami. Es autor de libros de cuentos y nouvelles, y su obra integra revistas y compilaciones nacionales e internacionales. Como editor, ha coordinado y prologado antologías de narrativa contemporánea para editoriales de América Latina y España y dirigido revistas en línea como "Los noveles" (2001-2011), "Specimens" (2013-2017) y "Cósmica Calavera" (2020-). Actualmente reside en los Estados Unidos, donde se desempeña como catedrático de cine y literatura.
En estas páginas hay un actor porno que descubre que tiene sida. Hay un católico que sufre por su adicción a la pornografía. Hay una viñeta de sexo lésbico entre una villera y una policía. Hay una relación condenada porque el hombre no está dispuesto a renunciar a su afición por la pornografía. Hay una anécdota triste sobre cómo se conoció una pareja, en la que el único elemento sexual que se menciona es el tamaño de una pija. Hay una pareja de cincuentones que empieza a distanciarse y herirse, para la que quizás cierto el cibersexo sea una esperanza. Hay un actor porno ecuatoriano que es víctima de racismo. Hay unos videos en los que aparece una muñeca sexual perturbadora. Hay una mujer con cáncer de mama, postrada en la cama de un hospital y que está caliente. Hay una amistad que surge como consuelo entre dos miembros del equipo de una revista porno. Hay una pareja que entra a un cine porno donde la chica vive una situación ominosa. Hay dos mujeres que se hacen amigas en una oficina y se reúnen a ver porno. Hay mujeres esperando en un cuarto para tener sexo, pero sólo encuentran decepción. Y hay, por último, una actriz porno con un tumor en el cerebro. Si bien no son relatos pornográficos (salvo uno), la pornografía atraviesa con diferente grado de protagonismo todas estas historias, que también tienen en común un dejo melancólico, como si el porno fuera un refugio (o la causa) de cierta soledad intranquila.
Mis favoritos: “Deep Inside” de Vizania Amezcua, “Una hermosísima concha” de Giovanna Rivero y “Esa troncha trenza de cana” de Gabriela Bejerman.