Frente a una Europa agotada y amenazada por los totalitarismos, María Zambrano viaja a América para encontrar un refugio. Aunque para obtenerlo debe pagar un alto precio, la escasez y la soledad serán sus compañeras infatigables, no ceja en su lucha. Finalmente recala en Puerto Rico y desde allí, desde ese observatorio insular, contempla nostálgica la devastación de su continente de origen y vuelve los ojos a América, a la esperanza de un mundo mejor. María Zambrano concibió esta obra como un texto independiente, completo en sí mismo y autosuficiente, pero como tal sólo había sido publicado una vez en América (La Habana, 1940) y ninguna en España. Ahora, Vaso Roto viene a llenar este agujero, publicando el texto como el libro que siempre debió ser, en una cuidada edición y cuyo prologuista es uno de los mayores estudiosos de María Rogelio Blanco Martínez.
Ensayista y filósofa española. Discípula de J. Ortega y Gasset, Zubiri y Manuel García Morente, fue una de las figuras capitales del pensamiento español del siglo XX.
Profesora en la Universidad Complutense de Madrid, se exilió al término de la Guerra Civil y ejerció su magisterio en universidades de Cuba, México y Puerto Rico. Tras residir en Francia y Suiza, regresó a España en 1984. Fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981), y el Cervantes (1988).
Su pensamiento, vinculado a las corrientes vitalistas del siglo XX, giró en torno a la búsqueda de principios morales y formas de conducta que fueran aplicables a los problemas cotidianos. Su preocupación mística, la forma de abordar los conflictos éticos, y el estudio de la interrelación entre realidad y verdad, reclamaban la necesidad de un profundo diálogo entre el ser y su entorno.
Para ella era preciso establecer tres modos de razonamiento: el cotidiano, el mediador y el poético. Desde este último se aproximó a lo sagrado, el lugar donde se encuentra la explicación de lo trascendente, la lógica del misterio.
En su amplísima producción destacan: Filosofía y poesía (1939), La confesión, género literario y método (1943), El pensamiento vivo de Séneca (1944), La agonía de Europa (1945), Hacia un saber sobre el alma (1950), El hombre y lo divino (1955), España, sueño y verdad (1965), El sueño creador (1965), La tumba de Antígona (1967), El nacimiento. Dos escritos autobiográficos (1981), De la Aurora (1986), Senderos (1986), Delirio y destino (1988), y Los sueños y el tiempo (1992), entre otros.
Dice María Zambrano, en el breve escrito que presenta esta recopilación de conferencias, que estos textos son una continuación de los diálogos que la pensadora mantuvo con sus amistades en largos paseos bajo el atardecer de la isla. Es fácil imaginar que la abrumadora y terrible situación política que en la Europa de los años 40 acabó con el exilio de Zambrano a América Latina y a otros destinos propiciara, a su vez, unas reflexiones tan acertadas sobre la idea de isla (una tierra apartada de su horroroso presente, que la acogería y donde forjó grandes amistades) como promesa de un mundo mejor. La isla como un espacio en blanco, nostálgico, que nos inspira algo incorrupto, un ser humano aliado con la naturaleza, con toda la «fuerza de la realidad junto con la pureza de lo soñado». Zambrano utiliza la isla como metáfora de un devenir utópico, que es, en definitiva, un deseo de democracia donde el ser humano pueda desarrollar todo su potencial en libertad frente a un mundo en retroceso. Unos textos bellísimos e inspiradores que influenciaron la futura constitución puertorriqueña y que permanecen cargados de sentido en los tiempos convulsos que vivimos en la actualidad.
“Cuando la esperanza se dispara, recorre en sentido inverso el camino del pasado.” (49). En este ensayo-epístola, se habla sobre los orígenes de la nostalgia y la esperanza, la necesidad de la soledad, las posturas políticas y sociales del Viejo Continente ante el Nuevo, las primeras expectativas; cuestiones dicotómicas entre el yo y el otro, la civilización y la barbarie, el campo y la ciudad. Con Isla de Puerto Rico, María Zambrano nos recuerda el tópico del Beatus ille, que revela que eternamente seremos pastores desterrados intentando regresar a esa tierra primigenia que siempre representará toda posibilidad de esperanza y huida. Zambrano nos dice que la esperanza encuentra su raíz en la nostalgia: “Toda nostalgia cuando se dirige a algo se transforma en esperanza. ¿Qué nos hace esperar?” (36) y la Isla de Puerto Rico es un espacio ideal para recordar el descubrimiento de la esperanza y anidarla allí.