Luis Jorge Boone propone al lector sumergirse en un abismo de dolor y desolación con "Toda la soledad del centro de la Tierra". La novela describe una cruda y visceral radiografía de la violencia que carcome a México.
La historia de Chaparro, un niño que emprende un viaje solitario por una carretera oscura, buscando a sus padres, se entrelaza con la tragedia de un pueblo azotado por la violencia. Boone utiliza una prosa poética y descarnada para narrar esta odisea.
Los versos intercalados, que a veces se tornan reiterativos en el relato, añaden una dimensión poética a la novela. Estos narran la historia de los desaparecidos, en Los Arroyos, aunque en realidad hablan sobre la masacre de Allende, una de las más sangrientas de Los Zetas, que llegó a ser el cártel más violento de México.. Esta combinación de prosa y verso crea una atmósfera opresiva y conmovedora.
Otro de los aciertos se enmarca en el relato intercalado "La Sangre". Este segmento, que narra la historia de doña Susana un personaje que sin querer se ve envuelto en la violencia. Lo que le sucede se entrelaza de manera precisa con la trama principal. La sangre, como metáfora de la violencia y la muerte, se convierte en un hilo conductor que une a todos los personajes y los sumerge en un espiral de dolor y desesperanza.
En definitiva, la novela nos obliga a confrontar nuestra propia visión ante la violencia. Boone nos invita a reflexionar sobre las causas y las consecuencias de este flagelo que afecta a toda la sociedad latinoamericana.
"Delante de nosotros van nuestros fantasmas.
Caminan con pasitos quietos,
casi no se mueven, o es el mundo
el que gira ya sin ellos.
Son una plegaria,
una oración a un dios que ya se cansó de oírnos,
una pesadilla que casi tocamos,
que se nos acerca mucho,
mucho, con los ojos cerrados,
y los abre
y despertamos."