Editado por Plaza & Janés, en su colección Rotativa en 1972, este libro está compuesto por el relato “Torotumbo”, la obra en teatro “La Audiencia de los Confines” y el poemario “Mensajes Indios”. En tres géneros literarios distintos encontramos las más altas calidades estéticas y literarias de Miguel Ángel Asturias, esa prosa versificada enraizada en los dioses antiguos del continente que recrean una Guatemala mítica y mágica, un confín de nuestra América Mestiza en donde los márgenes del tiempo fracasaron, donde no hay ciclo ni continuidad, todo es pasado, presente y futuro, todo es espacio sideral, todo es bebida, mezcal y mestizaje. No es una lectura, es un subidón enteógeno ritual. En el universo de Asturias encontramos la mezcla precisa y preciosa de la estirpe, aquellos pueblos guerreros y espirituales autóctonos, caribes, afros, huaraos y peninsulares que configuraron este territorio exótico, ese paraje que en palabras de Carpentier “no agota su caudal de mitologías”. Es ese toque de magia que salpica la realidad del continente, ese enfoque que sería catalogado como “Realismo Mágico” y quedaría certificado en el Premio Nobel; el que destila con elegancia y virtuosismo de la pluma de Asturias.
El “Torotumbo” es la danza guerrera de la libertad. El terrible crimen de Tamagás, miembro del “Comité de Defensa contra el Comunismo” y dueño de la tienda de disfraces, desencadena las huestes del torotumbo toroblanco, tototumbo toronegro. El despiadado, el cruel, el perverso y sádico cunde, se atiborra, gime, estrangula, penetra, colma sus instintos sobre el cuerpecito despedazado de Natividad Quintuche, niña de 7 años. Criatura inocente, asustada por los cuernos, colas y pelos de los espeluznantes disfraces, se pierde entre las sombras y la envuelven las garras del diablo, del diablo-hombre que después de la perfidia, de embadurnar de semen a la víctima, culpa al demonio, a “Carne Cruda”. Culpa al traje y a la máscara, a sus ojos verdes, cuernos amarillos y blancos colmillos, culpa a la superstición salvaje de los naturales que se tragan tamaña hipocresía. Las batallas políticas confluyen con los bailes ancestrales, en nombre del “anticomunismo” se tortura y se asesina a los pensadores de la justicia y la libertad. El festín de tambores será el presagio de la tormenta, la fiesta que subvierte el orden, la celebración que se convierte en caos. Y nosotros, con los diablos y los santos a cuestas, con sus voces y sus cantos, su música y zapateo.
“La Audiencia de los Confines” es una obra teatral histórica, basada en los debates y el desorden que produjo la promulgación de las “Leyes Nuevas de Indias” en 1542-1543 entre los curas, encomenderos, hispanos, caciques, curacas y naturales de la “muy noble y muy leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala”. Escrita en 1957 durante el exilio de Asturias en Buenos Aires, toma el nombre del primer órgano corporativo de gobierno y de administración de justicia que se estableció en el Reino de Guatemala de 1542 a 1563. La obra se divide en 3 actos y se construye alrededor de la figura del Padre Bartolomé de las Casas y el impacto que trajo consigo su triunfo “teológico” sobre Sepúlveda en Valladolid para conseguir la “libertad de los indios”. Para los encomenderos eran inadmisible perder a sus esclavos, sus ganancias, su usufructo y sus indias para la cópula. Era una afrenta pues se consideraban herederos directos de la conquista de tierras y mujeres. Para los frailes, curas y canónigos, los decretos eran necesarios para la evangelización del Nuevo Reino, para frenar el abuso y la lujuria, para una difícil transición, para la conversión con Biblias, lenguas y crucifijos. La masa de indios confundida, en marcha en pos de sus tiranos, clamando venganza y justicia. Aterrados, manipulados se alienan, y se alinean con los encomenderos, con sus amos, con los patrones; se saben oprimidos sin reconocer a su opresor. Empieza un proceso de negociación en la América Hispana, un debate de sangres en combinación, de sincretismo, de hibridación, de creación y recreación, de encuentro y desencuentro, una región fantástica que destaca en el universo lírico y anacrónico de Asturias.
Los “Mensajes Indios”, publicados en 1958, son las métricas del heraldo de una sabiduría incomprensible de aquella época fallecida; cuanto los montes y los ríos, tan sagrados como las piedras, los castores y el jaguar, hermanados con los hombres, cantaban líricas y melodías tan sublimes que fueron grabadas únicamente en la memoria y nada más. Es un homenaje a la savia bruta y elaborada, al maíz, a los colores, a Cuculcán, al fuego, al sur, al ocaso, a la mañana, al copal, a Guatemala, a la marimba, al mar, a los ancestros, al silencio, a la belleza, a los tejidos. Las descripciones de Asturias son fabulosas, cargadas de tonos atávicos, de ritmo, de estilo, de magia, de olores y sensaciones míticas. Tres obras que demuestran ese cruce de caminos de la realidad y la ficción, el tinku, la danza y la poesía como armas de liberación, como el martillo que romperá nuestras cadenas.