«No me rayes» o de la pérdida de la inocencia y las ganas de apropiarse del mundo. De romper, aunque sean farolas. Del deseo de primeras experiencias sexuales y de empoderamiento. De la tendencia a significarse o integrarse en una tribu urbana. Del consumo de alcohol y drogas baratas. De los pequeños delitos sin consecuencias por la minoría de edad penal. De la adrenalina, en definitiva, previa a la frustración de una forma vaga de rebelión individualista.