Le tenía una pereza monumental. Mi hijo lo trajo del colegio y empezamos a leerlo para hacer la tarea. Pero me terminó gustando. Es una versión para niños y super resumida de las travesía de Odiseo para volver a Ítaca. Me recordó pasajes que había olvidado de La Iliada y, sobre todo después de haber leído El infinito en un junco que menciona tanto estos poemas, me dieron ganas de reelerlo. Mi hijo en realidad disfrutó la historia con cíclopes y monstruos marinos incluidos y, para mi fue una excusa para hablar de dioses griegos y hasta de reflexionar sobre las “tretas” de Odiseo (El libro traduce “Odiseo el hombre de las mil tretas”) para saber hasta donde la inteligencia es mejor que la fuerza y hasta donde engañar a alguien para conseguir nuestro objetivo es astucia o trampa.