Daniel Cormack, agente de los Servicios Secretos del Vaticano, recibe instrucciones para desentrañar lo que en principio podría ser una amenaza terrorista contra un símbolo importante de la Iglesia Católica. Pero jamás imaginará que detrás de lo que cree una misión más, se esconde el gran misterio de las tablillas de barro en las que dos mil años antes, San Matías, discípulo de Jesús, trató de perpetuar el mensaje del Hijo de Dios. Un secreto que durante siglos ha permanecido bajo la custodia de hombres celosos de su posesión. Desde un caballero de la Orden del Temple, defensor de Jerusalén, un pirata turco, partícipe en la Batalla de Lepanto, o un soldado de las tropas de Don Juan de Austria, hasta nuestros días, en las que son cruciales para el desenlace de esta fascinante historia. Una trepidante novela en la que J. F. Creagh consigue que el lector viva en su piel el peligro como si se tratara de uno de los protagonistas.
Me gusta leer novela histórica... por formación. Me encanta leer thrillers, novela negra, intriga, suspense... por afición. Y si ambas cosas convergen en una novela que además tiene como escenario una ciudad que conozco, adelanta muchos puestos en mi lista de lecturas pendientes. Empecé, pues, a leer la presente novela con mucha ilusión, aun a sabiendas de que era una novela larga, pero que bien merecía la pena el intento. El autor, muy sabiamente, va entremetiendo capítulos de los hechos actuales con los históricos, dando así una aparente sensación de dinamismo y realidad, uniendo pasado y presente y ubicando ese presente en Sevilla. Bueno, pues hasta ahí. Los capítulos históricos ( o de cierta ambientación histórica) se hacen muy largos y tediosos, sin ningún rigor y con unas idas y venidas que para mi gusto no es necesario explicar hasta ese extremo. Los capítulos de la actualidad no enganchan al lector, no son adictivos, no generan curiosidad, no motivan a seguir leyendo, los diálogos en muchos casos parece que están encapsulados, con muchos clichés que pensaba ya superados, con vocabulario que intenta ser culto pero que no concuerda con la época... Y respecto de Sevilla... cualquier parecido con la realidad es casi pura coincidencia.. Ya me gustaría saber a mí dónde ha visto el autor lo que describe en este párrafo, porque parece más bien un hecho del siglo pasado (Cap.XXVI, en Semana Santa, "pequeño grupo de niños que con unas latas redondas que parecían de conservas, sujetas con unas cuerdas atadas a la cintura, imitaban el sonido cadencioso de los tambores....") y como éste, hay unos cuantos detalles más. No hay duda de que el autor es una persona muy instruida, y que todo su saber lo ha vertido en este libro, pero un poco de cualquier manera. En definitiva, que al libro le sobran muchas páginas y a las páginas, muchas palabras. Lioso, muy lioso, poco riguroso y nada atrayente.
Tenía ciertas expectativas que no se han cumplido. La historia es predecible en todo momento y escasa de rigor. Cargada de acción y estereotipos sociales, me ha decepcionado bastante, además de por su baja calidad tanto en el modo que está escrita como en el desarrollo del argumento.
Aunque prometía mucho, la historia...bueno, aceptable, dejémoslo ahí.
La estructuración, con capítulos que saltan al pasado y, otras veces, a momentos no tan lejanos, es un tanto confusa.
El (excesivo y mal) uso de los signos de puntuacion (comas y más comas) rompe el ritmo. Hay frases y párrafos tan largas que pierden el sentido.
Hay descripciones incoherentes, para cualquiera que conozca mínimamente Sevilla (niños con latas y cuerdas imitando los tambores en Semana Santa...¿en qué siglo?).
Se ve que el autor tiene muchos conocimientos sobre diversos temas, como navegación, pero incluye descripciones tan largas y farragosas como innecesarias, que te hacen perder el hilo.