El monstruo representa nuestras tendencias perversas y homicidas; tendencias que aspiran a gozar, liberadas, de una vida propia. En las narraciones fantásticas, monstruo y víctima simbolizan esta dicotomía de nuestro ser; nuestros deseos inconfesables y el horror que ellos nos inspiran. El «más allá» de lo fantástico en realidad está muy próximo; y cuando se revela, en los seres civilizados que pretendemos ser, una tendencia inaceptable para la razón, nos horrorizamos como si se tratara de algo tan ajeno a nosotros que lo creemos venido del más allá. Entonces traducimos ese escándalo «moral» en términos que expresan el escándalo «físico». La razón que distinguía las cosas y subdividía el espacio, cede su lugar a la mentalidad mágica. El monstruo atraviesa los muros y nos alcanza donde quiera que estemos; nada más natural, puesto que el monstruo está en nosotros. Ya se había deslindado en lo más íntimo de nuestro ser cuando fingimos creerlo fuera de nuestra existencia. Louis Vax, Arte y literatura fantásticos
Un libro que, como toda antología, tiene altos y bajos. Es muy difícil darle en el gusto a todos, pero los relatos que más brillas se encuentran en la segunda mitad. A mi parecer, el mejor de la colección es “Los arácnidos” e “Invasión” (Curiosamente, uno de los más débiles pertenece a la autoría de uno de los antologadores)
El año pasado tuve ocasión de asistir a la inauguración del festival literario MOT en Girona, dedicado entonces a la literatura fantástica. El comisario del festival era David Roas, una de las máximas autoridades de este país en el género fantástico (tanto como autor como en calidad de crítico e historiador del género). La sesión inaugural versó sobre la idea del monstruo, con una entretenida conferencia de Albert Sánchez Piñol (La piel fría, Pandora en el Congo), que llevaba por título “Los monstruos fantásticos de hoy”. No haré ahora una crónica de lo que se dijo (quien esté interesado puede hacer un vistazo en este enlace al vídeo del acto -en catalán-), pero me ha parecido una buena manera de empezar estas líneas, porque posiblemente si no hubiera asistido ese día a esa charla no me habría despertado la atención esta antología y no la habría leído. Y, por supuesto, no habría escrito esta reseña.