Ésta es la lección o el recordatorio de Carolina y otras despedidas. Aquí no hay grandes amores tormentosos, viajes de descubrimiento a tierras exóticas, ni oscuros crímenes por resolver, sino sentimientos de los que no hablamos. Lo que el lector encontrará en cada uno de estos relatos es una ventana a un mundo privado: tan ordinario y excéntrico como es cada una de nuestras vidas.
Carolina y otras despedidas es un libro de cuentos sobre la pérdida y el reencuentro, un inventario de experiencias de la separación y una reflexión en mosaico sobre lo irreparable.
En uno de los relatos, Elvira dice: "Espero que mis textos no quieran gustarles a los demás, que, por miedo al abandono, no desarrollen capacidades camaleónicas para satisfacer las necesidades de quienes los lean. Ni quiero que tengan hijos sólo para sentir amor incondicional, para ser el texto más importante en la vida de otro. Ni que huyan, de país en país, para sacudirse compromisos. Quiero que sean textos que se dejen querer, con relaciones sanas. Que no acepten humillaciones y que sepan defenderse cuando otros textos más atrevidos y mejor escritos, o tal vez cabrones, les bajen la falda en la escuela o les quieran meter mano. Ojalá que no tengan que ir a psicoanálisis porque no tendré dinero para pagarlo."
No estoy segura de que estas narraciones sean cuentos. Los relatos que Elvira plasma aquí, son una mezcla de autobiografía y homenajes (a su papá, al soliloquio de la Carlota de Noticias del Imperio, a alguna ¿tía, conocida? que prestaba su cuerpo para la ciencia o para tener bebés). Pero sobre todo, creo que sí es un libro lleno de despedidas no dichas sino hasta este libro. Y también creo que por eso su lectura se siente sincera, transparente, íntima.
Diez de los once títulos son un nombre propio. "Don Luis", que tiene como epicentro la vejez de los personajes, padre e hija, que se desconocen y re-conocen, con conversaciones que destellan, es uno de los que más disfruté. También, el monólogo del señor "Aníbal" mientras le explica a una joven (que en ese momento sufre los estragos de una cruda), cómo ayuda a rehabilitar a hijos de alcohólicos. Pero al que más he vuelto (por la historia y por las figuras que borda) es el de "Alejandra", donde vemos a una niña llamada Julia lidiar con la culpa que queda después de una muerte inesperada.
Me gustó mucho el ritmo de las narraciones y su redondez. Cada escrito tiene la misión de contar algo, una sola cosa, que se desgrana lentamente, sin pudores. No se detiene en detalles circundantes que podrían embellecer la anécdota o hacerla truculenta. Por eso creo que estos textos no parecen nada de lo que Elvis teme que pudieran ser. Avísenle, por favor.
Elvira Liceaga ha creado un hermoso catálogo de personajes en Carolina y otras despedidas.... Con sumo cuidado se acerca al género del relato para traer a nuestros ojos a un número de personas que son, al mismo tiempo, comunes y únicas. Subrayo únicas. ¿Para quién? Para quien las escribe, para quien las lee, para quien las recuerda. Para quien las despide.
Nos asomamos así a vidas cotidianas en las cuales se esconden más que secretos el enorme amor -o terror- que guardamos hacia quienes en algún momento tocaron nuestras vidas. Yo no sé qué tanto es esto un juego de autoficción, pero sé que esto es un juego que gana cuando conmueve.
En algún momento una de las narradoras de un relato habla de sus textos como si fueran sus hijos y anhela que estos: "por miedo al abandono, no desarrollen capacidades camaleónicas para satisfacer las necesidades de quienes los lean". Liceaga así nos invita a ver estos relatos como retratos que nos muestran ese momento, esa rebanadita de vida con quienes ya no están.
Y entonces, ¿por qué cuatro estrellas? me dirán ustedes. Porque hay un retrato que no tocaba estar aquí y porque la quisquillosa que soy hubiera movido un par de retratos y dejado justo la despedida de Carolina al final.
Pero ignoren mis estrellas y lean todas y cada una de estas despedidas.
Es un libro con muchos relatos de distintas personas, es fácil y rápido de leer.
Me gusto que todas las historias giran alrededor de las despedidas. Es imposible determinar en qué momento una relación comienza a terminar, cuándo un adiós es realmente eso, cuando sólo nos alejamos de alguien sin haber podido decirle nada. No todo en la vida tiene cierres claros ni principios precisos.
Me gustaron los cuentos, en especial el cuento de Don Luis, me sentí tan identificada ... “ Y me pregunto en cuánto tiempo habrá que desalojar este departamento para mudarme a su casa y organizarle la vejez.”
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Disfruté leyendo estos relatos. Me gusta esa contemporaneidad de algunos de ellos, esas problemáticas que sin ser propias de una generación sí se sienten que la describen. Muy recomendado.
Used to hear the author on the radio describing her dreams of becoming a writer. I even had the chance to listen her last day on the radio station saying farewell to everybody to begging her journey as a writer.
Almost 10 years later she was being interviewed in a different radio station by a former colleague of hers.
It’s amazing being an intimate part of her project, as an audience and now as a reader.
Hermoso. Una ventanita a la vida de personas comunes y corrientes en situaciones ordinarias que se quedan grabadas como memorias. Un recordatorio de que no tenemos que vivir historias épicas de grandes batallas para poder encontrar sentimientos sinceros.
Este libro llevaba más de un año guardado en mis librero de pendientes. Lo abrí porque estaba buscando algo que me hiciera resonar con el duelo y empezamos muy recio. Carolina definitivamente es mi cuento favorito, me recordó mucho a Frances Ha y terminé subrayando varias partes que estoy segura que recordaré con frecuencia. Me gusta que la mayoría de los cuentos estén atravesados por el cuerpo, también me gustan mucho algunas metáforas que utiliza. No me quedó muy claro si hay cuentos que se comunican directamente entre sí, intuyo que sí pero esos guiños y comunicaciones entre ellos a veces me distraían un poco. Le puse tres estrellas porque sentí que el cuento de Carlota quedó muy fuera de lugar y hasta me molestó. Es un muy buen cuento y me gustaron muchas alegorías pero siento que para esta antología quedó sobrando.
Es un gran compilado de cuentos. Personalmente soy admiradora de Elvira desde que era locutora y leerla fue muy hermoso, porque es escucharla narrar como solo ella sabe. Este libro es el precursor de las vigilantes porque en este ultimo retoma varios elementos de los cuentos que se presentan.
Creo que es muy importante darle el valor que merecen a los relatos cortos y estos son un gran ejemplo de lo que se puede lograr en este genero.
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Me encantó el texto autobiográfico de Carolina, pude conectar con muchas ideas dentro del libro y explora temáticas femeninas que no había visto se tocaran con otra autora. Pude conocer a Elvira antes de leer este libro así que me imaginé su voz calmada dentro de mi cabeza mientras leía estos textos. La admiro.
Son relatos cortos y fáciles de leer. Ideal para un viaje corto.
Elvira escribe lindo, tiene unas metáforas muy bellas, pero no le encontré el gusto a sus historias. Algunas me parecieron de manual, ejercicios, como si hubieran dicho: "escríbanme un relato donde haya una mujer embarazada, una a la que hayan acosado, etc". Pero no hay nada que descifrar.
Yo soy María Carlota Amelia Clementina Victoria Leopoldina, Princesa de la Lactancia, Soberana de los Amaneceres Mestizos, Emperatirz de la Evolución. Quiero una playera que diga.