Es, tal vez, uno de los mejores libros de crítica cinematográfica escritos en México. Comparte con La aventura del cine mexicano la intención de articular rigor conceptual, lucidez histórica y una prosa sorprendentemente legible en contraste con el estilo que, con el tiempo, volvería célebre a Jorge Ayala Blanco. Pero, a diferencia de aquel primer volumen centrado en el periodo clásico, La búsqueda del cine mexicano se desplaza hacia los años de 1968 a 1972, una etapa marcada por la agitación política nacional y, al mismo tiempo, por la propia formación crítica del autor. El libro se sitúa así en un punto de cruce: la urgencia política de un país en transformación y el impulso del crítico por comprender el cine de su presente.
El libro parte de una idea central: el cine mexicano se encuentra en estado de revisión permanente. Ayala Blanco describe esta revisión como un triple movimiento: buscamos al cine mexicano, el cine mexicano busca su identidad y nos buscamos a nosotros mismos en sus imágenes. Esto le permite leer el cine no como repertorio de películas reunidas en un concepto, como hará a partir de la letra E de su Alfabeto dedicado a la historia del cine mexicano (que sigue escribiendo). La eficacia del cine mexicano, en donde organiza un grupo de películas de una época en torno a un concepto. Sino como un campo de tensiones entre el tema de las películas, su forma y el contexto histórico (la ruptura con el Estado en 1968, la ebullición de colectivos independientes y la crisis del aparato institucional cinematográfico).
Así, en sus conclusiones Ayala Blanco divide las películas de las que escribe en siete categorías, la primera, por ejemplo, es la que reproduce sin fricción la ideología dominante, desde el universo de El Santo hasta Mecánica nacional o El castillo de la pureza, en línea con aquellas que pese a su apariencia contestataria, terminan reforzando el orden (Zapata, La Rosa Blanca), y del otro extremo aquellas que “revelan tensiones sociales desde dentro de la industria, (La puerta o Paraíso, ambas de Luis Alcoriza, pero también la tetralogía westernista de Mariscal).y todo el cine directo que confía en la realidad para desmontar la ideología dominante, aquí están las reivindicaciones estudiantiles de El grito y algunas películas de los superocheros como Víctor Ibarra Cruz.
La búsqueda del cine mexicano es bastante actual, el cine mexicano sigue preguntándose por su identidad, por la relación entre industria e independencia y por su capacidad para narrar la complejidad social del país. Muchas de las preguntas que Ayala Blanco formuló hace medio siglo: qué discursos legitiman un discurso, cuáles irrumpen con fuerza o cómo se tensan las fronteras entre Estado, mercado y experimentación, continúan presentes. Aunque, también, tal vez, es un libro grandioso porque proviene de un periodo particularmente fértil en donde la efervescencia política y cultural de fines de los sesenta y principios de los setenta abrió discusiones que el cine mexicano no volvió a tener con tanta intensidad. Fue la época de los concursos de cine experimental, de la aparición del cine marginal como militancia y de la posibilidad de la concreción institucional de un Tercer cine, con todas las paradojas que esto podía implicar.
Es triste que hoy se lea tan poco a Ayala Blanco. El barroquismo de sus estilo posterior, posiblemente alejó a su público, pero también influye el clima actual: la escritura y la lectura sobre cine atraviesan un periodo de escasez, nunca volveremos a ese momento en el que el cine y la crítica discutió las posibilidades del cine o las fracturas del sistema cinematográfico. La búsqueda surgió en ese punto irrepetible, un momento en el que la distancia entre el presente y el pasado permitía pensar con lucidez un cine en plena transformación (es brillante cómo interpreta el cine de Alcoriza, por ejemplo). Volver sobre los pasos de los críticos del pasado, me parece que es un camino interesante para pensar el presente pero reconocer las fisuras del pasado, y tejer una historia no sólo a contrapelo, sino también más abierta. Si de algo sirve.