Si tuviera que definir este libro, diría que es una mezcla entre literatura intimista y delirios oníricos. Dicho de otra manera, la autora nos desvela recuerdos, emociones y pensamientos íntimos inmersos en un escenario absurdo lleno de movimientos de escenas, situaciones hilarantes y extravagantes cambios de vestuario. Pero este contexto festivo no ha conseguido alejar mi profundo molestar mientras leía este libro. Una sensación de que yo, como lectora, estaba fuera de lugar, leyendo algo que no debería. Y esta es, entre otras, la razón por la que no me ha gustado.
De Maruja Torres he leído poco en mi vida. Y aunque escribe muy bien en este libro se pasa. Las descripciones son excepcionales, pero muy largas y a veces demasiado exageradas. Desde luego o la autora tiene una memoria excepcional o ha podido documentarse muy bien.
El lenguaje de la novela es demasiado pedante como para enganchar al lector. Y eso por no hablar de lo pretenciosa que resulta en ciertas partes. Terminar sus poco más de 190 páginas constituye un gran triunfo en algunos momentos.
La historia no tiene demasiada complicación. Maruja Torres honra a dos amigos fallecidos, los escritores Terenci Moix y Manuel Vazquez Montalbán, haciéndoles personajes de su novela. Y si bien la intención es buena, falla miserablemente en el desarrollo. Al principio parece el típico libro con moraleja final. Más tarde crees que es una especie de oda al tiempo pasado. Pero al final, gracias a ese desenlace tan horrible e improvisado, te das cuenta de que en realidad no es nada. No hay propósito ni fábula que contar. Decepcionante...
Resumiendo Esperadme en el cielo es la típica novela sentimentaloide, hecha más para convencer a un jurado de un premio (el Nadal en este caso) que para gustar a los lectores. Leerlo o no es cuestión personal de cada uno. Pero si me pidieran mi opinión, diría que leerlo es perder un tiempo precioso que podríamos emplear en soñar... de verdad.