La sabiduría popular dicta que los verdaderos placeres no requieren justificación. Y esa misma sabiduría planta cara, en este ensayo de Richard Klein, para golpear duro a los puritanos y censores morales. Ya lo advierte Klein, él no pretende invitar a los lectores a ser fumadores, ni a estar de acuerdo con sus planteamientos. Precisamente, el ensayo aborda cómo la imposición de ideas que presumen de promover "el bien común" muchas veces puede entregar un efecto contrario al deseado. Siguiendo esta línea de pensamiento, no hay que perder de vista quiénes son los que censuran al acto de fumar y cuáles son sus intereses, ¿será que de verdad les importamos tanto a aquellos "líderes" que hablan de Salud Pública? Porque sí, fumar es malo para la salud, pero la vida no se mide por cuánto nos cuidamos, sino por cómo la desperdiciamos. Recomiendo ampliamente esta lectura. Es de extensión breve, casi como fumar un par de Delicados.