Cacciari, academic (aesthetics, U. of Venice) and mayor of Venice as of 1993, surveys the history of angels in Judaic, Islamic, and Christian traditions; and how Dante, Rilke, Kafka, and other writers have used the metaphor of angels to speak about the phenomenology of language. Translated from the
Massimo Cacciari, nato a Venezia il 5 giugno 1944, si è laureato in Filosofia presso l’Università di Padova nel 1967, discutendo una tesi sulla Critica del Giudizio di Kant con i Professori Sergio Bettini e Dino Formaggio. Già incaricato di Letteratura Artistica e poi di Estetica presso la Università di Architettura di Venezia, è diventato ordinario in Estetica nel 1985. Direttore del Dipartimento di Filosofia dell’Accademia di Architettura di Lugano dal 1998 al 2005, nel 2002 fonda con don Luigi Verzè la Facoltà di Filosofia presso l’Università Vita-Salute San Raffaele di Milano, di cui è il primo preside. Dal 2012 è professore emerito di Filosofia presso lo stesso Ateneo. Ha tenuto lezioni, corsi e conferenze presso numerose università e istituzioni europee. Tra i più prestigiosi riconoscimenti: il premio Hannah Arendt per la filosofia politica nel 1999, il premio dell’Accademia di Darmstadt nel 2002, la medaglia d’oro del Circulo de bellas Artes di Madrid nel 2005, la medaglia d’oro “Pio Manzù” del Presidente della Repubblica Italiana nel 2008, il premio De Sanctis per la saggistica nel 2009, la laurea honoris causa in Architettura dell’Università di Genova nel 2002, quella in Scienze politiche dell’Università di Bucarest nel 2007, quella in Filologia classica dell’Alma Mater di Bologna nel 2014. È cittadino onorario di Sarajewo, per la sua azione politica e culturale durante la guerra e l’assedio della città, e di Siracusa, per i suoi lavori su Platone e il Neoplatonismo. E’ stato co-fondatore e co-direttore di alcune delle riviste che hanno segnato la vita politica, culturale e filosofica italiana tra gli anni ’60 e ’90, da “Angelus Novus” a “Contropiano”, da “Laboratorio politico” al “Centauro”, a “Paradosso”. Tra le sue pubblicazioni, molte delle quali tradotte e molte edite soltanto all’estero, ricordiamo: Krisis, Milano 1976; Dallo Steinhof, Milano 1980; Icone della legge, Milano 1985; L’Angelo necessario, Milano 1986; Zeit ohne Kronos, Klagenfurt 1986; Drama y duelo, Madrid 1987; Méridiéens de la decision, Parigi 1992; Geofilosofia dell’Europa, Milano 1994; L’Arcipelago, Milano 1996; Le dieu qui danse, Parigi 2000; Hamletica, Milano 2009; The Unpolitical, Yale Univ. Press 2009; Doppio ritratto. San Francesco in Dante e in Giotto, Milano 2012; Il potere che frena, Milano 2013. La sua ricerca teoretica si concentra nel “trittico”: Dell’Inizio, Milano 1990; Della cosa ultima, Milano 2004; Labirinto filosofico, Milano 2014.
Después de leer este libro, uno no puede ya considerar el tema de los ángeles como uno netamente trivial. Lo que me agradó de Cacciari en este título fue rescatar el asunto del olvido, producto del desprecio que tiene nuestra época racionalista (más no racional) hacia lo religioso, y en específico al legado cristiano.
El libro contó con capítulos bastante complejos y otros sumamente sugestivos. La parte del conocimiento del ángel que es inmediato y su relación con la quinta forma de conocimiento platónica fue harto difícil de entender; pero me pareció excelente la relación que marcó el italiano entre el modo de pecar inmediato del ángel frente al mediato y sumido en el tiempo del ser humano y las razones por las cuales en este tenor la apocatastasis sería imposible sin perturbar seriamente la naturaleza del ángel. Tal vez la parte más polémica es la relacionada con ver en el ángel no el mensajero de una buena nueva sino un acontecimiento que se agota en su fugacidad: la idea del ángel nuevo a la benjaminiana. Para quién no sepa del tema de los ángeles no conviene que inicie con este libro porque quedará perturbado y confundido. Supongo que lo reeleré en unos años, y ojalá lo entienda mejor para entonces.
Trazando un umbral entre el signo y el abismo (lo invivible de la vida) Cacciari no se limita a escribir; urde una topografía del límite. En este ensayo, toma los hilos de Corbin, Rilke y Swedenborg para tejer una red que atrapa lo invisible, situando la experiencia estética en la linde misma de lo Real. Es un ejercicio donde la erudición se vuelve sismógrafo del alma y la filosofía, una dinámica de las profundidades. Es, por tanto, un ejercicio de estética (que recuerda, y mucho, al mejor Calasso).
Aquí el ángel no es un consuelo, sino una frontera y un ayakiri egoico. Como el Angelus Novus de Paul Klee, que nos mira con los ojos desencajados del que contempla la catástrofe del progreso: es el ángel del Apocalipsis que, al revelar la verdad, destruye el tiempo y nos regala el kairós del acontecimiento. No es una entidad celeste, sino un síntoma que habita la grieta entre el bien y el mal, hibridando en sus alas la luz del hallazgo con el peso de la perdición.
A través de esta lente, el arte se vuelve astrología del espíritu: un intento de leer en las constelaciones de la forma el destino de lo humano. Si Picasso fragmentó el rostro para encontrar la verdad detrás de la máscara, Cacciari fragmenta el concepto para que asome el ángel sacrificial, ese ser fantasmático que, según Lacan, encarna el objeto a, aquello que falta y que, sin embargo, sostiene nuestro deseo. El ángel es lo crucial, uno de los nombres de lo inombrable, esto es, de lo esencial para encontrar sentido a la vida.
El ángel se revela síntoma tántrico e imago necesaria: traducción —siempre incompleta— de lo que la palabra no alcanzará jamás a paladear. Belleza entendida como último velo del horror (Rilke dixit) que nos hiere porque nos recuerda nuestra finitud: una presencia que traduce, en su silencio sagrado, los destinos más oscuros y luminosos de nuestra aciaga naturaleza. Porque el ángel existe realmente en el animal, en ese locus naturaleza/cultura que susurra nuestro gran enigma.
P.D.: Estuve a punto de concederle 4 estrellas porque este ensayo -hijo de la época de su redacción, los años 80- me resulta una pizca menos original de lo que me esperaba (y a veces, demasiado deudor, y quizás menos gracil en el tempo, de la estética críptica de los autores afrancesados que persigue). Yo ya había leído a Henri Corbin, quien claramente es su motor principal (aunque creo que Cacciari lo supera) También había leído sobre la angelología egipcia y mesopotámica, islámica y medieval. Y, claro, hay algo que echo en falta (aunque tampoco culpo a este magnífico autor de ello): una dimensión que caiga realmente en lo terrenal, en lo social, en la sangre que derramaba el campesino con el azadón al cantar el ángelus. O en esa faz erótica medieval donde el ángel representaba al eunuco, al castrado y hasta al adorado efebo de tantos clérigos. Falta cierta historicidad e incluso cierto sexo sucio.
Pero no me engaño: es una obra maestra. El tipo de ensayos que parecen ya haber muerto definitivamente: el ángel del hombre ha sido enterrado, y ahora vamos al de los animales...