Publicada en 1892, “El rey de la máscara de oro”— –nombre del impresionante cuento que da título al libro—– compendia como ninguna otra obra de Marcel Schwob (1867-1905) el mágico entrecruzamiento entre su vida culta, lectora, incubada durante largos días en la biblioteca Mazarine, y sus andanzas por otro mundo, devastado y canalla, en busca de emociones fuertes e inhalaciones de éter en compañía de su amigo Jean Lorrain. Dotados de un gran poder de atracción y de un raro encanto, los relatos que lo integran iluminan, como en “Corazón doble”, un juego incesante de espejos entre diversas épocas, personajes y ámbitos sociales. Completa el volumen “La cruzada de los niños” (1896), serie unitaria de monólogos que recrea con fuerza sugestiva la leyenda medieval según la cual una nutrida compañía de menores reclutada por un joven pastor embarcó a conquistar Tierra Santa, destino que nunca alcanzaron.
Marcel Schwob (1867-1905) was one of the key symbolist writers, standing in French literature alongside such names as Stephane Mallarme, Octave Mirbeau, Andre Gide, Leon Bloy, Jules Renard, Remy de Gourmont, and Alfred Jarry. His best-known works are Double Heart (1891), The King In The Gold Mask (1892), and Imaginary Lives (1896).
El rey de la máscara de oro: Una de cal y una de arena. Hay relatos que, o son ininteligibles por el recurso voraz al in media res del autor o que no tienen sentido ya de por sí. Destaca principalmente en los cuentos de tema mítico, en los que el lector puede inventar o reconstruir como quiera todo lo que Schwob deja fuera, o en los que tienen un contexto histórico muy conocido (como La peste). Sin embargo, a menudo me he quedado dudando del por qué de cada cuento y si realmente hay algún pensamiento detrás más allá de escribir una pieza sobre ¿algo? con un giro al final.
Para concluir, tiene un prefacio muy bonito, pero que no sabría siquiera si decir que se corresponda con el contenido real del libro. De compararlo con Borges, como se suele hacer... decir que Borges, al menos en El Aleph y Ficciones, sí que se esmera en darle un sentido a cada relato dentro de sí mismo, ya sea mítico o no, o ya sea dentro de las idiosincrasias de su producción.
Sobre La cruzada de los niños cambia mi opinión: al autor le favorece coger un único evento histórico y dar estas ocho visiones de forma poliédrica del mismo acontecimiento. Le permite explorar con un tacto más consciente emociones, reacciones y perspectivas, algo que no se ve en la obra anterior. Sin embargo... sigo sin estar convencido de que no le falte un poco más de lustre o que no le sobre un poco de paja. Es decir, como en El rey de la máscara de oro, ¿cuál es el programa o el sentido, la necesariedad de la obra? ¿Por qué leer a Schwob y no a cualquier otro autor? A lo mejor son ideas buenas con una ejecución algo peor.
Este volumen (bellamente editado por Alianza, traducido y anotado por Mauro Armiño) recoge dos obras (un tanto dispares) de Marcel Schwob, El rey de la máscara de oro (1892) y La cruzada de los niños (1896).
Hablar de Marcel Schwob suele producirme sentimientos encontrados: Está el lector voraz, el prosista estilizado que combinó la erudición de biblioteca y el culto del lenguaje (anticipando en más de unnsentido a J. L. Borges y a J. J. Arreola), el observador de los bajos mundos y que reivindicó a François Villon, decantándose por los escritores que servirían de transición para el advenimiento de las vanguardias; pero también está el autor cuyos cuentos de corte simbolista no envejecieron bien y que casi pueden leerse como cuentos de hadas (por ejemplo, el que da título a la primera obra de este libro), el que condenó la novela como un género literario inferior y se opuso al Naturalismo con ridícula ternura, y que fue incapaz de incorporar a su escritura los raptos producidos por las inhalaciones de éter.
Así las cosas, este libro es un buen compendio de (lo bueno y lo malo en) la obra de Schwob. Resultará un excelente punto de partida para aquellos que aún no están familiarizados con ella; pero no es un libro que leería otra vez.
Leer a Schwob sirve para confirmar que fue el precursor de la narrativa de Borges. ¿Hay que leer a Schwob? ¿hay que leer a Borges? Francamente ya no sé nada.