4 orondas y bien panzudas estrellas para otro gran libro de Eslava Galán (4.5 en realidad).
Tumbaollas y hambrientos es un ensayo muy entretenido de la mano de uno de mis autores favoritos, Eslava Galán. De su mano iremos recorriendo la piel de toro para entender y descubrir la evolución de la gastronomía desde los días del Homo Antecesor hasta 1997, que es cuando se escribió el libro.
He de confesar que me lo he pasado muy bien y he aprendido muchas cosas que desconocía de nuestra propia historia culinaria, que, aunque cambiante, siempre ha tenido elementos muy presentes en ella (tanto para los ricos como para los pobres). Por momentos el libro me ha recordado a Bill Bryson, pues su tono distendido y curiosidades históricas que rodean a un plato concreto hacen que saltemos a otro punto de la historia sin darnos cuenta.
Los capítulos son cortos, se leen en menos de diez minutos, y, por el lenguaje usado, la lectura se hace ligera y entretenida. Aunque quien no haya leído con anterioridad a Eslava Galán podría pensar que su tono coloquial y ameno podría estar reñido con el rigor histórico, nada está más lejos de la realidad. La bibliografía usada es amplia y suficiente, y si hubiera de apostar por un autor que se empapa la literatura del siglo que sea para escribir un libro sin dar patadas a la historia, ese es él.
Lo dicho, más que recomendable para los amantes de la historia y para aquellos interesados en la gastronomía. Háganse un favor, y lean a este hombre. Dejo un párrafo que me encantó:
Cuando la expresión «olla podrida» se afrancesó, dio pot-pourri, expresión que designa la confusión de lo diverso, y por extensión, en el siglo XIX, pasó a la música para significar mezcla de composiciones independientes. Luego ha regresado a España como «popurrí», por esa extraña vida que tienen las palabras. La esencia de la olla podrida era la carne, la vaca, el carnero y, en menor medida, el cerdo. Dependiendo de la clase de carne se consideraba más o menos rica: «vaca y carnero, olla de caballeros», dice un refrán; «olla sin carnero, olla de escudero», reza otro. Cervantes, para enseñar que don Quijote era hidalgo de medio pelo, define su olla en la que había «más vaca que carnero».