Los 25 autores narradores de esta antología constituyen las más significativas contribuciones al desarrollo histórico del cuento en Chile. Los textos seleccionados en este libro son de indiscutible valor y trascendencia, y dan cuenta del desarrollo de este género. Tres excepcionales Alfonso Calderón, Pedro Lastra y Carlos Santander, representan aquí las preferencias relevantes desde el modernismo hasta las opciones surrealistas, y otras corrientes que permiten ver el desarrollo y evolución del cuento breve en Chile.
Alfonso Calderón Squadritto was a Chilean poet and writer. He won the Chilean National Prize for Literature in 1998. He had been a member of the Academia Chilena de la Lengua (Chilean Academy of Language) since 1981. He died on August 8, 2009 having suffered a heart attack.
los cuentos y las antologías son un gran desafío para mí y creo que fue superado con creces 😎 si bien hubo un par de cuentos que tuve que saltarme porque no me interesaron para nada, en su mayoría los encontré muy buenos, y me gustó mucho poder leer a autores que conocía de nombre pero no había leído nada de ellos. mi favorito: en provincia, de augusto d'halmar
Me gustan las antologías, siempre me han gustado. Son algo así como un catálogo temático que a pesar de lo breve de su contenido (un cuento rara vez llega a ser tan largo como el capítulo de una novela) profundiza por acumulación: en este caso, la antología del cuento chileno da cuenta de la evolución del relato corto en nuestro país, no solo desde un punto de vista estilístico sino también de las perspectivas de sus autores. A través de los cuentos vamos avanzando en el tiempo y cada vez el Chile que se nos presenta está un poco distinto. De lo completamente rural pasamos a lo totalmente urbano, de lo estrictamente naturalista pasamos a lo moderno. Fue hermoso y estremecedor ver cómo Chile ha ido mutando y la literatura con él. Ahora, cuento por cuento porque así soy:
El Chiflón del Diablo y La Compuerta N°12 de Baldomero Lillo. El Señor Lillo es un clásico escolar y con razón. Leí subterra y subsole cuando chico y ya desde entonces me gustó mucho la crudeza de su narración. Las historias de los mineros y los obreros a veces adquieren un tono épico, propio del martirio cristiano, solo para resolverse, muchas veces, en la abnegación o la pérdida totales. La historia del Cabeza de Cobre y de Pablito son duras y reales. Qué ganas dan de haber sido anarquista en el siglo XIX leyendo a Lillo.
La Señora y Paulita, de Federico Gana. El nombre de este señor me sonaba, por supuesto, pero nunca había leído nada de él. Nos vamos de Lota para adentrarnos en el campo del centro de Chile. La Señora es una de esas historias que llegan al hueso, tristonas pero con final alegre. El burgués irónico conmovido por el bruto campesino. Paulita, en cambio, es su opuesto: un hijo malagradecido que con su ausencia convierte la vida de su madre en un infierno en vida.
En Provincia, Augusto D'halmar No de mis favoritos, pero reconozco la belleza de la pluma de este caballero que tiene su nombre pegado en una calle de Concepción. Un poco la historia de un solterón con la vida desequilibrada, una historia de amor que no es amor y un niño que no conoce a su padre. OJO, no digo que el cuento sea malo, para nada, solo que la temática de la paternidad a mí no me va ni me viene.
Eduardo Barríos, La Antipatía. Pensé que me iba a encontrar con una absurda historia de amor por haber leído antes esa historia del niño que te hacen leer en la escuela, pero no. Volvemos a un Chile más urbano, profundamente clasista, en el que un médico siente una profunda antipatía por su paciente. El cuento tiene un tinte muy oscuro y tenso, y uno no puede no sentir empatía por el antipático.
El niño de la escopeta, Eduardo Montenegro. De mis menos favoritos de la colección. Es algo así como una estilización de un cuento tradicional, que sinceramente, no le encontré ni patas ni cabeza. No me gustó para nada.
Los Dos, Rafael Maluenda. Ah, ¿a quién puede no gustarle un duelo? Este es de mis favoritos. Supe que estaba también en la colección de Lihn sobre bandidos chilenos y no me sorprende. La forma en la que se construye el relato, la manera en la que los personajes defienden su "hombría" y la resolución del mismo hacen que sea una joyita de leer.
La Desconocida, Mariano Latorre. Este cuento me capturó por su estilo más que por su trama. La frase inicial la considero una obra maestra de la imaginación: la forma en la que describe tan precisa y hermosa me hace pensar en un hábil dibujante que con pequeños trazos, logra una idea acabada. Es la historia de un tipo que pide que lo lleven en una carreta donde va la esposa del carretero. Cosas extrañas ocurren en el viaje.
El Pájaro Verde, Juan Emar. Debo decir que no lo leí porque lo tenía demasiado fresco en la memoria. No sé si haya algo más que decir respecto a este cuento.
La Picada, Luis Durand. Volvemos a la crudeza del campo y a la exploración de una paupérrima pobreza. La picada es un relato descarnado sobre un borracho y su perro que intentan burlar a " la picada" que es una enfermedad que se ha llevado la vida de ganado y personas por igual. Es duro de leer y muy interesante.
El Delincuente, Una carabina y una Cotorra, La laguna, Manuel Rojas. El delincuente tiene ese algo cotidiano de mostrar los conventillos y el proceder policial en un Chile arcaico. Es un relato denso, gracioso a ratos, angustiante que termina de una manera poco satisfactoria para nuestro narrador: el protagonista se ve en la necesidad de llevar a un borracho y su presunto ladrón a la comisaría. Una Carabina y una Cotorra es extraño, al principio da una gran vuelta para terminar hablando de otra cosa. Primero se cuenta la historia de la carabina y luego la historia de la cotorra, como si fueran dos cuentos diferentes, sin embargo, es en la comparación entre ambos que de dilucida el objetivo del cuento en sí. La carabina es una historia sobre un indio de Tierra del Fuego que solía pedirle a su patrón la carabina para cazar guanacos, hasta que un día se echó a perder y el indio no entendía que que estaba mala, pero el patrón se la terminó pasando igual y el indio la usó como si nada. La Cotorra es sobre un hombre que no era bueno para nada, pero que había logrado enseñarle a una cotorra un complicado truco que hacía representar un combate naval. La resolución se acerca cuando la madre del narrador se compra una cotorra para replicar lo del hombre con resultados difusos. Laguna es la triste historia de un hombre con mala suerte, muy mala suerte.
La Soledad de la Sangre, Marta Brunet. El primer cuento que leí de esta antología. Estaba curioso por conocer la pluma de Brunet, ya que solo la conocía por el premio que lleva su nombre. Se nota de inmediato la perspectiva de género de la autora ya que la protagonista, una mujer que tiene que casarse con un campesino bruto, vive en eterna soledad e incomprensión. Todo el drama gira en torno a lo que ella logra comprarse con el trabajo de sus manos y entre sus posesiones más preciadas está un fonógrafo. Como podrás esperarte, la cosa termina mal.
La copia, José Santos Gonzales Vera Este tiene un cariz modernista, pero como de pesadilla burocrática. Un hombre recibe la misma carta todos los días. Se niega a responderla, pero le sigue llegando, día tras día.
Rododendro, Hernán del Solar Una historia de un anciano que ha olvidado las cosas y que se dedica a hacer barquitos dentro de botellas. Una muy bonita historia que deja un gusto amargo.
Niña de Color, Diego Muñoz Es el tipo de historias que hoy en día estaría prohibido escribir de manera no irónica. Un pintor exiliado se encapricha de una niña mulata (y sí, niña, de 14 o 15 años) y la deja embarazada antes de volver a su país. El cuento es bohemio, caluroso, desagradable.
El Árbol, María Luisa Bombal. La otra voz femenina en la antología. De nuevo vuelve a notarse ese sesgo de género que la mayoría de los autores varones ignora: la soledad de la mujer encasillada en un rol que impide su total desarrollo. ¿Quién no ha leído este cuento?
La Botella de Caña, Francisco Coloane. Nos vamos al sur; dos hombre se encuentran en medio del descampado. Uno quiere devolverse a Chiloé para casarse y el otro, guarda un secreto terrible. Hay una tensión cuando los recuerdos de uno de ellos quieren volver a repetirse. De mis favoritos, sin duda.
Visita de Estilo, Nicolás Ferraro. Posiblemente el más hilarante de todos cuanto leí. El cuento adquiere proporciones épicas a medida que avanza. La trama: dos amigos deben ir a la casa de un vecino de mala reputación para pedir la mano de su hija, para un tercer amigo. Se sale de control y terminan tomando por días. Simplemente una joya.
Santelices, José Donoso. Leí a Donoso cuando chico y ya entonces lo encontré un maestro. Lo sigo pensando. Esta es una historia sobre el suicidio, pero enmascarada de tal manera que parece un delirio surrealista: Santelices es un solterón de mediana edad que está obsesionado con sus pasatiempos de niño grande (hoy en día, se diría que es autista) pero la casera intenta controlarlo. Todo sale muy mal.
Adiós a Ruibarbo, Guillermo Blanco. Historia de niño y caballos. ¿Puede ser más triste?
Aquí no ha pasado nada, Claudio Giaconi Historia contada desde el punto de vista de un niño que ve a su padre "agonizar". Muy bien logrado ese desconocimiento infantil.
Huacho y Pochocha, Enrique Lihn Historia sórdida, ya marcadamente moderna que me hizo sentir genuino asco. Nunca antes había sentido tan bien representada la marginalidad santiaguina de finales de los años 50's como con este relato. El protagonista y narrador es un ser despreciable que hace que uno se enoje con el autor. Es uno de los cuentos más largos y más complejos a mi juicio, pero se nota cómo Lihn intenta lleva hacia otros derroteros lo que se entiende por amor entre los pobres.
El Orden de las Familias y Los Zulúes, Jorge Edwards De mis favoritos, tanto por el estilo narrativo que es sencillamente hermoso, como por la enrevesada historia que intenta contarnos. Es una historia de incesto, no nos confundamos, pero no deja de ser bella la manera en la que se nos presenta esta relación entre hermano y hermana en un Chile urbano a finales de los 50's, cómo la ciudad se va comiendo las periferias, cómo las viejas costumbres aristocráticas se permean en las clases medias y cómo las clases bajas aspiran a dejar de ser lo que han sido siempre. Los zulúes es la historia de un borracho en abstinencia.
Un Pollo para Julián, Luis Domínguez Vial Otra historia desde el punto de vista de un niño: el pobrecito Julián escucha todas las noches un ruido y comienza a sospechar de la sirvienta. Todo se resuelve muy mal para la sirvienta.
A las Arenas, Antonio Skármeta Ah, de mis favoritos también. No sé por qué razón nunca me atreví a leer a Skármeta, lo encontraba como medio rancio sin conocerlo. Este cuento trata de un chileno y un mexicano atrapados en Estados Unidos que se ven obligados a vender su sangre para ganarse unos cuantos dólares. La narración está llena de carisma, de formas y estilo que hacen que la voz del narrador sea única. La forma en la que los protagonistas se relacionan con las chicas igual es encantadora y sórdida como solo puede ser ese tipo de encuentros casuales llenos de un amor que nace de la calentura. Es un buen cuento.
Los Santos, Gonzalo Contreras. Volvemos al campo. Otra historia de caballos y asesinatos, pero esta vez con un cariz más meditabundo. Yo habría dejado el de Skármeta para finalizar la antología, pero supongo que hubo algún tipo de preferencia cronológica. No es un mal cuento, es solo que el penúltimo destaca mucho.
Me parece un popurrí interesante de cuentos chilenos, aunque varios de ellos no fueron de mi gusto, es algo esperado de antologías que pueden estar inclinadas más al gusto del autor que de las masas.
Encuentro maravilloso que existan este tipo de libros que faciliten conocer escritores chilenos. Siempre me sorprende la calidad de los trabajos de los compatriotas, ya sea por sus ideas o por su forma de redacción. Un imprescindible para lectores de cuentos de habla hispana.
Antologia de cuentos nacionales, recorriendo autores como Baldomero Lillo con sus cuentos del carbón, Coloane con sus cuentos del extremo sur, costumbrismo por montones, marginalidad tambien
Excelente antología, pero faltó relato superrealista o surrealista, que si bien es "poco", hay