Iba a escribir que no tengo palabras para reseñar este libro, pero sí que tengo, demasiadas además.
La idea de editar algunas de las cartas personales de Pedro Salinas no me parece sino una de las mejores que a una persona apasionada de las letras se le pueda ocurrir. He leído pura poesía en las 400 páginas que ocupan este volumen, poesía de verdad, poesía a un tú directo, vivo, el trasfondo de La voz a ti debida, uno de mis poemarios favoritos, y de Razón de amor.
No solo he visto poesía, también he mirado a través de las gafas de Salinas el mundo literario de los años 30. He conocido algunos aspectos interesantísimos de Lorca, de Altolaguirre, de Guillén, de Unamuno y de tantos otros grandes escritores. Me he sentido compañera de mesa de tribunal de Salinas y otros tantos en la Universidad de Madrid. Me he sentido alumna de sus clases y tutorizada en sus lecturas y en su manera de adorar y de conocer el arte.
Se recoge un margen de correspondencia de más de diez años en este libro, por lo que es muy perceptible la evolución de los sentimientos de la relación. La intensidad de Salinas va disminuyendo y transformándose en impotencia por sus celos y en tristeza por sentirse abandonado. Me parece una maravilla ver esta parte del poeta en que muestra ser una persona real y no un ente que trastoca sus letras para mostrarnos lo que quiere. Estas cartas son poesía, pero poesía privada; con ellas no pretende nada Salinas, solo ser sincero con su amada (nunca sabremos hasta qué punto). Esto demuestra que la poesía no es solo una técnica artificial, pues este es un ejemplo de que puede ser lengua nativa en algunas personas. Esta lectura me ha inspirado mucho en este sentido, creo que, hasta el momento, es la que más me ha inspirado nunca.
Las dos semanas en que he estado embriagándome de los mensajes secretos de este amor extramatrimonial, solo pensaba en las reacciones de Katherine al leer cada carta. Final e inesperadamente (porque no lo sabía), me he encontrado un apéndice al final del libro que da voz a la gran musa de Salinas. Y con un nudo en la garganta, lágrimas en los ojos, y a pesar de la tristeza que nubla las últimas páginas, me he quedado completamente satisfecha.
Gracias, gracias. Solo puedo dar gracias a Enric Bou por ofrecernos semejante regalo, y gracias también a Katherine Whitmore por ser tan generosa y no guardarse para ella sola una de las joyas más preciosas de la literatura española.