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The Truth Shall Make You Free: Confrontations

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Original Spanish

204 pages, Hardcover

First published January 1, 1986

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About the author

Gustavo Gutiérrez

80 books134 followers
Gustavo Gutiérrez-Merino Díaz was a Peruvian philosopher, Catholic theologian, and Dominican priest who was one of the founders of liberation theology in Latin America. His 1971 book A Theology of Liberation is considered pivotal to the formation of liberation theology. He held the John Cardinal O'Hara Professorship of Theology at the University of Notre Dame and was a visiting professor at universities in North America and Europe.
Gutiérrez studied medicine and literature at the National University of San Marcos before deciding to become a priest. He began studying theology at the Theology Faculty of Leuven in Belgium and in Lyon, France.
His theological focus connected salvation and liberation through the preferential option for the poor, with an emphasis on improving the material conditions of the impoverished. Gutiérrez proposed that revelation and eschatology have been excessively idealized at the expense of efforts to bring about the Kingdom of God on Earth. His methodology was often critical of the social and economic injustice he believed to be responsible for poverty in Latin America, and of the Catholic clergy. The central pastoral question of his work was: "How do we convey to the poor that God loves them?"

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Profile Image for Jabbott.
34 reviews3 followers
October 23, 2008
This is an excellent essay on the church's role in seeking out the kingdom of God. In it, Gutierrez makes the claim that Christ liberates us from our sins and that our practice of Christianity ought to be evangelizing this liberation in solidarity with the poor and oppressed.
Profile Image for Ryan.
13 reviews
June 7, 2015
p. 160-61

El interlocutor de la teología moderna es otro, y es correcto tenerlo en cuenta. Ella está llamada a responder a los cuestionamientos de la conciencia moderna que la Ilustración expresa con agudeza. Si la teología está al servicio de la tarea evangelizadora ella debe hacer que el mensaje cristiano encuentre el lenguaje debido para hacerse presente en el mundo moderno en que también vive la Iglesia. Teología necesaria, por consiguiente, que tendrá que enfrentar los desafíos del no creyente y su influencia secularizadora en el ambiente cristiano.

Distinto es el punto de partida de la teología que se hace desde América Latina (y otros lugares del mundo pobre). Es una reflexión que viene desde ´el reverso de la historia´ al que aludíamos antes, desde el resultado histórico del proceso llevado a cabo en los países ricos. La teología es en primer lugar, claro está, una inteligencia iluminada por la fe, los criterios últimos de verdad le vienen del ´depositum fidei´. Pero reflexionamos siempre marcados por las realidades que vivimos, y por los cuestionamientos que ellas nos plantean; además, en el caso del discurso teológico se trata de tener una referencia a la fe vivida en y por la Iglesia en el momento histórico que atraviesa.

La teología de la liberación no es, por lo tanto—como algunos parecen pensar—algo así como el ala radical de la teología progresista europea. Esta enfrenta desafíos que no son los nuestros, o por lo menos que no son los primeros para nosotros. El punto debe quedar claro para poder entablar un diálogo teológico fecundo. Hay, en efecto, tendencia en ciertos medios europeos a prolongar generosamente sus debates internos hacia teologías que ellos persisten en considerar simples apéndices, menos científicos y más radicalizados políticamente, de lo que se hace en el viejo continente*.

No se pretende, claro está, que por el solo hecho de inventar una reflexión desde nuestra realidad de pobreza y la vida de nuestra Iglesia todo lo que se hace aquí deba ser aceptado bajo pena de pasar por un mal cristiano o un opresor. Eso sería inadmisible. Lo que se pide, por atención al Espíritu que sopla donde quiere y por fidelidad a nuestro pueblo, es que se reconozca el ángulo en el que nos colocamos y los cuestionamientos a los que procuramos dar respuesta. Lo demás debe ser objeto de una discusión en el campo de la teología, con las exigencias de ortodoxia doctrinal y trabajo científico que todos debemos respetar.

*Este error de perspectiva sobre la teología de la liberación nos hacía escribir hace unos años: ´muchas veces se comprende la óptica que subraya la necesidad de una liberación de los pobres en el contexto de la discusión entre los que, desde hace mucho tiempo en Europa—y esto se agudizó en la época conciliar y postconciliar—se conocen como conservadores y progresistas. Bastaría ver cómo algunos progresistas reaccionan frente a la actitud—y la teología correspondiente—centrada en una solidaridad con los marginados y explotados en América Latina, para percibir las diferencias que tenemos con ellos. Algunos de éstos nos encuentran demasiado tradicionales y espirituales, y excesivamente eclesiales. Los conservadores, claro está, no lo estiman así, para ellos se trataría más bien de un reduccionismo a lo político de los que consideran como a la izquierda del progresismo al que están acostumbrados a combatir. La verdad es que cada vez sentimos con más claridad que esta perspectiva nos encierra en categorías que no son las nuestras, y que nos es imposible discutir pasando por la horcas caudinas de la polémica entre conservadores y progresistas. Este es un punto que deberá ser profundizado´ (G. Gutiérrez ´´Por el Camino de la Pobreza´´ en Páginas No. 58 (Diciembre 1983), separata, 15). Cf. Al respecto J. Comblin ´´A América Latina e o presente debate teológico entre neo-conservadores e liberais´´ en Revista Elesiástica Brasileira 164 (Dic. 1981) 790-816.


p. 245

´´...ese discurso sobre Dios deberá echar sus raíces en una vida de compromiso con la situación de pobreza, así como en la solidaridad con los esfuerzos por liberarse de la injusticia que ella representa. En esas condiciones viven, en efecto, las grandes mayorías (razas despreciadas, clases explotadas, culturas marginadas, mujeres discriminadas) de la familia humana. Esa experiencia deberá traducirse para el seguidor de Jesucristo en un lenguaje místico sobre Dios que reconoce la presencia y plenitud de su amor gratuito, pero tendrá que expresarse también en un lenguaje profético sobre un Dios liberador que rechaza la muerte injusta del pobre (cf. Ecco. 34). La conunción de esos dos lenguajes nos permitirá anunciar al Dios que se revela en Jesucristo.´´


p. 250

´´Nos hallamos en el Perú en un momento en el que el desprecio por la vida human se ha convertido en hecho cotidiano y persistente. Esto configura una crisis nacional muy honda que reclama todas nuestras energías. Las diferentes formas de violencia (estructural, terrorista, represiva) siembran la muerte, allí donde como cristiano debemos dar testimonio del Reino de vida. Este es el gran reto que enfrenta hoy nuestra Iglesia. Esta responsabilidad es para ella motivo de tensión, pero también -pese a todo- de profunda alegría porque no responderá al desafío sino yendo a lo esencial: a su esperanza en el Señor que venció a la muerte resucitando.´´
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