Fundamental para entender la obra de Alejandra Pizarnik como una totalidad. A partir de tres obras escondidas de Alejandra, Maria Negroni descubre las huellas, caminos, el final, el fondo. Las huellas: sus alter-egos escondidos en citas, en su forma de adoptar textos de otros para ella misma. Los caminos: los descensos, las criptas, los subsuelos del castillo. El final: del juego, de la infancia, el espacio del poema. El fondo: donde la encuentra, dónde ya no está, el lugar de metamorfosis "dónde yace una niña densa de música ancentral". Lleno de imágenes, de objetos, de paraísos perdidos, de escenarios infantiles, donde hallar las miniaturas que contienen toda su obra.
"La poeta se lanza a la caza de significantes perdidos con los que intenta manipular el contexto y estetizar lo que no existe. Su objetivo no es desplegar la biografía, sino ponerla al servicio de un espacio de ornamentación y de lujo donde exhibir esos objetos mágicos que, gracias a una falla inherente, son capaces de generar el deseo".