Sin duda no es el clásico más leído y ello porque, a pesar de su excelente dominio del idioma español y su incisiva disección de la condición social y espiritual de los españoles, pesa más el tono discursivo y moralizante que el interés que el argumento y sus protagonistas puedan tener.
Alfonso de Valdés, secretario de Carlos V, erasmista -sino luterano encubierto- utiliza las armas que su ingenio le permiten para hacer una dura crítica a la Iglesia Católica y a quienes, sean reyes o siervos, se hacen llamar orgullosamente cristianos cuando precisamente su conducta -por maldad o ignorancia- lo es todo menos cristiana. Valdés, como ya hizo con El Lazarillo, se ceba con toda justicia en el estamento Católico, desde el Papa a los curas. Su conducta de estos, llena de avaricia, egoísmo y vanidad, es totalmente contraria a lo que predica Jesucristo y los apóstoles en el Nuevo Testamento. Para medrar mantienen al vulgo en la mayor de las oscuridades apartando de ellos la Palabra escrita y utilizando a reyes y al pueblo para beneficio propio. Evidentemente necesitaba Valdés de las excepciones de rigor para librarse él mismo de no ser quemado en la hoguera inquisitorial. Entre los príncipes, por tanto, el ejemplo a seguir es su jefe, el rey Carlos (la ironía de describirlo en manera tan positiva, sabiendo el rey y quienes lo conocieran cuan diferente era realmente el hombre, debía servir en sí misma como puya o acicate para que el rey, de verdad, se comportara como cristiano y no solo quisiera aparentarlo). El "malo" de entre los príncipes es su antagonista, el rey de Francia, Francisco.
Carón y Mercurio, otra ironía, siendo figuras pre-cristianas y mitológicas, conocen mejor la doctrina cristiana que las almas a las que interrogan y transportan. El retrato de la sociedad española y europea que se presenta a través de estos diálogos, a veces discursivos, es de un vacío espiritual tremendo, impuesto desde arriba (Trono y Altar) y poco a poco asimilado por las masas del pueblo, que generación tras generación de españoles han ido perfilando ese carácter que tenemos hoy día. Europa era otra cosa. En Europa había esperanza, porque las Escrituras sí podían llegar al pueblo y ser leídas directamente, sin mediadores o falsos intérpretes.
La importancia que tiene el texto es inmensa, y el fondo de la cuestión que se quiere trasnmitir es vital para entender el devenir del carácter español y de nuestra historia. sin embargo no serán muchos los que se atrevan a ahondar en el texto debido a sus semejanzas con una predicación en el desierto, a su carácter discursivo a veces y al tono moralizante de la obra. Será más aprovechado por aquellos lectores interesados en la historia de España o Europa que por lectores que solo buscan pasar el rato leyendo.