En este libro de cuentos, hallamos situaciones tan poco usuales como ahora la de un hombre que se obsesiona con el gallinero de su vecina. También hay un tipo decidido a escribir veinte líneas diarias a toda costa. O la intensa relación que vincula a un profesor solitario y pensativo con una encapuchada que perfecciona el arte de lanzar bombas molotov. Sin olvidar a cierto joven, que carga el coche para irse de vacaciones al sur de Chile.
Con los hilos de la observación, la reflexión y el humor, los ocho textos de Hay un mundo en otra parte trenzan el relato de un presente inusual, que no es otro que este en el que vivimos todos pero que, filtrado por una mirada singular como la de Gonzalo Maier, da la impresión de tratarse de uno levemente diferente, dislocado.
La de Maier es una voz excéntrica e inconfundible dentro de la narrativa chilena contemporánea. Se trata de una escritura que alumbra los detalles de la vida cotidiana para amplíar sus alcances, haciendo de la digresión un arte nuevo.
He pasado por una mala racha de lectura. Cuando coges libros y no puedes avanzar, porque no te gustan o la historia que cuentan no te atrapa. Y en esos vaivenes que causan desánimo en una visita furtiva a la librería de siempre tomé este libro. Son 8 relatos -7 en estricto rigor porque en dos cambia sólo el tópico de la trama, franceses versus rusos- que te pegan a la lectura. Que van desde una cambio de ciudad, el ejercicio de escribir 20 líneas diarias de lo que sea, volver a vivir en un lugar. En base a ello Maier construye relatos entretenidos y que te permiten leerlos con facilidad, agilidad y verdadera concentración. Es un pequeño oasis de lectura para momentos de ocio. Recomendado para todos quieran una lectura ligera para acompañar los minutos del día. Porque quieres leerle hasta su última página.
Qué rico conocer por fin a un autor al que le habías echado el ojo hace tiempo. Maier en este libro es pura digresión, acidez, melancolía y entretención del bueno. El texto sobre el profesor universitario enamorado de la muchacha que tiraba molotovs es una joyita.
“Siempre que miro la carta de una pizzería me siento tentado a pedir la Margarita, que es como se debiera comer una pizza, pero apenas llega el mozo pido algo más elaborado solo para que crea que no soy avaro”.
No hay sentencias, ni escrituras en el bronce. Maier disfruta dejándose llevar, en una deriva, que no es náufraga, sino exploratoria.
“El final de la frase anterior es horrendo porque siempre he defendido las digresiones y el arte de perder el hilo, de irse por la tangente a lugares hermosos, pero sí hay algo todavía mejor es contradecirse”.
Es un libro de relatos cortos, son escenas y momentos cotidianos, que se van mezclando con muchas reflexiones del autor, que escribe con mucho humor. Un par son ejercicios literarios, en 20 x 20 escribe 20 líneas por día y en Cuaderno adversativo todos los párrafos tienen alguna contraposición. Me pareció que el narrador era el mismo en todos los relatos, por eso para mí la lectura funcionó también como una especie de novela desestructurada.
Creo que esta frase del primero cuento resume muy bien el espíritu del libro: «Es raro cómo uno se adapta a las circunstancias. De repente algunas cosas parecen lejanas e imposibles, pero llegado el momento lo extraordinario se esconde en la cotidianidad más pedestre».
No es lo mejor de Maier, pero aún así es muy Maier. Incluso cuando habla de la vida de otro se cuela el narrador (el narrador MAIER, un Maier casi personaje), como si fuese incapaz de alejarse de las otras vidas, o no verse, aunque sea de lejos, involucrado en ellas. Su voz (su mirada) son presencia. Todo es muy personal y nada íntimo a la vez. Como es de esperar, sus cuentos no tienen vuelta de tuerca, pero para el final del libro, el último cuento («Ah, la perestroika») es como una gran vuelta de tuerca a todo el conjunto, y quizá para casi toda su literatura hasta ahora: cuenta la misma historia (apenas la foto de un momento) que en «Ah, la ilustración», muy al comienzo del libro, tan pedestre que ni dudas cabe que fue un momento sacado directamente de su vida, pero lleva una pequeña variación. Esa variación lleva el peso que parece haber esquivado exitosamente en todo lo que escribe, el de la ficción, y quita la certeza que él mismo (¿él mismo?) ha ido sembrando mientras escribe: que es Maier quien escribe cuando escribe Maier.
(Cuento: seis veces escribí su apellido. No me arrepiento. Espero haberlo invocado).
Desde que dejé mi casa para ir a la universidad he vivido en muchos lugares distintos, y eso ha hecho que lleve mi existencia como si estuviera de paso en todas partes, viviendo a la espera del lugar definitivo. Creo que esa es la intención que trató de plasmar Maier en todos los personajes de este libro, pero tal vez estoy equivocado.
Cómo se nota la humildad del que renuncia a aspavientos y a la floritura insulsa. Estos cuentos, condensadísimos, son magistrales. El movimiento, la rutina, la esperanza, Maier reúne las emociones primitivas y las inserta en el S.XXI interpelando a cualquiera que se acerque a sus historias
"Es raro cómo uno se adapta a las circunstancias. De repente algunas cosas parecen lejanas e imposibles, pero llegado el momento lo extraordinario se esconde en la cotidianidad más pedestre. Desde besar a una persona deseada hasta obtener una invitación con todo pagado al Caribe, mil cosas parecen destinadas a otros, remotas, sacadas de revistas extranjeras, sueños en apariencia imposibles que cuando se miran de cerca carecen de cualquier atractivo y uno los recibe con la misma naturalidad con que, por la mañana, se pone los calcetines."
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"Hace semanas, quería decir, tenía las esperanzas puestas en el futuro, pero de repente el presente revela que siempre es más fácil y mejor pasar a otra cosa o enrollarse entre las sábanas."
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"La conoció gracias a una bomba y, tal vez por lo mismo, estaban condenados a terminar explotando. El mundo está lleno de malas comparaciones así que no me echen la culpa."
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"Tuve muchas ideas y muy buenas, pero la adultez terminó con ellas."
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"Durante un año entero estuve enamorado de ella, al borde de la locura, diría, pero hoy la recuerdo sin cariño, sin amor, sin ganas, como el informe del tiempo de hace dos o tres semanas."
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"Iba a decir que la madurez se trata de eso —de dejar que las cosas pasen frente a uno sin inmutarse—, pero de pronto es pasajero y en cualquier momento mis costumbres vuelven a la normalidad."
El chiste de este libro va en la expresión “el pasto es más verde en el jardín del vecino”. Todos los cuentos tratan sobre gente que mira cosas ajenas, sea mirar al vecino o pensar en estar en otro lugar. Digo ‘gente’, pero en realidad los protagonistas podrían ser el mismo individuo en distintas etapas de su vida. Los cuentos son ligeros, casi que carentes de trama, sólo las cavilaciones del narrador. Se podría decir que eso es algo débil y hacer que las narraciones no tengan punto, pero en verdad lo disfruté y me parecieron cómicas, incluso si ninguno de los cuentos tiene lo que podría llamarse un final; sólo paran en donde lo consideran más apropiado. Por cierto, hay dos cuentos que prueban que a veces, unas pocas palabras de diferencia pueden cambiar todo el sentido de la historia. Aunque no puedo evitar sentir un poco que es hacer trampa, ya que hace difícil leer los cuentos como narraciones autocontenidas.
siento que el personaje es el mismo todo el rato en distintos momentos de su vida, una voz que me suena muy deprimida y gris. me gusto lo del cuento final porque cuando uno lee un libro de cuentos algo de ellos se pierde rápido porque son historias cortas, entonces empiezas a leer y no sabes q paso, si te equivocaste y lo leíste mal o si ya lo habías leído en otro lado, divertido. tiene buenos recursos y también aprendí un poco de cine y de arte. gracias a él conocí a chantal ackerman
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Que hay en lo cotidiano que nos permite conectar con extraños y personas inventadas? Disfrute mucho la lectura, hasta me saco risas... Después de todo, también me he visto atrapada en pensamientos y gallineros.
3.5 ⭐ Me costó mucho terminar el libro, las primeras historias logran ser entretenidas pero la última parte del libro se me hizo muy lenta. No es un libro que realmente recomendaría, a pesar de las pocas páginas que tiene se hace muy tediosa la lectura.
"ahora que lo pienso, la obsesión por el fin de la especie - el armagedón, el apocalipsis, el calentamiento global, blablabla - solo responde a un deseo atávico que se podría resumir así: voy a morir, sí, vale, muy bien, pero que se mueran todos."
Los ocho cuentos comparten una mirada particular y algo excéntrica, divertidas digresiones y acertadas dosis de humor. Mi primer contacto con Maier me ha llevado a decidir que no será el último.
No sé, quizá no tenía el día, pero me pareció que no estaba muy bien escrito, que los relatos no llevaban a ninguna parte, y que más bien era simplemente un autor enamorado de su propia voz. Le habría venido bien un poquito más de edición. En fin, quién soy yo para juzgar eso, si escribo peor. Le deseo lo mejor a Maier pero no creo que lo vuelva a leer
Tres estrellitas y porque la primera parte del libro me gustó. Sin embargo, siento que pierde fuerza estrepitosamente y al final solo queda preguntarme qué es lo que me ha transmitido.