Me esperaba otra cosa, la verdad.
Estoy empezando a pensar que soy una sanguinaria. Es decir, una novela de vikingos sin sangre, para mí, es como un verano sin calor. Salvo por un puñado de escenas en las que se describen sucesos violentos y que podemos contar con los dedos de una mano, sobrándonos más de la mitad, no esperéis la beligerancia típica de este tipo de novelas.
Mi Vikingo nos cuenta la historia de Blanca, una joven que trabaja en el departamento de reprografía de una universidad y de Ottar, un vikingo del siglo XIII. ¿Cómo es posible que estos dos personajes coincidan en un mismo tiempo? Pues a través de un salto temporal. Y diréis, ¡guala! ¡una novela con saltos temporales! Sí, pero no os vengáis arriba porque ocurre de la manera más lineal y menos sorpresiva del mundo. ¿Adivináis cómo?
Tampoco esperéis veracidad. Cierto es que la autora explica en su nota inicial que, en otras palabras, los datos históricos y de época no han sido documentados, pero tras leerla me surgen dudas provocadas por incongruencias que no tienen sentido y que con un mínimo de documentación creo que se podían haber evitado.
Eso sí, amor y escenas sexuales vais a encontrar cada tres páginas. Que oye, en una novela romántica/erótica es lo que se espera, pero no es necesario irse al siglo XIII.
Por suerte, la pluma de la autora es ágil, dinámica, sencilla y te invita a leer. Pero no entiendo la necesidad de contar la historia a dos voces en los últimos capítulos teniendo en cuenta que una de estas voces no pertenece a los personajes principales. Eso, me ha descolocado un poco y no entiendo a cuento de qué viene, la verdad.
Siento muchísimo mi reseña. Lo siento por la autora de todo corazón, pero creo que este no es, ni de lejos, si mejor obra porque se nota que hace mafia con las palabras pero no en esta novela.