Fascinante, interesante, diferente y al mismo tiempo familiar... Este libro muestra una perspectiva diferente al proceso de creación y de asimilación del artista y su espectador. No sabía qué esperar de este pequeño libro, el título, en lo personal, fue todo lo que necesité para elegirlo del estante en la librería y debo decir que no creí encontrar una especie de respuesta a una pregunta que a menudo me invade cuando se trata del arte, la creatividad y la "magia" que hace que el momento de creación se desarrolle: "¿Es necesario que un artista sufra o sea atormentado para crear algo de calidad?". En verdad la obra de arte y cualquier expresión artística está concluida solamente con la participación de la audiencia, es a través de este acto de "sublimación" que el artista transmite y el espectador asimila, recibe, se inspira. Al mismo tiempo, el impulso creador del artista responde a una necesidad, a una pulsión de origen sexual que busca escape o expresión, que ha Sido reducida o "sublimada" en una satisfacción enriquecedora para el Yo y valorada socialmente, como lo es una pieza artística.
Mientras que esta respuesta es satisfactoria en sí, pues me ofrece una explicación sobre la motivación artística, que aclara la experiencia de calma que trae consigo la obra terminada; es una que también incluye la perspectiva de quienes observamos la pieza y nos involucra en la simbiosis que representa el arte: nos conocemos a nosotros mismos a través de la interpretación, y el solo hecho de conectarse con una obra y otra no; la capacidad de sublimación con una pieza específica, dice mucho de nuestras propias pulsiones, inclinaciones, represiones y procesos de sublimación. Algo digno de considerar cuando se trata de nuestra relación con el arte y su capacidad para revelar el inconsciente humano.